Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Joss

—Así me gusta. La tienes en el bote. Esa joven casi no sabe de esta vida y se está refugiando en ti. —Mi padre me da unas palmadas en la espalda mientras desayuno.

Odio que me toque y por eso me tenso cuando siento sus manos. Tomo aire y me levanto.

—Es pan comido —afirmo, como si le siguiera el juego.

Salgo de casa sin mirarlo a los ojos y sin poder olvidar el calor de sus manos en mi espalda. Mientras crea que todo va como él quiere, seré libre.

Saco el móvil en el coche y me meto para ver cuánta gente ha visto la foto de Elara.

Tiene muchos «me gusta».

Entro en su perfil y compruebo que le han subido los seguidores. Ha borrado todas las fotos que tenía. Solo sale una de ayer, mirándose al espejo, y dice: «Cambios».

Aunque ha borrado las fotos, las recuerdo casi todas. Las miré antes de que las eliminara.

Tenía varias con la que parece su mejor amiga y otras con un chico. En una le daba un beso en la mejilla mientras él miraba el teléfono distraído y ponía: «Sabes que te quiero».

Con seguridad será su ex.

Ahora ya no queda nada de esa vida tan diferente a esta, y el caso es que ese tío me suena, pero no sé de qué. Ni pienso indagar.

Guardo el móvil y me marcho a entrenar.

El motivo por el que hago todo esto es para poder ser libre para jugar en la liga profesional y romper todos los lazos con mi familia. Para siempre.

Elara

—Esta noche vienen unos socios, para una cena informal. Siento avisarte con tan poca antelación, pero ha surgido así. —Mi padre mira a Mónica—. ¿Os da tiempo a ir la peluquería?

—Pensé que dijiste que era informal —señalo.

—Ya, pero nunca hay que ir como si acabaras de pelearte con tu perro. —Me mira, dejando claro que es justo como voy ahora—. Lo pasaremos bien.

Lo dudo mucho, si tengo en cuenta que casi no ceno en sus fiestas, por si se me cae sobre la ropa.

—Por cierto —comenta, a medio camino de su despacho—, vendrá una chica de mi oficina experta en redes sociales poco antes de la cena. Te hará unas fotos para tus redes.

—Sé llevarlas sola…

—Eres una Rivera, por lo que mejor controlar lo que subes, para que nadie pueda usarlo contra mí.

—Algo que hasta ahora no te ha importado.

—Porque antes no eras responsabilidad mía.

—Pero seguía siendo tu hija.

—Pero tus errores eran culpa de tu madre.

Se marcha, dando por terminada la conversación.

Miro agitada a mi madrastra y me dice que nos vamos en cinco minutos, por si me quiero cambiar.

Observo mi vaquero y mi camiseta de uno de mis grupos favoritos y le digo que voy perfecta.

Agitada, la sigo tras coger mi teléfono y trato de asimilar que mi vida no es mía. Cuando vivía con mi madre, tenía que dejar de lado todo lo que yo deseaba por ella, y ahora, por mi padre.

Empiezo a entender por qué se casaron: son los dos igual de egoístas.

* * *

Joss me llama cuando estoy esperando a que me suban las mechas.

Salgo de la peluquería a una sala menos concurrida.

—Te necesito esta noche —me indica nada más descolgar.

—Tengo cena con mi padre. ¿No vas a venir?

—Sí, tengo que ir, pero luego nos iremos pronto. Necesito que piensen que las cosas entre los dos van muy bien y que no podemos esperar para estar solos.

—¿Y cómo piensas hacer eso?

—Tú déjamelo a mí, que yo me encargo. ¿Estamos juntos en esto? Te puedo dejar donde quieras y luego recogerte. Si creen que estamos juntos, eres libre.

—Pensaré a dónde quiero ir, pero sí, estamos juntos en esto. Necesito un momento de paz para mí.

—Perfecto. Nos vemos luego.

Cuelgo sin saber dónde me estoy metiendo.

Lo peor es que Joss es la parte de toda esta historia con la que me siento más cómoda. Al menos, él y yo buscamos lo mismo: poder ser nosotros mientras creen que nos están manipulando.

Llamo a Lia y le cuento todo.

—La verdad es que no esperaba que acabara así, pero Joss es tu única vía de escape. ¿Confías en él?

—Ni de coña —se ríe—, pero si quiero que esto funcione, deberé hacerlo.

—Pensaré algo para poder hacer juntas. Creo que hay cines que echan pelis antiguas. Puedes ir y yo la veré desde mi casa. Luego la comentamos, como cuando hacíamos nuestras noches de pelis.

—Me gusta el plan.

—Te iré informando, y tú a mí. Estoy deseando saber qué tiene pensado hacer Joss para que crean que os vais antes para follar.

—No creo que piensen eso…

—Ya, claro. —Se ríe—. Es lo que pensarán y les encantará, porque eso hará que piensen que una alianza entre los dos es más posible.

—Me empiezo a arrepentir…

—Vamos, sabes que es mentira y, de paso, disfrutas del buenorro de Joss. ¿Qué puede salir mal?

«Que me enamore de ese zoquete…» Lo descarto enseguida, porque, cuando abre la boca, me recuerda por qué eso es imposible.

—Nada. Joss no es mi tipo para nada.

—Perfecto, pues te paso el plan. Ahora disfruta lo que puedas de todo esto. Solo son cuatro años y luego… serás libre al fin.

Cuelgo y entro para que me terminen el peinado.

Me quitan las mechas finas y me cortan un poco las puntas. No hago más que dejarme llevar. Ni una sola vez me han preguntado qué me gustaba. A Mónica solo le importa que mi padre le dé su aprobación y yo no puedo hacer otra cosa que dejarme guiar, mientras pienso un plan para encontrar la libertad.