Capítulo 7
Elara
Me han etiquetado en varias fotos en las redes sociales, donde sale mi caída. He entrado con el pie izquierdo dentro de las grandes esferas de Nueva York.
Mi padre me ha dicho que no pasaba nada, pero luego ha añadido que Mónica me enseñará cómo proceder en el resto de las fiestas. Además de algo de modales.
No me comporté mal. Vale, dije alguna que otra palabrota, pero es que me caí y nadie me preguntó si estaba bien. Después, la mirada de Joss, como si yo fuera lo peor que se había echado a la cara…
No entiendo nada.
Solo estoy pensando en acabar cuanto antes la universidad y largarme de este lugar.
—Todo irá mejor la próxima vez —me dice Everly tras el desayuno.
—No quiero que haya próxima vez…
—No puedes escapar de eso. —Su voz parece fría—. Cuanto antes lo aceptes, mejor para ti, Elara.
Noto algo en su voz que no me gusta.
—¿Algo que deba saber?
—No, solo intenta aprender de Mónica y, cuando tengas tiempo para ti, disfruta de la ciudad como te gustaría. Papá solo te dejará ser libre si haces lo que él quiere.
—No imaginé que esto sería así.
—Bueno, a mí me tocará vivir con mamá. Ya sabes, sus locuras y sus novios.
—Supongo que tampoco será fácil para ti.
—No, no lo será. Solo hasta que acabemos la universidad, y luego cada una recuperará su vida.
—¿Volverás a esta vida?
—Por supuesto, ese es mi lugar. Y el tuyo, pero aún no lo has asimilado. Somos hijas del gran Rivera. ¿Crees que tienes opción de elegir?
—Sí, la tengo.
—Espero que sí. Te dejo, que tengo baño de barro.
Cuelga y no me pregunto qué hora será allí, porque, si mi hermana quiere algo, lo consigue a la hora que sea.
Tomo aire agitada. Esperaba que vivir aquí fuera diferente, pero nadie me había preparado para esto y esa es la triste verdad.
* * *
Mónica me da «clases», como lo llamo yo. Ella dice que son consejos, para el próximo evento al que acudiremos.
Están más preocupados de eso que de mi comienzo en la universidad.
En una semana empezaré y estoy aterrada, pero a mi padre le preocupa más que lo vuelva a dejar en ridículo. Al parecer, sus acciones se vieron afectadas por mi caída.
Es ridículo que la gente vea como una debilidad de la empresa mi torpeza.
* * *
—Tú solo intenta acordarte de todos los consejos de Mónica y todo irá bien —me indica mi padre, ya en la limusina de camino al evento.
Asiento y, cuando detienen el coche, veo que hay una alfombra roja. Sabía que íbamos a una inauguración, pero no pensaba que tendríamos alfombra roja.
Salimos del coche y nos hacen varias fotos a los tres.
Mi padre me coge de forma cariñosa, para que vean que me apoya a pesar de mis torpezas, y pasamos a la sala.
Entramos y, aunque la comida huele deliciosa, no como nada.
Mi madrastra me dijo que si cogía algo, que fuera fácil de comer en un bocado, pero no parece que haya nada para hacerlo así.
La gente me mira a la espera de que la cague de nuevo.
Algunos se me acercan y me hacen preguntas, que respondo sin darles mucha conversación.
Miro hacia la puerta al tiempo que entra Joss con sus padres. Nuestras miradas se cruzan y otra vez veo en sus ojos verdes esa frialdad, que hace años no estaba presente.
Aparta la mirada como si le molestara y va con sus padres para mezclarse entre la gente.
Observo a mi padre hablar con varias personas junto a mi madrastra.
Tras un rato siento un hambre horrible y miro el pasillo de la cocina.
Me dirijo hacia él con disimulo. Enfrente están los baños.
Nadie se da cuenta y camino por el pasillo.
Al llegar a la cocina, veo a un camarero salir con una bandeja de aperitivos.
Se la quito de las manos.
—Gracias —le digo y me marcho con ella a la primera sala que encuentro, que es un balcón con vistas a la ciudad.
Cojo el primero de los aperitivos y lo disfruto.
Gimo de placer, porque estoy sola y nadie puede verme. Siento como la comida me calma el acelerado corazón.
—Joder, qué bueno. —Me meto dos de golpe en la boca.
—¿Robando?
Casi me muero del susto al escuchar a Joss a mi lado.
—¿Qué haces aquí? —pregunto tras tragar con dificultad.
—Salía del servicio cuando te vi robar la bandeja y correr con ella. Sentí curiosidad. —Se encoge de hombros—. No quería perderme tu próxima cagada.
—Aquí no hay nadie y nadie verá cómo como.
—¿Temes hacerlo como una orangutana?
—No, temo hacerlo de forma que parezca normal. —Me parece ver que emite una sonrisa—. Ahora, déjame comer tranquila, que me muero de hambre.
—Tienes que aprender, si no quieres que te devoren esos buitres.
—No creo que eso te importe. —Cojo otro canapé y lo disfruto. Se me escapa un gemido y cuando miro a Joss, tiene centrada su mirada en mi boca.
—Te van a destrozar —dice serio.
—No me importa, y ahora déjame sola.
—No, no tengo nada mejor que hacer. —Se apoya en la barandilla y me observa.
Decido ignorarlo y seguir comiendo.
Lo miro de reojo y cometo un gran error, porque sus ojos verdes, fijos en mí, me distraen. Eso provoca que uno de los canapés se me resbale de la mano y caiga a mi vestido, manchando la parte baja de mi estómago.
—Mierda.
—Espera aquí. —Se marcha mientras pienso en cómo quitar la mancha sin que nadie la vea, para evitar hacer el ridículo de nuevo.
Está claro que yo no encajo aquí. Este no es mi mundo.
Creo que Joss no va a regresar cuando lo veo aparecer con un bote. Lo agita y se me acerca.
Alzo la cabeza para mirarlo. Su atención está centrada en mi mancha y la mía en él. En lo alto que es, en lo bien que le queda el traje y en su perfume. Cada vez que tomo aire, su perfume inunda mis sentidos y es de esos aromas de hombre que, cuando los hueles, alteran cada una de tus hormonas.
Muerdo mi boca mientras esparce el espray por mi vestido.
—Ahora hay que esperar a que se seque.
—¿Tienes experiencia en esto?
—No me suelo manchar, pero algunas personas sí, y los restaurantes tienen formas de eliminar las manchas. Aunque no he conocido a nadie tan patosa como tú en la vida.
—Supongo que soy única.
—Tal vez.
Nos miramos a los ojos y, aunque él ha cambiado, siento que, por un segundo, somos esas personas que contemplaron en silencio un amanecer.
Acerca su mano y me aparto.
—Voy a quitarlo. No pienses que tengo intención de meterte mano.
—Puedo hacerlo sola.
—¿Y estropearlo más?
Al final, lo dejo hacer, porque nunca he hecho esto y temo destrozar más el vestido.
Acerca sus manos a la tela y elimina el polvo.
Al hacerlo, toca mi estómago y noto una sacudida por todo mi cuerpo. Su cercanía me hace vibrar y sentir que los pies se me separan del suelo. Con Joss siempre noté algo especial. Era algo prohibido, por ser el novio de mi hermana.
«Pero ahora es su ex…», me recuerda una voz traicionera, que quiere que no deje de meter la pata en la vida.
Se aparta y el frío se posa en mi cuerpo.
—Listo. Me marcho dentro. A ver si puedes evitar cagarla de nuevo.
—Seguro que sí.
Es un idiota, pero está muy bueno. Muy muy bueno.
Recojo todo y lo dejo en la cocina antes de volver al salón de la fiesta.
No hablo. No digo nada, pero de reojo observo a Joss y un par de veces lo pillo observándome de una forma que no sé cómo descifrar.
Joss
—He visto cómo mirabas a Elara. Quiero que la conquistes —me dice mi padre en el coche.
—Ni de coña.
—Te recuerdo que no somos el socio mayoritario en la empresa, pero si las cosas salen bien con Elara, lo seremos. Ya estropeaste todo con Everly. Tienes otra oportunidad para demostrar que estás de mi parte. ¿O acaso quieres desafiarme?
Ni me molesto en girarme hacia mi padre para verle la cara. Conozco de memoria su mirada; esa de creerse un dios que pide, ordena y manda.
Solo asiento y no añado nada más.
No deseo jugar con Elara, pero si quiero que mi padre me deje en paz y poder cumplir mis sueños lejos de él, tengo que hacerle creer que le haré caso.
Además, si Elara participa en mi juego, no será por mi culpa. Será solo suya, por no salir corriendo.
Ella me mira como si fuera el chico que conoció hace tres años. Ignora que ese joven murió y el que soy ahora es capaz de todo para conseguir sus metas. Si para que eso ocurra tengo que jugar con ella…, jugaremos.