Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 27
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Capítulo 27

Elara

Ivar aparta mi silla de forma caballerosa.

Vamos a cenar en un lujoso restaurante de Nueva York.

Es muy bonito, la verdad, pero me gusta más al que voy con Joss; y no es porque esté pensando en él o me guste más. Solo es porque en ese sitio puedo ser yo misma y eso es mejor que todo este lujo que me rodea.

Ivar pide la carta.

—¿Te importa si pido por los dos? He venido muchas veces a este lugar y sé cuáles son los mejores platos. Pero si quieres la carta para echar un ojo, te puedo aconsejar. —La gira.

—No, tranquilo. Pide lo que veas.

«Dudo que lo que pida me guste», pienso mientras sonrío.

El camarero se acerca y hablan en francés. No me entero de nada.

Se llevan las cartas y no sé de qué hablar con él. Los silencios son incómodos, a diferencia de con Joss.

«No, mejor deja de pensar en Joss. Solo nos estamos utilizando mutuamente y, aunque el sexo sea increíble, solo es eso: sexo. No puede estar en mi mente cuando no lo tengo cerca. Da miedo pensar lo que eso puede significar.»

Ivar me pregunta por las clases y le hablo sobre estas.

La verdad es que es un chico muy atento y, cuando traen la cena, hace que me sirvan primero. Sus ojos muestran una sonrisa y resulta amena la charla con él. Su forma de ser hace sencillo este momento.

Al acabar, subimos a la azotea para ver la ciudad desde allí.

Se quita su chaqueta para posarla sobre mis hombros desnudos, como un caballero del siglo XIX .

Observamos la ciudad en silencio. Pienso qué decir, para llenarlo y eso me estresa, porque no me da paz.

—No te voy a mentir. —Lo miro interesada—. Sé que ahora mismo hay muchos cambios en tu vida y que Joss es un chico… atractivo, pero todo eso pasará. Cuando pase, tal vez empieces a buscar algo más serio. Pero dudo que sea ahora.

—La verdad es que estoy abrumada con tantos cambios. Joss y yo… Bueno, nos atraemos mucho —admito, siguiendo el plan de fingir que me gusta Joss.

—Ten cuidado, Elara. Su padre solo tiene en mente hacerse con el control total de la empresa y puede que esté usando a Joss para ello.

—Gracias por la aclaración, pero Joss no es como su padre.

—No, tal vez sea peor. Pero no seré yo el que evite que te equivoques. Eres muy joven.

Nos llevamos siete años y, de golpe, a su lado siento que la diferencia de edad es un abismo.

—Siempre puedes contar conmigo como amigo. No tengo una doble intención contigo y en este lugar se necesitan aliados.

Sé que lo dice de corazón.

—Gracias.

Nos quedamos un rato hablando y la verdad es que la charla va bien.

Al dejarme en casa, me quito la ropa y me tiro a la cama. Estoy a punto de dormirme cuando suena mi teléfono.

Lo cojo sin mirar quién es.

—Bonitas fotos con el sin sal. —La voz de Joss me despierta de golpe.

—¿Han subido fotos nuestras?

—¿Qué esperabas? La gente quiere cotilleos y tú eres ahora de lo que más se habla.

—¡Qué ilusión! —ironizo.

—¿Qué tal ha ido?

—No somos amigos y no tendría por qué responder a esa pregunta.

—Sé que es un gran tipo, pero ¿es lo que te gustaría para ti?

—No lo sé. Quién sabe… Cuando esta farsa acabe entre los dos, a lo mejor es un candidato.

—¿Y qué esperas conseguir de esta farsa?

Dudo en silencio varios segundos.

—Quiero estudiar otra carrera, pero no tengo claro cuál. También quiero ver cómo hacerlo sin que mi padre se enfade y me prohíba ver a mi hermana.

—¿Y cómo esperas hacerlo sin mi ayuda?

—Solicitando una beca para estudiar dos carreras a la vez y, bueno, espero que mi padre no se entere hasta que sea tarde. Además, cuanto más tiempo pase aquí, tal vez tendré más posibilidades de convencerlo para que me deje elegir mi camino…

—Eso no pasará, Elara. Tu padre os quiere, pero su negocio es lo primero. Si un día quieres la libertad, tendrás que elegir entre él y tus sueños.

—Es mi padre…

—Lo sé, joder…, porque yo estoy ligado a un padre igual de imbécil. Los dos necesitamos tiempo. Para eso, lo nuestro tiene que ser más creíble.

—Está claro que sí. ¿Qué propones?

—Tengamos una cita en un sitio elegante.

—Yo prefiero comida basura en nuestro lugar favorito.

—Ese antro no es mi lugar favorito.

—Admítelo. —Sonrío.

—Como sea, pero si estamos allí, no nos harán fotos. Hay que estar donde va la gente que queremos que se trague lo nuestro.

—Supongo que el sexo no ha servido de nada.

—Claro que ha servido…, pero no hemos hecho oficial lo nuestro. —Noto en su voz que se pone tenso—. Si después de todo esto yo sigo interesado en ti, la gente pensará que voy en serio.

—¿Tan poco te duran las novias?

—Tras tener sexo con ellas y unas pocas citas, me suelo aburrir.

—Vaya, entonces por eso estás retrasando el acostarnos. Te he pillado.

—Lo nuestro es falso. Solo nos estamos usando. Aunque me aburriera de ti, fingiría que eres la mujer más increíble.

—Eres un bocazas de cuidado, pero tranquilo. No me haces daño. Yo también te estoy usando y se me da muy bien fingir la mayor parte del tiempo que te soporto.

—Los dos sabemos que tus orgasmos no han sido fingidos.

Mi sexo da una sacudida al recordar sus manos y su boca en la parte de mi cuerpo más íntima.

—Bueno, ya que tengo que soportarte…, por lo menos disfrutar un poco.

—Tengo que colgar. Hablamos pronto de nuestra próxima cita.

—Perfecto. Suerte en el partido de mañana.

—Voy a ganar. No tengo rival.

—De verdad, eres don ego, pero lo miro por el lado bueno, ya que no podría enamorarme de alguien como tú. Así que sigue así, machote.

—Mejor. Nos vemos.

Cuelgo y me quedo pensando en su frialdad. Una frialdad que no se nota cuando me besa o me toca.

Cuando lo hace, hay un fuego que nos hace arder hasta quemarnos. Parecemos dos personas diferentes.

Lo bueno es que, por mucho que me haga arder, no me hará enamorarme de él y eso me relaja.