Capítulo 10
Elara
Busco entre mi ropa qué ponerme para ir a dar un paseo por la ciudad.
Comprendo que habrá momentos en que, para encajar, deba llevar otro tipo de vestimenta, pero he decidido ser lo más fiel posible a mí misma. Sobre todo, desde la otra noche. Esa gente me miraba como si yo fuera la peste.
Y Joss…
Tomo aire con lentitud mientras recuerdo sus manos a ambos lados de mi cara y su respiración haciendo estragos en mi cuello. Nunca un hombre me había hecho sentir tanto sin hacer nada.
Joss es peligroso. Muy peligroso. Debería salir corriendo en dirección contraria, pero luego están sus silencios…
Esos momentos en que lo siento vulnerable y, por ellos, creo que sería capaz de seguir con esta locura.
O porque, por primera vez en dieciocho años, a pesar de las señales, me siento tremendamente viva.
Lo mejor es que pasamos el uno del otro y así no cometeré el error de dejarme llevar por el único chico que me ha atraído en toda mi vida.
Creo que por eso mis relaciones nunca han ido bien. Esperaba sentir con ellos un ápice de lo que noto al lado de Joss desde hace años. Ese dolor en el estómago por los nervios, ese vibrar de mi cuerpo, como si me estuviera preparando para volar, y esa respiración agitada con solo una mirada.
Solo quería un poco de lo que siento con él, aunque desconozco la razón por la que estos sentimientos solo aparecen con Joss. Lo tengo que averiguar.
Salgo de mi cuarto con un plano de la ciudad, decidida a visitar cientos de cosas.
Mónica, al verme, pone mala cara.
—¿Adónde piensas ir?
—A dar un paseo por la ciudad.
—Vale, vamos juntas.
—Yo… Vale.
Coge sus cosas y salimos hasta el coche, donde ya nos espera el chófer.
No bajamos en ninguno de los sitios que tenía marcados.
Todo lo vemos desde el vehículo y me quedo con las ganas de experimentarlo sola; de disfrutar la ciudad como turista.
Envío fotos a Lia mientras intento que Mónica no note mi desasosiego.
Al llegar a la casa, nos espera la cena ya lista. Una vez más, la comida es sosa y no me llena. Me crea más ansiedad.
Necesito algo dulce, algo calórico… Algo que me quite esta sensación de no encajar aquí.
Por eso, a medianoche, asalto la cocina, necesitando comida dulce urgentemente.
Mi padre me pilla en la despensa.
—¿Se puede saber qué haces? —No parece contento con el hecho de que esté aquí.
—Buscar comida.
—¿Acaso no has cenado? —Su mirada me hace temblar.
—Solo quería…
—La comida solo sirve para alimentarnos. Comer con gula no es bueno, Elara.
Es fácil decir eso cuando nunca has tenido falta de esta. Cuando no has sentido el estómago retorcerse o cuando una comida horrible tenía que ser deliciosa. Por eso, cuando puedo, tomo comida de la que me gusta. Me recuerda que puedo permitírmela.
—Mañana nos iremos temprano a ver mi empresa.
—Tenía pensado visitar la ciudad…
—No, eso no.
No dice nada más y me quita las galletas de las manos.
Vamos a la cama y me da las buenas noches.
A primera hora, me despiertan para ir con mi padre a su empresa.
Al llegar, me fijo en que todo el mundo trata a mi padre como si fuera un rey. Soy la única que sonríe a los trabajadores y les da las gracias.
—No les agradezcas nada —me dice mi padre en el ascensor—. Ellos nos deben respeto.
—Se merecen que les dé las gracias.
—Tienes mucho que aprender. —Se pasa la mano por el pelo como si estuviera cansado—. Me pregunto si tenerte aquí será una bendición o un dolor de muelas.
Sus palabras me duelen. Noto pesar en el pecho.
Las puertas del ascensor se abren y vemos a Joss.
A mi padre le cambia la cara. Se nota que Joss le importa mucho.
—¿Te ibas, joven King? —Joss asiente—. Vaya, esperaba que encontrarnos contigo fuera una señal, para que le enseñaras todo esto a Elara. Tengo una reunión importante.
Joss me mira y luego a mi padre.
—Puedo estar con ella una hora.
—Suficiente. —Mi padre se marcha sin mirarme, caminando como si fuera un dios.
Joss me sujeta del brazo y vamos hasta una zona de trabajadores cruzando una puerta.
No me pasa desapercibido que no nos siguen los escoltas, que se han ido tras mi padre. Es como si, al estar con Joss, fuera más libre.
Vamos hasta un área de descanso y Joss prepara un par de cafés.
—¿Quieres ver la empresa?
—No, la verdad. Quería ir sola por Nueva York, pero he acabado aquí.
—Tu padre no te dejará ir sola a ningún lado. —Me tiende un café y nuestras manos se tocan.
Las dejamos ahí un segundo más de lo necesario.
—Me ha dejado venir sola hasta aquí.
—Porque estás conmigo. —Da un trago al café sin dejar de mirarme.
Doy un trago al mío y maldigo en todos los idiomas que sé, por lo mucho que quema.
Coge mi vaso y le pone un poco de leche fría. Ahora está mejor, pero mi lengua se siente rara.
—Podrías haber avisado.
—Podría.
—Idiota. —Sonríe.
Terminamos el café y mira el reloj.
—Si vas por esa zona, verás un parque muy bonito. Nos vemos aquí en cuarenta y cinco minutos.
—¿No vienes conmigo?
—No.
Se sienta en unos sofás y saca el móvil.
Salgo por donde me ha dicho, pensando en lo poco que lo soporto. Aunque, cuando lo tengo cerca, tiemblo como una idiota.
Llamo a Lia y le cuento todo.
Ella piensa lo mismo de Joss y Seth comenta, por detrás, que ya me lo dijo y que tenía razón.
No se la pienso quitar.
Lo único positivo es que puedo estar sola sin la opresión de mi padre, disfrutando de un parque precioso y una videollamada con mi amiga.
Es como si estuviéramos juntas. La distancia se acorta cuando la persona que tienes al otro lado te importa lo suficiente como para hacerte sentir en paz, solo con su presencia a través de mensajes.
A veces solo necesitas gente que esté ahí de la forma que sea.
Cuando regreso, estoy tranquila.
Joss sigue mirando el móvil, hasta que parece que me siente y levanta la cabeza.
Cuando su mirada se encuentra con la mía, repara en la flor de mi pelo. Ha sido idea de Lia, para unas fotos de mi perfil.
Su mirada se suaviza un segundo, pero, de inmediato, me observa como siempre y me siento tonta.
Me quito la flor.
—Mejor. Tu padre no lo aprobaría.
Se levanta y lo sigo.
La secretaria de mi padre me espera para seguir con el paseo, junto con un hombre de seguridad.
Joss se marcha sin despedirse y de nuevo me siento agitada y nerviosa.
La empresa de mi padre es enorme y me hace ser consciente de lo rico que es. Lo que hace que no pare de recordar cuando la comida no llegaba a casa.
Yo no le pedía dinero para no hacer daño a mi madre, pero cuando me preguntaba que qué tal todo y le decía que mal, mi padre seguía con su vida como si nada. Y ahora, de golpe, quiere que todos me vean cerca de él, como si fuera la sustituta de su otra hija.
* * *
Las cosas no mejoran los días siguientes. Si no cambian rápido, voy a explotar.
Por eso, preparo un plan para ir a la universidad. Sola.
Estoy cansada de tener escoltas y solo me han dejado en paz cuando estaba con Joss.
Mañana me iré de casa… sola.