Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

Joss

Elara llega hasta donde estoy y le tiendo los patines que he cogido para ella, tras mirar su número de pie en sus deportivas.

Se los pone mientras yo hago lo mismo con los míos.

Entramos a la pista de hielo.

No comento nada, porque no sé qué decir.

He tenido que correrme en otra ducha, como un puto adolescente, porque, del calentón, no me podía mover. Me vuelve loco y podría haber dejado que se corriera, pero me gusta ver como se sonroja cuando la toco, cuando no le doy lo que le gusta.

Ya que tenemos que jugar, quiero hacerlo a mi modo.

La toco para sujetarla y tiembla. Su cuerpo sigue ardiendo; quiere que le dé lo que desea y lo haré.

—Vamos, no puedes ser tan mala —comento cuando la dejo sola, pero la agarro rápido, porque casi se mata—. Al parecer, sí…

—Seth no era el mejor entrenador del mundo. No tiene paciencia.

La pregunta de quién es Seth se queda atascada en mi garganta.

—No me importa —digo a mi vez y le indico qué hacer—. Solo no te sueltes de mí.

Acepta y patinamos.

Casi se cae tres veces.

La sujeto, se sonroja y eso me recuerda su cuerpo desnudo bajo las gotas de agua y mi lengua entre sus piernas… ¡Joder!

—Vamos…

—¿Tan malo sería ser amigos?

Lo pienso un segundo y noto como el corazón me late de forma diferente. Reprimo las emociones, como llevo haciendo años, y me endurezco.

—No quiero ser tu amigo. —Mi voz es más dura de lo que pretendía, pero no pido perdón.

Esto no es por ella. Es por mí. No quiero sentir nada por nadie más. Es todo más fácil cuando las emociones no te ahogan.

—O sea, puedes meterme la lengua hasta el fondo, pero no ser amigos. Lo pillo.

—No lo entiendes, Elara. No saldría bien. Ni ser novios ni ser amigos. Aquí no hay alianzas que no sean de trabajo. Todo lo demás es falso. Y si es real, acabará destruido.

—¿Eso te pasó con Everly?

—Pues sí. Creíamos que nada rompería nuestra amistad y llevamos tres años sin hablarnos. Así que no. No quiero ser tu amigo. Ya sé lo que puedo y no conseguir de una Rivera.

—Vale, no insistiré más hasta que tú me lo supliques, porque eres incapaz de vivir sin mí —bromea, a pesar de todo, y no entiendo como puede hacerlo posible.

No comprendo como no puede ver un mundo gris lleno de matices, cuando ha pasado por tanto—, pero, como me dejes de lado para comer comida basura en tu casa, no te hablo en la vida. —Sonrío sin poder evitarlo.

Patinamos juntos. Nunca he ayudado a nadie a patinar.

Su hermana odiaba la humedad. Decía que le estropeaba el pelo, pero a Elara le da igual. Cada vez lo hace mejor y la dejo sola, patinando como un pato hasta la barandilla, y casi se cae. Pienso que se va a enfadar, pero cuando me mira está feliz.

—¡Lo he conseguido! He patinado.

—A eso no se le puede llamar patinar —reprocho.

—Vamos, otra vez. Ya verás cuando se lo cuente a Seth. Le va a joder que haya alguien mejor que él.

Se nota que lo quiere y eso me molesta. Por eso voy hasta ella para besarla.

Nos besamos sobre el hielo. La sujeto para que no se caiga y patinamos juntos sin dejar de besarnos hasta el banquillo que estaba cerca.

Entramos en él y meto mi mano dentro de sus vaqueros. No lleva ropa interior y eso me enciende.

—¿Alguien puede vernos?

No hay nadie, pero si le digo la verdad, tal vez se detenga, porque no deberíamos desearnos si no es para fingir.

—Puede ser —miento y meto mis dedos dentro.

Está muy mojada y estrecha.

La acorralo contra la cristalera mientras mis dedos entran y salen de su cuerpo. Mi polla golpea con fuerza en mis pantalones. Quiero follarla contra la pared con ímpetu, pero, si lo hago…, tal vez todo se acabe.

He salido con suficientes mujeres para saber que, cuando consiguen eso, todo se acaba. Soy una conquista fácil. Guapo, rico y dispuesto. ¿Para qué seguir fingiendo tras la primera vez?

Aparto ese pensamiento de mi mente y meto tres dedos en su apretada y estrecha vagina.

Tiembla y gime en mi boca.

Acaricio con el pulgar su clítoris y hago círculos sobre él sin dejar de besarla.

—Vamos, córrete. Lo estás deseando. —Lamo su boca y luego aumento las embestidas hasta que se deja ir entre mis dedos.

Muerdo su labio y la beso para tragarme el último de sus jadeos de placer.

Nos quedamos quietos. Sin decir nada. El tiempo pasa mientras nosotros lo hemos detenido por un segundo… y eso asusta.

* * *

—Muy bueno el numerito del vestuario. —Mi padre me llama cuando llegamos al hotel, al día siguiente, para jugar contra el equipo de la Universidad de Richmond,

Subieron un vídeo donde se ve como nos besamos y luego nos perdemos en la ducha. No se ve nada más, pero había emoticonos haciendo referencia a que se subía la temperatura.

Al parecer, esto aplaca un poco las dudas.

—¿Algo más? Te dije que lo tenía todo controlado.

—El capullo de Rivera no se ha creído el numerito.

Dice que hasta que Elara no sea tu novia, no piensa celebrar nada.

Te toca hacerlo más formal. Hoy tiene una cita con Ivar y ese tío es tan bueno, que seguro que sabe cómo conquistarla.

Usa algo más que la boca para atraparla. O si no, ya sabes lo que perderás.

Cuelgo y tiro el móvil a la cama.

Mi padre quiere un anillo en el dedo de Elara y una alianza fuerte con su padre. Un compromiso de que, pase lo que pase, iremos adelante.

Ya pasó con Everly.

Éramos dos putos adolescentes, pero les daba igual. Solo querían un matrimonio concertado, como diera lugar, al acabar la universidad. Firmamos un preacuerdo con esa edad.

No pienso pasar por eso.

No pienso firmar nada y no pienso ceder, pero tampoco voy a perder a Elara. Quiero creer que el alma libre de Elara se aburrirá como una ostra con el bueno de Ivar en esa cita; y que Ivar es tan decente que nunca la forzaría a tener nada con él.

Es la misma chica que ha tenido sexo conmigo sabiendo que nos podían ver. Alguien así… no se conforma con el chico bueno del cuento. A ella le van los capullos como yo.

Esto solo acaba de empezar, por lo que mi padre puede meterse sus amenazas por donde le quepan.

Esta chica es de las que prefieren al lobo.