Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 25
51%

Capítulo 25

Elara

Como ya sospechábamos, algunos no se creen lo mío con Joss.

Joss dice que lo tiene todo controlado y me ha indicado que vaya esta tarde a verlo a los vestuarios, después de los entrenamientos.

Es como si alguien se estuviera esforzando mucho en hacer circular esos rumores. No tiene sentido, pero como soy nueva en este mundillo, tal vez sea así. Se casan por contratos y sin embargo piden más de nosotros. ¡Atajo de hipócritas!

Joss tiene partido fuera y hoy es jueves. Mañana se irá de viaje para el partido y yo estaré en una cita con Ivar.

Mi padre no quiere cambiar de idea. Dice que solo voy a cenar con quien puede ser un buen amigo; como si no supiera lo que está haciendo.

Lia flipó con lo que le conté de Joss, ya que no se esperaba que llegara tan lejos.

—Ten cuidado. Él no puede ser tu puerto seguro.

—Lo sé. Solo nos estamos usando mutuamente. Si todo sale bien y se creen lo nuestro, podré tener a mi padre contento y presentar los papeles para estudiar dos carreras a la vez el año próximo.

—Pues a comerle la boca a ese buenorro…, pero sin enamorarte.

—Lo tengo controlado. Joss es insoportable.

En cuanto lo dije, sentí que mentía. Estar a su lado no está tan mal.

No, solo fingimos que nos soportamos mientras escapamos del mundo. Solo eso.

Termino las primeras clases y entro a la cafetería a por un café con algo dulce. Por suerte, a mi padre nadie le informa de qué como o qué no aquí. Estoy a punto de pagar cuando me meto de lleno en una conversación.

—Faltan dos dólares.

—¿No eran seis?

—No, hemos subido los precios.

La joven, que parece de mi edad, rebusca en su cartera.

Saco el dinero y lo dejo en la barra.

—Cóbrate. —La camarera se marcha con el dinero.

—No necesito tu limosna.

—No es limosna…

—Tampoco quiero nada de tu padre.

—Ese dinero es mío. Mi padre se muere del susto si sabe que uso su dinero para un cruasán de chocolate. —Le tiendo la mano—. Elara.

—Sé quién eres. Todos lo sabemos… Gracias.

—De nada.

—Te lo devolveré.

—Puedes invitarme a algo la próxima vez.

Duda, pero asiente. La veo irse al fondo de la sala para comer.

Algunas la miran como si tuviera la peste. Entiendo que es una becada.

Ya llevo lo suficiente aquí para saber que hay dos bandos: el de los niños de papá y el de los becados.

Yo salgo al jardín para comer y, cuando empieza a llover, no entro. Me quedo un rato notando la lluvia caer sobre mí.

Entro en la universidad y Joss me lanza una camiseta de las suyas.

—Si vas a empaparte de nuevo, mejor tener ropa de repuesto —comenta y luego me recuerda que debemos fingir que nos gustamos. Hay varias personas mirando.

Se acerca y alzo la cabeza para poder sostenerle la mirada.

Pasa sus dedos por las gotas de lluvia atrapadas en mis mejillas y en mis labios. Mi respiración se agita de forma real. Sobre todo, cuando se acerca y lame mi labio con su lengua antes de morderlo.

—La lluvia te sienta bien. Nos vemos luego en el entrenamiento.

Cojo la camiseta y se marcha.

Voy hasta el servicio y me cambio mi camiseta mojada. Por suerte, los vaqueros no lo estaban tanto.

Acabo las clases y voy a mi casa con el chófer, cómo no.

Al entrar, me llama Lia, mientras pienso qué comer que no me dé arcadas por la falta de todo.

—No me extraña que te derritas con sus dedos. Joder…, pedazo beso.

—¿Dónde lo has visto?

—En la web de pijolandia. Han subido un vídeo vuestro a redes, donde pone: «¿Y si es verdad?». Bueno, parece que el beso ha gustado.

Cojo el portátil para verlo y pulso el vídeo.

Cuesta pensar que esa chica, que parece sexi y segura de sí misma, sea yo. Nunca imaginé que todos los palos que he sufrido en mi vida me prepararían para esto. Superarlos me hizo fuerte.

—Ni se nota que eres virgen —dice mi amiga.

—Mejor, porque no creo que Joss siguiera adelante si lo supiera.

—¿Tiene conciencia?

—Él jurará que no, pero yo siento que sí.

—Entonces, mejor estate calladita y disfruta del dios griego. De paso, que te empotre con fuerza y así coges práctica para los siguientes.

—¿Crees que mi padre me dejará elegir?

—Espero que sí. No te ha criado él y el trato era estudiar en la universidad. Luego harías tu vida, ¿no?

—Ya no lo sé. Mañana tengo la cita con Ivar.

—Métele mano si es solo la mitad de bueno que Joss.

—¡No pienso hacer eso!

—Lo sé —escucho a Seth de fondo.

—Dice Seth que juega allí en dos semanas. Que lo lleves de fiesta.

—Preguntaré dónde van tras el partido y vamos.

Se lo dice, o, mejor dicho, se lo grita.

Seth vive en una buhardilla sobre el garaje de sus padres con entrada privada y, si está en la casa, es para molestar a Lia o para coger comida.

Cuelgo y pienso qué comer.

Al final, pillo fruta, porque es lo más dulce que tengo en toda la casa.

Estudio y hago apuntes mientras como la fruta. Miro el móvil y pongo de nuevo el vídeo del beso. En mis ojos no hay mentiras, lo sé. Duele, pero ahí está la verdad; la verdad de que, como no tenga cuidado, saldré lastimada. O no.

Si sé que solo es un juego con punto final, disfrutaré de esto, y luego… seguiré con mi vida sin él.

* * *

Voy a ver a Joss entrenar y, aunque me he traído el lector digital, acabo por ver casi todo el entrenamiento. Hay algo sexi en su forma agresiva de patinar.

Al acabar, me hace señas como si hubiera olvidado que tenemos que seguir con el plan.

Espero un tiempo prudente y, cuando creo que la mayoría se han ido, entro a buscarlo.

Ando hasta el fondo y lo veo sentado sin camiseta. Solo lleva los pantalones de entrenamiento.

Voy hasta él y me pongo entre sus piernas. Enredo mis manos en su pelo y tiro de su cabeza hacia atrás. Luego lamo desde su barbilla hasta su boca. Voy hasta su oído.

—Nos están grabando —le digo, sin mirar hacia la zona donde sus compañeros buscan contenido para redes.

Su mirada verde se agudiza y pone sus manos en mis glúteos. Busca mi boca y me besa con posesividad, hasta que acabamos jadeando. Luego, se levanta y me alza para que enrede mis piernas entre las suyas.

—Necesito una ducha —dice lo suficientemente alto para que nos escuchen.

Entramos en una de las duchas que hay libres, para los que quieren dársela en solitario, y cierra la puerta.

Solo se nos ven los pies desde fuera. Aunque se puede intuir lo que pasa dentro, por el cristal semiopaco.

Tira de mi camiseta y de mi sujetador. Sonríe al verme medio desnuda. Luego, mete las manos en mi pantalón y tras desabrocharlo lo baja, con mis braguitas incluidas.

—Tienes demasiada ropa. —Tiro de su pantalón.

—No importa. —Me besa de nuevo, al tiempo que pone la ducha en marcha. El agua nos cae fría y grito—. Eso quiero. —Muerde mi cuello—. Que grites.

—Soy la mejor actriz del mundo —le susurro al oído.

—Se nos da muy bien fingir —murmura pasando los dedos por mis pezones duros—. Muy bien…

Pasa su lengua por mis pezones, mojados por el agua que ya está caliente.

El agua nos cae, pero no en cascada. Ha bajado la intensidad para que la sienta sobre mi cuerpo como una fina lluvia. Noto como cae y se pierde entre mis piernas.

Se arrodilla ante mí y pasa mi pierna por encima de su hombro. Toca mi sexo expuesto y tiemblo por esto.

—Nunca una mentira pareció tan real —murmura viendo como mi cuerpo reacciona a él.

No digo nada, porque es cierto.

Toca mi sexo mojado, y no solo por la ducha.

Echo la cabeza hacia atrás un segundo, excitada con su contacto y sus ojos verdes devorando la parte más íntima de mi cuerpo. Es por eso por lo que, cuando pasa su lengua por mi sexo, no lo esperaba.

—¡Joder! —Grito temblando.

Joss lo repite y noto su lengua recorrerme entera.

Los jadeos y gemidos se escapan de mi boca. Pongo mis manos en su cabeza y tiro de su pelo rubio mojado mientras adentra su lengua en mi sexo todo lo que puede.

—Joss… —digo, perdida en lo que me hace sentir.

Abre mi sexo con sus dedos y pasa la lengua por mi clítoris antes de hacer círculos en él, para a continuación meterlo en su boca y succionarlo.

Mete un par de dedos dentro mientras su lengua me devora.

—Tócate para mí —me pide y lo hago, como tantas otras veces en que el placer no llegaba, pero los malos recuerdos sí.

Tiro de mis pezones y masajeo mis pechos.

Me mira y me disfruto para él. Es como si necesitara que se excitara.

Tiro de él y besa mi boca, con mi sabor en sus labios. Paso mi lengua por sus labios, excitada por algo tan íntimo.

—No voy a dejar que te corras.

—¿Cómo?

—Solo es un juego. —Tiro de su pelo—. Me gusta que seas dura conmigo. —Agarra mi cabello con una mano—. Confía en mí. Así luego el orgasmo será mejor.

—¿Cuándo?

—Luego.

—Puedo correrme sola.

—Puedes. Hazlo.

—Nunca debí hacer un trato con el diablo. —Sonríe y me muerdo la boca.

—Nunca.

Me besa de nuevo y meto mi mano en su pantalón hasta cogerle la polla.

Gruñe y muevo mi mano de arriba abajo. No es la primera vez que lo hago, pero sí la primera que lo disfruto.

Toco su glande y esparzo el líquido preseminal por su prepucio.

Se queda tenso y aprovecho para arrodillarme a sus pies.

Esa era mi idea, pero tira de mí hacia arriba.

—No, te verían y no quiero que nadie lo haga —dice, y es raro en alguien a quien le excita ser observado.

Nos besamos de nuevo y tiro de su ropa.

Se quita la ropa y abre mis piernas.

Enredo mis piernas en su cintura, lo que hace que su duro miembro se restriegue contra mi sexo.

Noto como mis pliegues se abren a él.

Gimo con fuerza en su boca mientras se mueve contra mí, como si me follara.

Lo quiero dentro de mí y por eso, cuando se queda en la puerta de mi vagina, le suplico.

—No aquí. Ahora no.

—A ver ahora cómo sales de aquí con este calentón.

—Hay hielo cerca. Puedo tirarme a la pista. —Se mueve de forma que casi entra.

—Joss…

—No… ¿Sabes patinar?

—No.

Me besa de nuevo y se mueve hasta que casi me corro.

—Espérame en la pista. —Sale desnudo y me deja una toalla en la puerta.

No me puedo creer que de nuevo me haya dejado a medias. ¡Lo odio!

«Mentira. Mentira cochina.»

Tras la ducha, salgo y veo mi ropa doblada junto a una camiseta de Joss. Porque sé que es mentira, pero parece que le gusta verme con su ropa puesta. Es como si fuéramos novios de verdad…

No, solo es alguien que me está ayudando y que, además, me está echando una mano con mi miedo ante el sexo… Pero él no lo sabe.