Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Elara

—Esta noche daremos una fiesta aquí, en casa.

Levanto la cabeza de mis cereales y miro a mi padre.

—¿Y tengo que ir?

—Por supuesto. Es en tu honor. Además, es un primer contacto con mi mundo, ya que, a partir de ahora, tendrás que acudir a varias fiestas conmigo. —Sonríe, pero no puedo hacer lo mismo, porque, por dentro, estoy temblando.

—No sé si sabré estar a la altura.

—Eres mi hija. Lo estarás. —Se limpia la boca y se levanta. Pone su mano en mi hombro—. Es hora de que mis amigos te conozcan, Elara. Ya has estado mucho tiempo lejos de mi mundo. —Se marcha.

Aparto el plato de cereales. He perdido el apetito y eso es algo raro en mí.

Me voy a mi dormitorio y llamo a Everly.

—Esta noche tengo una fiesta. ¿Alguna sugerencia?

—Por tu voz, deduzco que pensabas que esto no iba a pasar.

—¡Por supuesto! Yo no he ido nunca a fiestas de papá.

—Ahora has ocupado mi lugar, o has ocupado el lugar que estaba destinado a ser tuyo desde que naciste. Míralo como quieras. Te toca poner buena cara. Debes sonreír y estar ahí. Es importante para los negocios de papá. No la cagues.

—Gracias, eso me deja más tranquila.

—Solo haz lo que yo haría y todo irá bien.

—Hacer lo que tú harías… Es decir, ser todo lo menos yo que pueda.

—Irá bien. No te agobies. Solo tienes que pasearte, asentir cuando te hablen y evitar beber nada que lleve alcohol, por si se te sube a la cabeza y haces el ridículo.

—Vamos, ser un mueble.

—No exageres. Solo es una fiesta.

—En mi honor. Si me conocieran un poco, sabrían que preferiría un maratón de Netflix con palomitas.

—Lo sé, pero papá es diferente. Dale una oportunidad. A mí me tocará dársela a mamá.

—Estoy por tomarme un año sabático, como tú.

—Haberlo pensado antes. Te dejo, que tengo un masaje.

—No, si te estás tomando muy en serio eso de relajarte para descubrir qué carrera vas a cursar.

Por primera vez en toda la conversación, se ríe.

—Lo harás bien. Escríbeme si necesitas algo. Te quiero.

—Y yo a ti.

Cuelgo y tomo aire, intentando averiguar cómo salir de esta. Ser menos yo y más Everly… Lo tengo jodido.

* * *

No me da tiempo a pensar en cómo hacerlo mejor, porque mi madrastra me lleva a probarme vestidos, a la peluquería, tras una sesión de masaje, y a la manicura.

Luego, me maquillan y, cuando me miro en el espejo, no reconozco a la persona que tengo delante.

Sobre todo, por el pelo estirado en un moño.

Odio llevar el pelo recogido del todo.

Hago una foto y se la mando a Lia, que me llama de inmediato.

—¿Qué narices te han hecho?

—No lo sé. Llevo un moño de vieja en la cabeza. —Se ríe.

—Es un moño elegante… Horrible. ¿Y el maquillaje? Te han echado años encima. —Se sigue riendo—. Mira, Seth.

—¿Qué narices te han hecho? Estás ridícula, Elara.

—Gracias, Seth, por tus ánimos. ¡No puedo cambiarme!

—Bueno, esa gente no te conoce y así te pareces más a tu hermana… Aunque ella es morena, con ojos verdes. —Yo tengo el pelo más castaño, con destellos dorados, y Everly lo tiene casi negro—. Pero, por lo demás, iguales.

—Sí, parezco la versión barata de la hija perfecta que ha entrenado durante años —señalo, algo agobiada—. Solo tengo que estar quieta, sonreír y asentir. No puede ser tan complicado.

—La vas a cagar —dice Seth, tranquilo.

—¡Largo de aquí! —le grita Lia y cierra la puerta—. Ya estamos solas. Tú solo intenta pensar en que tu padre se siente orgulloso de ti y por eso quiere mostrarte su mundo. Antes no podía porque tu madre no quería, pero ahora es libre de poder ser contigo el padre que deseaba. Dale una oportunidad.

—Sí, eso estoy haciendo desde que llegué. —Tomo aire—. Temo ser más yo que Everly esta noche y caerme de bruces contra el suelo.

—Supongo que tu hermana ha tenido años para practicar, pero seguro que un día estuvo tan nerviosa como tú, por el temor a no estar a la altura. Esto te hará entenderla mejor.

—Eso sí. Deséame suerte.

—Suerte, y ahora sonríe y asiente como el mejor mueble de la sala. —Se ríe y me cuelga.

Tomo aire y llaman a la puerta. Me toca representar el mayor papel de mi vida.