Capítulo 21
Elara
Llego con mi padre y Mónica a la fiesta a la que nos han invitado por la inauguración de un nuevo restaurante.
Nos hacen fotos juntos y sonrío, fingiendo que soy muy feliz.
Entramos y evito de nuevo la comida. Mi padre, que va de alguien que odia todo lo que engorda y me obliga a comer a escondidas, no para de coger canapés. Mónica, igual.
Yo solo cojo una copa de champán, que temo se me suba pronto a la cabeza, pues apenas he comido hoy, por estar preparándome con Mónica para el evento. Tengo el pelo tan tirante que me duele la cabeza.
Miro la sala y siento a Joss antes de que nuestros ojos se encuentren. Está entrando al evento al lado de sus padres.
Al verme, sonríe como si recordara lo que compartimos ayer en el vestuario.
Habría dejado que me hiciera todo lo que quisiera.
Mi cuerpo era mantequilla entre sus brazos y me moría por que no parara.
Casi le supliqué que no parara. Casi, pero por suerte recordé que todo es falso y me fui como si nada.
Como si su boca no me hubiera dejado temblando y como si mis pechos no pesaran ansiando sus caricias.
Llegué a mi casa y me di una ducha para bajar el calentón. Estuve muy tentada de meter la mano entre mis piernas y acariciarme, como me hubiera gustado que lo hiciera Joss.
No lo hice porque, de hacerlo, tendría que haber asumido que Joss me atrae más de lo que quiero creer.
He salido con otros chicos, me he liado con ellos, pero nunca ni uno solo me hizo arder así. Lo que llevó a que no siguiera con las citas, porque me forzaba a sentir cosas que nunca llegaban.
Pero con Joss… no tengo que forzar nada, a pesar de que me repito que estoy fingiendo.
He fingido más cuando creía que alguien me gustaba que estando al lado de Joss, a quien juro que no me interesa.
Cuando la familia King se acerca, Joss se pone a mi lado y pone su mano en mi espalda. La sube por mi columna desnuda y noto como tiemblo. Mi piel arde por su contacto y sé que lo sabe. Luego, la baja hasta la curva de mi trasero y la deja ahí.
—Me gusta este vestido sin sujetador —susurra en mi oído.
—Las mujeres llevamos poca ropa, para toda la que lleváis vosotros.
Sonríe y asiente.
—Si quieres me la quito luego para ti.
—Ya he visto suficiente —murmuro.
—Vamos a dar una vuelta por la sala —lo dice alto y me tiende un brazo.
Nuestros padres nos miran felices porque la unión cada vez sea más fuerte.
Tomo aire y acepto cogerme de su brazo, con una dulce y fingida sonrisa.
Paseamos por la sala y muchas personas nos miran curiosas. Cuando llegamos junto a sus amigos, le aprieto el brazo, pero no hace nada por que nos vayamos.
—Vaya, parece que vais en serio —dice una de las acelgas. Ni sé cómo se llama.
—Eso parece —respondo.
—No me lo creo del todo. A menos que esta noche te veamos en la fiesta… Joss siempre lleva a sus ligues a ella. Le gusta que la gente note cuánto le importa.
Miro a Joss, que solo sonríe a mi lado, de una forma que me da escalofríos.
—No nos la perderíamos por nada del mundo —indico por Joss.
Su amiga lo mira para que lo confirme.
—Ya la has escuchado —señala.
Nos quedamos un rato con ellos hasta que regresamos con nuestros padres. A su lado hay un matrimonio con un joven de más o menos la edad de Joss.
—Hija, ven que te presente a la familia Green.
Joss me suelta reticente y se marcha para beber algo.
Mi padre me presenta a los tres y luego se marchan. Me dejan con el hijo, de forma poco sutil.
—Vaya, no esperaba que se fueran así —comenta Ivar, que así es como se llama el más joven de los Green. Es moreno y un poco más bajo que Joss.
—Parece que tenían hambre. —Observo a mi padre coger una de las bandejas para degustar los aperitivos.
—Sí, la comida está muy buena aquí. ¿Quieres que coja algo para comer?
—No quiere nada. Nos vamos ya —responde Joss, que se acerca a nosotros con cara de pocos amigos.
—Claro, cómo no. A ver cuánto te dura esta señorita Rivera antes de que salga espantada por tu forma de ser. —Ivar coge mi mano y deja un beso en ella—. Me encantará volver a verte. A mí no me dan miedo los chulitos.
—A mí tampoco —indico desafiante.
Se marcha y sigo a Joss fuera de aquí cuando coge mi mano, dando por finalizada la velada. Parece tenso, nervioso y agitado.
—¿Tampoco te llevas bien con él?
—Es un buen tío y por eso mismo no lo soporto.
—Eso tiene gracia. —Nos traen su coche y montamos en él—. ¿Por qué siento como si conquistarme fuera un juego de tronos? Parece sacado de la famosa serie.
—Eres la hija del hombre más rico de Nueva York. Quien sea tu pareja acabará con muchas influencias y dinero.
—Ya, hasta ahí había llegado sola, pero se supone que tú y yo estamos juntos…
—La gente no se lo cree porque se corrió el rumor de que lo mío con tu hermana era falso.
En público no nos dábamos besos…, ya te lo dije.
—Me remuevo incómoda en el asiento. A veces me olvido de que es el exnovio de Everly, por muy falsa que fuera su relación—.
Era falso, pero nadie lo sabía. Nadie debió dudar.
Aunque, si hubiéramos seguido juntos, poco habría importado si era falso o no.
—Que diga esto me hace preguntarme por qué nosotros hemos subido el nivel, pero lo dejo pasar—.
Por eso, esta vez tenemos que ir más lejos si queremos ganar tiempo.
—Y para eso tengo que ir a la fiesta de tus amigos, ¿no?
—Sí, pero antes a comer algo. Te necesito fuerte esta noche.
—¿Acaso tu plan es follar como locos delante de todos? —No responde y noto como mi sexo da una sacudida—. ¿Joss?
—Cuando folle contigo, no tendré testigos.
—Das por hecho que eso pasará.
—Pasará. La gente sabe cuándo dos personas fingen que no se han acostado. Solo te estoy dando tiempo.
—¿A qué? —pregunto casi sin voz.
—A que aceptes esto o te vayas con otro postor.
—Pero entonces tú saldrías perdiendo.
—Sí, pero no soy tan capullo como para forzarte a nada. Esta noche solo voy a marcarte… y el resto ya llegará. ¿Te devuelvo a la fiesta? Don perfecto seguro que quiere que llegues virgen a la boda.
Me recorre un escalofrío.
—¿Y dónde entra en todo esto el amor?
—Nadie se casa por amor aquí. Tu padre te buscará un sustituto si no sigues a mi lado.
—¿Y a ti?
Aprieta las manos al volante.
—Lo mismo. Me dio de plazo hasta acabar la universidad para buscarme una mujer a mi altura.
—Somos muy jóvenes…
—Eso les da igual. Solo quieren alianzas fuertes. Tu padre se casó con tu madre por vosotras y no volverá a dejar nada al azar.
Detiene el coche y se quita la chaqueta y la pajarita antes de bajar.
Lo sigo y vamos al mismo lugar de la otra vez. Nos sentamos en la misma mesa, pero esta vez no pido tanta comida.
Estoy algo nerviosa por lo de esta noche. No tengo tanta experiencia en esto como Joss. No somos amigos, pero me dice la verdad. Va de cara y sin dobleces, me guste o no. A su lado me siento segura, mientras todo mi mundo se desmorona.
Tras pedir, miramos la calle sin decir nada. Cada uno está perdido en sus pensamientos. Esos a los que no ponemos voz porque duelen.
Es en estos momentos donde el silencio se entrelaza entre nosotros cuando me siento más cerca de él que nunca.
—No voy a echarme atrás —le digo y me mira.
—Deberías.
—Lo sé, pero me asustan más los planes de mi padre que besarte de nuevo.
—Si crees que solo voy a besarte esta noche, mejor sal corriendo.
Noto como mi sexo da una sacudida.
—Estamos en esto juntos.
—Estás más loca de lo que creía.
Nos traen lo que hemos pedido.
—Lo voy a hacer. Eres la única persona con la que puedo comer de todo hasta hincharme. Besarte es un precio pequeño por este placer calórico.
Cojo una patata y la disfruto. Gimo de placer, por el hambre que tengo y lo buena que está la cena.
Este establecimiento se está convirtiendo en mi lugar favorito y Joss en mi oscuro refugio, del que espero un día poder salir sin que eso me lastime.
«Lo tengo todo controlado», me digo, perdida en sus ojos verdes, sintiendo como mi corazón no late del mismo modo cuando lo tengo cerca.