Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 17
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Capítulo 17

Elara

Mi padre ha sido rápido en reservar el ático que hay frente al de Joss y preparar todo para que esté listo la noche antes de ir a la universidad.

Entro en él y siento un poco de libertad. Aunque me ha puesto un chófer a mi disposición, para que esté cerca y lo llame si quiero ir a algún sitio. No quiere que use los transportes públicos, a menos que vaya con Joss.

No he vuelto a ver a Joss desde que me dejó en mi casa y propuso esto.

Mejor, porque no sé cómo lidiar con él, pero si quiero hacer algo más que ir a la universidad necesito su ayuda, porque el «chófer» estará siempre cerca de mí, por si lo requiero. Vamos, que mi padre me va a controlar con él.

Lo que me duele es que todo sea por imagen, porque si le hubiera importado, cuando supo lo que pasó hace años habría luchado por mí, pero solo habló con mi madre y me dijo que todo estaba arreglado.

¡Y una mierda! Nada estaba arreglado, pero era el problema de ella… ¡Qué engañada estaba!

Por fin se marchan los de la mudanza y me quedo sola en mi casa.

Mi padre ha comprado comida para que no me falte de nada, pero solo con ver lo que ha preparado siento ganas de vomitar.

Lo meto todo en bolsas para llevarlo a un centro de ayuda. No quiero tirar comida, pero si sigo comiendo estos alimentos tan sosos y sin gracia, creo que voy a entrar en depresión.

Saco el móvil y busco algo de pedir a domicilio.

Al poco, me avisa el conserje del edificio que la pizza ha llegado y que me la suben ahora los trabajadores del edificio.

Acepto y, cuando abro la puerta, veo a un hombre trajeado, como si fuera el botones de un hotel.

Cojo la pizza y cierro la puerta.

La dejo en la mesita de centro mientras busco en las plataformas qué ver. Hoy quiero una comedia romántica.

Voy a dar el primer bocado cuando me suena el móvil. Mi padre.

—Hola, ¿qué quieres?

—No deberías comer pizza a estas horas. Tanto aporte calórico antes de tu primer día no es sano.

—Tenía hambre de pizza. —Llaman a la puerta.

—Van a recogerla. La próxima vez, evita pedir ese tipo de comida basura, que solo da mala imagen a una Rivera.

Abro la puerta y es el mismo chico de antes.

Le doy la pizza y se marcha.

—Claro, cómo olvidar que soy una Rivera.

Cuelgo y miro agitada la casa, sabiendo que este sitio estará controlado por él.

Salgo y golpeo la puerta de Joss.

No me abre él, sino una morena preciosa que me mira de arriba abajo.

—¿Se puede saber qué se te ha perdido por aquí?

No hace falta ser un lince para saber que está aquí para acostarse con Joss.

La idea no me es tan indiferente como querría.

—Nada, lo siento.

Regreso a mi casa y decido comer algo soso y sin gracia.

Miro hacia la puerta, sabiendo que a pocos metros Joss está con esa mujer preciosa.

La cena sin gracia aún me parece más horrible y acabo sin saber qué ver tras mi primera noche sola en un apartamento con vigilancia añadida.

Joss

—Vamos, Joss, lo pasaremos bien…

—Pensé que te habías ido —le digo a Corina al salir de la ducha.

—No, mi idea es convencerte.

—¿Quién ha llamado a la puerta?

—Elara Rivera. Al menos, eso me ha parecido por las fotos que se publican de ella. En persona no es tan impresionante. Debería presentarle a mi cirujano.

—Déjala en paz, y de paso vete a tu piso. No estoy de humor hoy.

Pone morros y trata de tocarme, pero le aparto la mano y claudica.

Se marcha y pienso en qué querría Elara. Seguramente ha pensado que Corina era mi ligue de esta noche.

Podría dejarlo pasar. Debería… Todo esto me trae recuerdos de su hermana, de cómo se jodió todo entre los dos.

* * *

—¡Te dije que tuvieras cuidado!

—¡He tenido cuidado, porque nadie me ha visto con ella! Soy el más interesado en que esta farsa salga bien.

—¿Y si no fuera una farsa? ¿Y si fueras mi novio de verdad? —Nos miramos a los ojos y encontré dolor.

—Everly, yo no soy lo que quieres en la vida.

—Si me estás rechazando, mejor dilo y no busques excusas.

—No es una excusa. Es que somos amigos… Solo amigos.

—¿Y no es eso algo importante para una relación?

—No, el amor es lo que debe moverlo todo.

—El amor… ¡Vaya gilipollez! —Me miró enfadada—. Lo que ha pasado aquí no puede volver a suceder. O conmigo o con nadie.

—Ese no era el trato y, además, te recuerdo que no quieres tener sexo hasta los veinticinco años…

—Pues tú mismo. O conmigo o con nadie.

—Estás siendo muy egoísta.

—Y tú no estás entendiendo que no podemos huir de nuestros padres. Si me tienen que obligar a casarme con alguien, mejor que sea contigo. ¿Acaso crees que podrás ser libre? Eres más idiota de lo que pensaba.

—No soy idiota y pienso ser libre. —Se rio—. No voy a estar contigo.

—Pues entonces, esto acaba aquí. A ver cómo puedes ser libre sin mí.

Nos miramos enfadados.

Ella estaba echando por tierra nuestro trato y no entendía bien la razón.

Nos alejamos y al poco se publicó que habíamos roto. No volvimos a hablar.

Siempre fuimos un par de orgullosos y tras nuestra ruptura, más.

* * *

Pienso si ir a ver a Elara o quedar en mi piso.

No quiero otra escena como la de su hermana. No quiero que me eche en cara cosas que ella sabía que sucederían.

Ya pasé por eso y que piense que no puede controlarme es lo mejor.

Estoy a punto de irme a la cama, a ver algo, cuando me llega un mensaje de Elara:

Elara: Si has acabado tu acto sexual… ¿Me puedes pasar chocolate? Si no me hundo ahora mismo en algo calórico, creo que no podré dormir…

Busco las chocolatinas en mi armario y voy hasta su casa.

Llamo a la puerta.

Solo lleva una camiseta ancha y parece abatida. Siento que es por lo que vio y me entra la rabia. Es como si se repitiera la misma escena.

—Me tiene controlada… Mi padre.

Poco a poco asimilo que su estado no es por mí.

Noto como algo se afloja en mi pecho y tiro de ella hasta mi casa, tras coger sus llaves.

Antes de entrar en mi ático, miro el techo y ella hace lo mismo.

Agranda los ojos al ver las cámaras en el rellano.

Entramos en mi casa y cierro la puerta.

—¿Qué ha pasado?

—Me pedí una pizza y mi padre me llamó para que la devolviera.

He intentado comer la cena que hay en mi nevera, pero toda esa comida me está causando depresión.

Toda esta vida, también. ¿Dónde ha estado todos los años que me tocó enfrentarme sola a mis problemas?

Dónde estuvo cuando… —Se queda callada y me mira—.

He estado sola, Joss. He tenido que aprender a cocinar y a ser adulta desde que tengo uso de razón y, ahora, de golpe, me tratan como si fuera tonta…

Yo creía que cuando viniera aquí sería libre y que al fin podría pensar en mí.

Por una vez en la vida, creí que yo… que podría vivir mi vida.

Pero ahora resulta que no. Perdona…, no debería contarte esto.

No somos amigos ni nos soportamos y ahora mismo solo te quiero por tu comida calórica.

—Abraza las chocolatinas como si le fuera la vida en ello.

Sonríe y me pierdo en ella más de lo que debería.

—Te haré algo de cenar. Puedes gorronear mi tele y poner lo que quieras mientras tanto.

—¿Y tu cita?

—Se fue.

—Ah…, vale —lo dice como si no le importara y me jode que no le afecte con quién me líe.

Es ridículo, porque solo nos usamos.

Le preparo algo de cena y veo que pone una comedia romántica.

Nada más empezar la película, se pone a llorar y luego a reír.

Me siento a su lado, con la cena en una bandeja.

La coge y miro la película sin entender por qué despierta tantas emociones en ella, siendo tan mala.

—La veía con mi mejor amiga. Lia y Seth eran lo único mío de verdad. Echo de menos estar con ellos.

Pienso en el chico de la foto. Se llamaba Seth y está claro que le gusta. Está enamorada de él. Pero si no tiene un padre rico, Elias Rivera nunca permitirá esa historia.

Elara empieza a ser consciente de que su vida nunca será suya.

Yo lo aprendí hace años y me endurecí.