Capítulo 4
Elara
Bajé a la piscina y miré el agua cristalina.
Me quité la camiseta, que llevaba rasgada, porque estaba en mi etapa de creer que sabía de moda, pero no tenía ni idea.
Toqué el agua con los dedos del pie y pensé en la zambullida que me iba a pegar en esa piscina que nadie usaba nunca, porque mi hermana odiaba que el pelo se le rizara.
Mi madre no quería salir de su dormitorio y mi padre estaba demasiado ocupado para bañarse.
—Vamos, lo estás deseando.
Miré hacia las hamacas y vi a Joss.
Odié encontrarlo allí. Hacía una semana que estaba en esa casa como invitado de mi hermana.
Intentaba, de verdad, no mirarlo embobada y no sonreír por todo lo que decía.
Me gustaba su forma de contar las cosas, con ese aire serio, pero con un deje chulesco. Sentía que había mucho más de lo que me mostraba y me recordó un poco a Seth. Aunque uno era rubio y otro moreno.
Mi hermana lo trataba como si fuera un añadido más en su vida y no alguien a quien quisiera. Siempre le decía cómo debía posar y qué fotos debían hacerse para las redes sociales.
Por lo que yo sabía, entre ellos no había habido ni besos ni caricias.
No entendía cómo podía ser novia de Joss y no pasarse la noche besando esa boca tan atractiva y sus hoyuelos.
—¿Te animas? —le pregunté.
—No, no puedo.
—¿Por? —Le eché agua con el pie.
—No seas mala.
—No soy mala. Es que no entiendo cómo podemos estar de vacaciones de verano y que nadie se meta en la piscina o se vaya a la playa. Vivo en una casa de aburridos.
—Es complicado. —Le tiré más agua—. Para, Elara.
—No quiero. Está muy buena.
—Pues no veo que te metas —me retó y lo acepté.
Me tiré de cabeza al agua y luego me hice la ahogada.
Si tenía corazón, se tiraría para ver por qué no emergía.
No tardó en seguirme. Se tiró y me cogió para sacarme fuera del agua.
Le salpiqué y me reí por su cara de susto.
—¿Era una broma?
—Bueno, siempre podrás decir que no te querías bañar, pero me estaba ahogando y tenías que salvarme. —Le eché agua a la cara y nadé por la piscina.
Lo miré de reojo y vi que dudaba si hacer lo que deseaba o seguir las órdenes, que no sabía quién se las había dado. ¿Qué clase de vida era esa en la que no podía disfrutar de sus propias decisiones?
—¿Se puede saber qué haces, Joss? —Everly salió agitada.
—Me estaba ahogando —le dije y mi hermana me miró preocupada—. Estoy bien.
—Vale, tenemos cinco minutos. ¿Puedes cambiarte antes del directo que quiero hacer para mis seguidores?
—Claro, cómo no.
Joss salió del agua y entró en la casa, sin importarle mojar todo el suelo.
No entré tras él. Me quedé en la piscina hasta tarde y luego me fui a la playa para darme un baño al atardecer.
Estaba dentro del agua salada cuando escuché a alguien acercarse. Miré de reojo y vi a Joss, que llevaba su ropa de pijo estirado, pero no le importaba que se mojara.
—¿Eres libre?
—Qué pregunta más rara es esa, Elara.
—No es rara, si estás aquí con cara de enfado y mojando tu ropa tan cara, y tan horrible. —Se rio.
—No es horrible.
—Si a ti te gusta…
—Qué más da lo que me guste. —Se quedó observando el atardecer—. Mira el atardecer, que es mejor no decir nada que estropee este momento.
Lo contemplé, tal y como me había pedido, pero a su lado, sintiendo que mi corazón latía como un loco y que me moría por girarme para mirarlo a él, en vez del gran sol que se despedía hasta el día siguiente.
Al final, lo hice.
Me giré y se giró, y nuestras miradas se congelaron en el tiempo.
—No cambies nunca —susurró, con una tristeza que me partió el alma.
Luego, se fue y no lo volví a ver.
Se marchó de la casa y poco después, tras regresar mi hermana a Nueva York, rompieron.
Nunca supe por qué.
Le conté a Everly todo, porque temí haber hecho algo malo ese verano.
Ella solo me miró y me dijo: es mi novio. No añadió más. Tampoco la razón por la que rompieron.
Everly no expresa nunca sus emociones. Solo finge en las redes que es una chica perfecta, que nunca sufre, pero yo sé que sí lo hace. Aunque nunca me abra su corazón.
Tal vez, porque no sabe, o porque somos mellizas, pero nunca ejercimos como tal.
Al fin y cabo, no somos como las gemelas que nacen de un mismo óvulo. Nosotras estuvimos separadas en el vientre de nuestra madre y luego… también. Hay lazos que no se forman si no los cultivas y el nuestro está ahí, a la espera de ver cómo evoluciona con este nuevo experimento de nuestros padres.
Solo espero que tener a Joss cerca no sea un problema entre nosotras, porque no soportaría perderla.