Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Elara

Voy a la universidad con mi escolta cerca.

Únicamente me dejan sola cuando entro en el edificio, pero cientos de personas me miran y algunas me hacen fotos y vídeos. Seguro que será para subirlas a redes. Por aquí soy famosa entre la gente de dinero.

Ayer, cuando me fui a mi casa, Joss me indicó que, si quería venir con él a la facultad, que se lo dijera.

Le di las gracias, pero preferí venir sola.

Tras mi estallido de vulnerabilidad es mejor no olvidar que no somos amigos y que solo nos estamos usando el uno al otro.

La casa aún olía al perfume de esa joven y vi en el suelo un tanga rojo que seguro que perdió ella cuando se acostaron.

Solo somos actores en lo que parece nuestra vida real.

Mejor no olvidarlo.

Entro a clase y, cómo no, todos me observan. Sobre todo porque llevo mi ropa y no la elegida por Mónica para mi primer día.

Iba a ceder hasta que me jodieron mi noche de pizza. Así que voy con unos sencillos vaqueros y una camiseta de manga corta, del grupo de música favorito de Lia.

Destaco entre el resto de las mujeres, que van con ropa fina y elegante, hasta que veo que llegan más personas que visten como yo.

Espero al profesor y me relajo cuando empiezan las clases. Siempre se me dio muy bien estudiar. Sabía que lo único que me sacaría del agujero donde estaba metida por culpa de mi padre era mi capacidad para sacar buenas notas y me esforcé al máximo para ser la mejor.

Ahora estoy en mi elemento.

A segunda hora cambio de clase y me siento delante. Así no veo a tanta gente girarse para mirarme curiosa.

—Hola, nos volvemos a ver. —Alzo la cabeza y me encuentro con el camarero de la noche que fui con Joss a conocer a sus amigos—. Me llamo Brice, por cierto.

—Elara…, aunque supongo que ya lo sabes.

—Como media universidad. —Sonríe y se sienta a mi lado—. ¿Qué tal empieza tu primer día?

—Deseando dejar de ser la atracción de este sitio y que la gente pase a otra cosa.

—Pronto será así. Esta gente no deja de liarla.

—Eso hasta me alegra… ¿Eso me convierte en mala persona?

Se ríe y justo en ese momento Joss entra en la clase. Al vernos juntos, se nos acerca.

—Largo de aquí —le ordena a Brice.

—Vamos, Joss. Solo estamos hablando. ¿Acaso te da miedo no ser suficiente para ella?

La gente se calla para escuchar mejor.

—Largo —insiste Joss sin inmutarse.

—No me pienso ir a ningún sitio. Me merezco estar aquí, aunque no sea un hijo de papá. Yo he llegado aquí por mi inteligencia y mi buen juego. No como otros.

—Por eso has repetido asignaturas de primero y segundo.

—Como tú. Ahora no vayas de digno.

—Ni tú tampoco, y ahora, aparta de mi sitio.

—¿Ahora lleva tu nombre? —Brice mira la silla de forma descarada—. No. Nada. Solo es tu ego, que no cabe en la clase.

Abro la boca, pero Joss me mira, dejando claro que es mejor que no diga nada si no quiero joder las cosas.

Me callo, porque en realidad no conozco de nada a Brice y no sé qué pasa aquí.

—¿Acaso no confías en ella? ¿Tienes miedo de que se venga conmigo, como hizo Alia? —Vale, ahora ya ato cabos. Es por una ex. Joss nos mira a uno y a otro—. Ah, no, que fuiste tú el capullo que me la arrebató.

Está claro que estos dos se odian por líos con sus exparejas.

—Elara sabe bien cómo librarse de la basura ella solita. Que te conozca y así sabrá la clase de mierda que eres.

Joss se marcha al final del aula.

Debería seguirlo si quiero que nuestra farsa cobre más fuerza.

Voy a levantarme cuando el profesor entra y pide que nadie se mueva.

Me quedo al lado de Brice, sabiendo que esto no ayuda a mi libertad.

—No dejes que todo esto te cambie, Elara —me dice Brice cuando acaba la clase—. No eres como ellos. Lo vi enseguida y eso te hace única. Si les dejas cambiarte, te van a destruir. No soy yo el malo de esta historia. Joss no es tan bueno como parece.

Se marcha tras dejar tras él toda esa mierda, que solo consigue desestabilizarme más.

Espero a Joss en la puerta y, cuando sale, busco su mano. Su mirada es fría y afilada.

—¿Me acompañas a mi siguiente clase?

—Claro.

Creo en esta farsa y tengo claro que lo es. No voy a dejar que nadie me cambie mientras averiguo cómo conseguir mi libertad de verdad.

Andamos unos metros y Joss se detiene. Me acorrala contra la pared.

—Si queremos que la gente se crea esto, tenemos que hacer algo más que darnos la manita, como dos putos críos.

—No creo que la gente necesite más. —Su mirada se hace más oscura—. Muchas parejas casi ni se besan en público y nadie duda de ellas.

—¿De verdad?

—Sí, darse la mano es un acercamiento.

Sonríe y se separa.

—Vale, tú misma. No sabes nada ni de mí ni de este mundo y yo no iría de la manita con una tía que me interesa.

—¿No lo hacías con mi hermana?

—Con tu hermana salió todo mal. Se corrió el rumor de que todo era falso y, sí, lo era.

—Agrando los ojos—. No supimos fingir bien.

Ni manos, ni besos ni nada. Mucha gente no se lo creía.

Tras romper con ella, yo… Digamos que cambié bastante.

Pero iremos de la manita, para que escuches lo que dicen.

Lo miro y vamos de la mano a la siguiente clase.

Luego, me alza la mano y me da un beso en ella que poco tiene de inocente.

Tras guiñarme un ojo, se marcha a su clase.

Entro en el aula y presto atención, a pesar de que la gente me mira de reojo. Hago lo mismo en las siguientes clases y pronto me entero de los rumores que circulan sobre Joss y yo.

* * *

—Yo digo que no están juntos. Solo lo hacen por sus padres. Una relación pactada de esas, como con Everly. Como la de su hermana no salió bien, ahora quieren colocarle a Joss la otra melliza —murmura una en el pasillo, mientras voy a por algo de comer.

Me siguen de cerca, como si yo no las escuchara o les diera igual que lo hiciera.

—Joss es más fogoso… Si le interesara de verdad, no irían de la manita. ¿Tienen doce años? ¡Nadie hace eso ya!

Este tipo de comentarios los he escuchado toda la mañana. Parece ser que nadie la ha cagado en lo que va de mañana y conversar sobre si soy o no novia de Joss es lo más interesante de todo el día.

* * *

Tras acabar las clases, como algo y voy a ver el entrenamiento de Joss.

Escribo a Lia para contarle todo y a ella también le sorprende que la gente necesite ver más.

Lia: Hombre, si tenemos en cuenta que en ese mundillo muchos matrimonios son pactados, la cosa cambia. Sigo flipando con lo de tu hermana. No esperaba que todo fuera falso. Da miedo ese mundo, cada vez más.

Elara: Yo también sigo flipando, porque me hubiera gustado que Everly me contara la verdad.

¡Creí estar pillada de su novio! No dejo de dar vueltas a eso; a que me sentía mala hermana porque me gustara su pareja y, en realidad, ellos solo fingieron.

Aunque recuerdo que todo salió mal. Tal vez tenga que aceptar que Joss sabe más de esto que yo.

Lia: Voy a investigar y te llamo.

Guardo el móvil y entro al pabellón donde entrena Joss; cómo no, he venido hasta aquí andando, pero seguida por mi escolta personal.

Este me preguntó si me llevaba a algún sitio y le dije que no, pero entonces me siguió. Por suerte, mi «niñera» particular se queda fuera del edificio.

Me pongo en primera fila y busco a Joss entre los jugadores que están en el hielo.

No tardo en verlo, sin el casco, con el que parece el entrenador.

Parece otro. Su mirada es más concentrada. Es como si esto le gustara de verdad y no fingiera.

Mi idea era sacar el ebook que llevo en la cartera para leer, pero me quedo presa de su forma de jugar y entrenar.

Cuando se da cuenta de que estoy aquí, se acerca y da unos toques al cristal.

Luego gesticula un «no te vayas sin mí» y se marcha para seguir con el entrenamiento.

Lia me llama a la media hora.

—¿Qué has descubierto?

—Pues que hay varias páginas donde se cuentan cotilleos de la gente rica de Nueva York y eres famosa, amiga.

Mucha gente cuenta cosas de ti y, entre ellas, que parece que lo de Joss y tú es pactado por vuestros padres, al fallar la relación con tu hermana.

Opinan que, si a Joss le interesaras, sería más…

fogoso. Al parecer, tu chico falso, tras romper con Everly, ha estado con unas y con otras. Tiene fama de mujeriego.

—Vamos, que lo de la manita fue patético.

—A ver, para ti, tal vez no, pero esta gente necesita más para creérselo.

Aunque, mientras vuestros padres estén contentos, el resto os debería dar igual.

Al final se cansarán de hablar. Puedes no hacer nada más.

Cada relación es un mundo, a menos que quieras usar la excusa para acercarte más a Joss.

—No es por eso. Es porque, si no se lo creen, nos presionarán para confirmar que es real. Mi padre y el suyo parecen muy interesados en esta unión.

En el fondo, sé que solo estoy poniendo una excusa para llevar más lejos nuestra mentira. Una que justifique que quiera más de él sin que signifique nada, creyendo que así no me enamoraré de Joss.

—Sobre eso también he estado leyendo. Al parecer, tu padre inició la empresa solo, pero necesitó apoyos. Ahí es donde entró el padre de Joss, pero no tiene la mayoría en la empresa. Pactaron que los hijos de tu padre serían los que tendrían prioridad en la empresa, porque él es el fundador.

—Si Joss y yo estamos juntos, sería como un hijo de mi padre y podría legarle la empresa.

—Exacto. O tu hermana o tú deberéis haceros cargo de todo.

—Ni de coña quiero eso para mi futuro.

—Pero estás estudiando Empresariales.

—Para tenerlo contento y estudiar otra carrera. Necesito más tiempo para saber cómo puedo salir de todo esto sin perderlo todo…

—El dinero no siempre es la solución.

—Hablo de mi hermana. Siento que si renunciara a todo, eso nos alejaría.

Y de mi padre. A pesar de todo, es mi padre.

No sé si estoy lista para arriesgarme a que no quiera saber de mí y a que me cueste ver más a Everly.

He vivido lo suficiente aquí para saber que esta hará lo que nuestro padre le diga.

—Ya, lo sé, pero no se está comportando como el padre que debería ser. Está priorizando sus negocios y su vida antes que a ti. Elara, no te pierdas buscando un padre que nunca estuvo ahí. No estás sola. Pase lo que pase, Seth y yo estaremos ahí. Además, seguro que Everly no renunciaría a ti.

—Es fácil decirlo cuando tus padres son las personas más buenas del mundo. Yo siempre he sentido un vacío en el pecho que vosotros no habéis podido llenar, a pesar de todo. Tú no sabes lo que es vivir sin tu melliza… —Noto como se me humedecen los ojos por las ganas de llorar—. Te dejo, ¿vale?

—Vale, te quiero. No estás sola en esto.

—Lo sé.

Cuelgo y guardo el móvil, nerviosa.

No sé cómo explicar por qué necesito no perder a mi padre. Es como si, al perderlo, me arrebataran a Everly. Quiero encontrar la forma de tenerlo todo sin que mis decisiones nos alejen más.

Miro a Joss jugar y sé que, si quiero tiempo, necesito subir el nivel del juego.

Aunque una voz me susurra que solo busco una excusa para estar con él.

La ignoro.