Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

Joss

Llegamos a la casa del señor Rivera.

Desde que lo dejé con su hija, mi padre se ha esforzado mucho en que las cosas con su socio mejoraran. Son amigos de toda la vida, por lo que no le ha costado mucho.

Nadie sabe la razón por la que lo dejamos.

Yo sigo odiando a Everly, por cómo hizo todo, dejándome como el malo, sin importarle que fuéramos amigos, ante todo. El resto era solo un puto cuento para que nuestros padres estuvieran felices. Solo un acuerdo para que nos dejaran en paz.

Se corrió el rumor de que todo era una farsa y, para que no lo pareciera, Everly empezó a atacarme y comenzó a ir de víctima. Las últimas semanas, hasta que rompió nuestra amistad, por querer quedar ella de buena y apagar los rumores, fueron un infierno.

Mucha gente no terminó de creérselo, pero da igual, porque en nuestro mundo los matrimonios concertados están a la orden del día.

Nadie sabía de nuestro acuerdo de hacernos pasar por novios para que nuestros padres nos dejaran en paz. Lo juramos y ninguno rompió la promesa.

Al menos, esa no.

Pero no solo rompimos como pareja, sino que lo hicimos como amigos y eso fue lo que más me dolió.

Desde ese momento, mi vida no dejó de cambiar y las cosas en mi casa se jodieron cada vez más.

Mi padre no soportaba que hubiera perdido la gran oportunidad de ser un día quien dirigiera toda la empresa y, por lo tanto, que él tuviera más poder.

Al parecer, esperaba manipular mi vida cada día de la suya.

Entro al salón y el señor Rivera nos saluda, contento de tenernos aquí. Da esta fiesta para su hija Elara.

La busco por la sala y la veo al lado de una pareja que siempre habla por los codos con el primer pardillo que pillan, y hoy ha sido ella.

Sonríe nerviosa, con unas ropas y un peinado que no la favorecen nada.

Su padre ya se la está llevando a su terreno.

El verano que compartimos me sorprendió que, siendo hija del gran Rivera, vistiera de forma diferente y tuviera unas normas distintas. Era todo luz e ilusión. Era muy diferente a la gente de este mundillo. Muy diferente a su hermana.

Ahora está aquí para estudiar en la universidad, según el acuerdo entre sus padres. Un acuerdo ridículo que creo que ambos hicieron porque no se veían capaces de cuidar a dos hijas a la vez y lo fácil era hacerlo con una.

Son todos una panda de egoístas.

Elara se gira y entonces me ve.

Su mirada cambia, se agranda y noto como se le sonrojan las mejillas. Muerde su boca nerviosa y luego duda si saludarme o no. Sus ojos violetas se oscurecen y la noto nerviosa.

No la saludo y la ignoro. No quiero ningún trato con las mellizas Rivera, ya con una tuve suficiente. Cuanto antes lo sepa, mejor.

Aquel verano vi algo dulce en ella, algo bueno… Algo que ya no tiene cabida en mi vida actual.

Ahora, mi única meta es ser jugador profesional de hockey y no ser nada de lo que mi padre desea para mí, pero hasta que llegue ese momento, me toca fingir un poco más.

Al menos, delante de mi padre.

Este piensa que acabaré la carrera y que me pondré a trabajar a su lado, pero mi meta es conseguir una buena oferta para jugar en la liga y alejarme todo lo que pueda de sus tejemanejes. Solo espero que no se dé cuenta y pueda seguir con mi doble juego.

Elara

Joss es un capullo.

Lo he notado en su forma de mirarme y en cómo se mueve por la sala, como si fuera un dios.

No se parece en nada al chico que conocí hace tres años.

No me puedo creer que alguien haya cambiado tanto en tan poco tiempo.

Aunque tal vez fue siempre así, cuando acudía a las fiestas con su padre, que es el socio del mío.

Quizás sea lo mejor. Así podré dejar de admirar lo guapo que está y cómo le queda el traje a medida.

Lo ignoro toda la noche mientras trato de andar por la sala con mi vestido, con cuello barco y falda de tubo.

Entre los tacones y la falda, que apenas me deja mover las piernas, casi no me muevo del sitio.

La fiesta es muy aburrida. Desde la música hasta la comida. Encima, no como ni bebo nada, por miedo a tirarme todo encima.

Me quedo en una esquina, al lado de un florero, esperando que me ignoren todos y que nadie se me acerque para darme más conversaciones aburridas.

Hasta que mi padre me busca para hacer un brindis en mi honor y me toca ir hacia ellos.

Tomo aire y camino con todo el mundo mirándome.

Sonrío mientras todos me observan de arriba abajo. Una mujer murmura algo con mala cara y eso hace que tropiece, con tan mala suerte que golpeo una bandeja. Cuando trato de estabilizarme, no puedo. Acabo en el suelo, rajando la horrible falda.

—¡Joder! ¡Vaya mierda! —grito, lo que escandaliza a todos los invitados.

La acabo de cagar, pero bien.

Me levanto y salgo corriendo hacia mi cuarto, sin que me importe que toda esta gente me mire el trasero y vean mis horteras bragas de color carne, que llevaba para que no se marcaran con el vestido.

Ando sin mirar a nadie y me choco con Joss, que acaba de entrar en la sala sin haber visto mi espectáculo.

—Apártate —le pido, pero no lo hace. Mira tras de mí.

—¿Me he perdido lo mejor de la noche?

—Solo déjame salir de aquí.

Se aparta y termino de recorrer los centímetros que me quedan para llegar a mi habitación. Cierro, dando un portazo también poco elegante.

¡Joder!

Joss

Todo el mundo murmura acerca de la caída de Elara. Alegan que la culpa es de su madre, por haberla educado tan mal, y que se nota que el señor Rivera no ha tenido nada que ver en su pésima educación. Solo se ha tropezado y ha soltado palabrotas, para enseñar el trasero con sus bragas sosas.

De eso doy fe, porque, cuando pasó por mi lado, vi como el vestido se le abría.

Elara no pertenece a este mundo y esta gente se la va a comer.

Es su problema, pero no creo que sea consciente de dónde se estaba metiendo y su padre debió prepararla antes de echarla a los lobos.

Pero mi padre y el de Elara son iguales. Son personas que piensan primero en los negocios y luego en la familia.

Decido que he tenido suficiente fiesta por hoy y me marcho.

Al poco, me llegan avisos de gente que ha asistido a la velada y me ha etiquetado en las fotos. En varias hay fotos de la caída de Elara.

Elara no sabe la que se le viene encima, o tal vez sí… Ya me engañó una de las mellizas Rivera y no pienso dejar que lo haga nadie más en mi vida.