Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

Joss

Entro en la ducha tras quitarme la ropa.

Acabo de dejar a Elara en su casa.

No hemos dicho nada tras lo que ha pasado.

Se sentó en su asiento y se abrochó la camisa mientras yo ponía el coche en marcha, sin querer ahondar mucho en todo.

No me gusta abrazar a nadie, pero sentí que ella necesitaba que la sujetara y me quedé ahí, con un calentón de la hostia, viendo como se relajaba entre mis brazos.

No pude dejar que se corriera delante de todos porque me molestó que ellos fueran testigos de ese momento. Claro que ahora están diciendo que se nota que todo es una farsa. Ya pensaré qué hacer.

Cuando fui al jardín para buscarla, la vi salir del agua como si fuera una jodida ninfa.

Más de uno observaba sus curvas.

Tiene un cuerpo perfecto, de esos donde te gusta perderte una y otra vez.

A Elara no le preocupan las dietas y eso se nota. Su cuerpo es tentador. Demasiado para mi paz mental.

La tuve que sacar de allí porque, si no, dudaba de que fuera incapaz de llevarla de nuevo a ese lugar oscuro y hacerla gemir bien fuerte.

Aún recuerdo su cuerpo temblando sobre mí.

Cojo mi polla con fuerza y muevo mi mano arriba y abajo, recordando su cuerpo moviéndose contra mí. La camisa abierta y sus pezones duros en mi boca.

Cuando se corrió, noté como su vagina latía en torno a mis dedos.

Fingimos que es mentira lo que hay entre los dos, pero es lo más real que tal vez hemos vivido en mucho tiempo ambos. Lo noté en su forma de mirarme, como si no se creyera lo que había pasado.

No besar su boca fue complicado. Quería besarla en el rellano de nuestras casas y adentrarme en ella hasta que gritara mi nombre.

Noto como el orgasmo se anida en mi sexo y muevo más fuerte mi mano, hasta que me corro pensando en ella. Apoyo mi frente en la fría pared de la ducha mientras el agua cae por mi cuerpo.

* * *

—Se rumorea que todo es una farsa —me dice mi padre nada más sentarme a la mesa para comer con ellos, como cada domingo.

—¿Y eso por qué?

—No te hagas el tonto. Con ella eres diferente…

—Tal vez porque me importe más que el resto. —Cojo el pan, tranquilo.

—Entonces, eres más idiota de lo que pensaba. Nadie se enamora de una Rivera. Si lo haces, estarás perdido. El control lo debes tener tú. La que se tiene que enamorar de ti es ella. No lo olvides.

—No lo olvido, y, tranquilo. Elara y yo estamos bien.

—Como lo estabas con Everly y todo se fue a la mierda. Más te vale no cagarla esta vez o haré que te expulsen del equipo de hockey —me amenaza mi padre y sé que puede hacerlo. Es amigo del rector y, además, da mucho dinero a la universidad.

—No la pienso cagar. Sé lo que hago.

Sigo con la comida el tiempo justo para poder largarme.

Mi padre, cómo no, habla de negocios, como si no me importara una mierda todo su mundo. Le sigo el rollo porque, a pesar de todo, no se me dan mal y eso le gusta. Le gusta ver que seré un gran director ejecutivo el día de mañana.

Se me revuelven las tripas con esa mirada en la que leo que nunca le importó lo que quisiera ser yo en la vida.

* * *

Casi a la hora de la cena llaman a mi puerta.

Voy a abrir y veo a Elara con ropa cómoda y una sonrisilla traviesa.

—¿Qué me he perdido?

—He pedido una pizza a tu nombre, de nada. Así te ahorro la cena.

Entra en mi piso como si fuera la dueña y se sienta en el sofá con uno de los libros que estaba revisando de la universidad.

Al hacerlo, ve el que le quité y lo abre para leer mis notas.

—Claro que sé que son imposibles siete polvos en una noche. —Se ríe tras leer lo que he puesto en el margen—. Pero, como lectora, me da igual. La gente lee sobre invasiones de marcianos y tampoco pasan. Yo puedo leer sobre un tío buenorro que no se cansa.

—Pero eso hace que desees eso en tu vida.

—Ya, claro, y entonces, ¿alguien que lee un thriller quiere que lo descuarticen? Pues no. Solo somos otra persona diferente mientras leemos. Ya te lo dije: tienes memoria de pez.

Lee varias más y se sonroja. Muerde su boca y aparto la mirada para no besarla.

«Joder… Desde que entró, no paro de desear besarla y adentrarme en ella con fuerza. No lo hago porque, por hoy, no tenemos que fingir.»

—Te pone atar mientras la follas. Curioso.

—¿Y a ti?

—A mí no me importa que me aten mientras me desaten luego. —Sonríe y deja el libro—. Se rumorea en la web de ricachones que no somos más que una farsa. ¿Todo porque no me corrí en ese lugar? —Asiento—. Ah…, pues qué famita tienes.

—No lo sabes tú bien.

—¿Lo hacías con tus novias?

—Sí, y con mis líos. Me pone que me miren.

—Ah…, pero ayer no nos miró nadie.

—No. Ya pensaré algo para que esta farsa no se desmorone. Mi padre…

—¿Qué? Vamos, no te calles ahora.

—Nada, solo me ha recordado que puede sacarme del equipo si esto no funciona.

—Mi padre me llamó para decirme que tengo una cita con Ivar. O no le gustas como yerno o quiere que tenga un repuesto por si esto falla. La verdad es que algo no me cuadra. Si pocos se casan por amor, debería bastarles con que estuviéramos juntos.

—Creo que nuestros padres quieren asegurarse de que no pase como con Everly y presionarnos para que uno de los dos se pille del otro.

—Eso no pasará —lo afirma tan claro que casi le pregunto cómo puede estar tan segura.

Tocan al timbre y evitan que pregunte algo que no me importa.

Voy a por la propina antes de recoger la pizza.

Me la tienden y, cuando regreso, Elara trae platos y vasos de la cocina.

Abro la caja de la pizza, que tiene de todo.

—Me quieres matar por carbohidratos.

—Siempre puedes no comer y verme devorarla —y cuando lo dice, mi polla da una sacudida.

«Joder…, esta mujer es peligrosa.»

—No, mañana tengo un día duro de entrenamiento. Puedo saltarme la dieta.

Nos sentamos juntos a degustar la pizza. Aparto la piña, porque ya me parece demasiado.

Elara se ríe cuando lo hago.

—La pizza mejor sin piña.

—Es la favorita de Seth. —Noto nostalgia en su voz.

—Echas de menos tu casa.

—No, la verdad es que no. —Se tensa y muerde la pizza.

Siento la tentación de querer saber más de ella, pero eso haría más real este juego y no quiero cruzar esa línea. Por eso, me quedo callado y disfruto de la pizza, que, sorprendentemente, está buena.

Pongo una serie que estoy viendo en Netflix y me comenta que ya la vio con su amiga Lia y que es muy buena.

Tras eso, no decimos nada más mientras cenamos y vemos la serie.

Odio los spoilers y por eso agradezco que no me adelante nada.

Al acabar, recojo y saco helado de chocolate. Lo dejo en medio de los dos y metemos la cuchara para degustar el dulce. No la miro, porque, si lo hago, sé que mi boca acabará sobre la de ella. Soy muy consciente de ella, pero ahora somos dos extraños que no fingen ser nada más que eso.

—¿Qué te ha parecido? —Asimilo el final del capítulo sin entender qué cojones acaba de pasar. Lo he parado para entender qué he visto. Se ríe—. Yo me quedé igual. Vamos, dale al siguiente.

Lo hago y acabamos la tarrina de helado.

Elara no hace por irse y yo tampoco le pido que me deje solo. Estar a su lado no me inquieta. En verdad, con ella nunca me he sentido nervioso.

Se gira y me sonríe cuando matan a uno de los malos que no esperábamos que fuera el malo. Muerde su boca y noto una sacudida.

—Es tarde. Es mejor…

—Sí, mañana tengo un día duro en la cárcel… Ah, no, es que solo estoy rodeada de idiotas. —Sonrío—. Podría ser peor… —se dice a sí misma y tenso la mandíbula por las ganas que tengo de preguntarle por qué—. Buenas noches, Joss. Eres el mejor novio falso que he tenido nunca.

—Tú tampoco estás mal.

Sale y va hasta su casa tarareando la canción de la serie. Elara es mucho más de lo que se ve. Lo sé y por eso no ahondo en ella, porque si lo hago, todo será una putada cuando el juego termine.