Capítulo veintidós #3
—¡Fue Alice, maldita sea! —maldije—. Debió de plantarle un micrófono a Marisol de alguna manera. Así es como Orlov supo cuándo y cómo encontrarnos. Por eso estaba preparado y equipado para derribarme.
—Joder, joder y rejoder —maldijo Jax—. ¿Cómo coño se nos pasó esto?
—No teníamos forma de saberlo —dijo Trev—. Hasta ahora.
—Como Orlov está muerto, tampoco tenemos forma de verificar nada de esto. —Kass soltó un resoplido de frustración.
—Hum. —Pensé en ello—. Puede que haya una forma.
—Ojalá hubiéramos capturado vivo al ruso. —Kass se pasó los dedos por el pelo rapado y dejó caer la mano—. Interrogarlo era nuestra mejor baza para llegar a su jefe. Era el único vínculo sólido que teníamos con Zero Tango. Ahora ya no podemos.
—No voy a decir que me entristezca que Orlov esté muerto —aventuró Lexi en voz baja.
—Yo tampoco. —Emme se encogió de hombros—. Lo siento, pero no puedo sentirme mal de que se haya ido. Probablemente estemos un poco mejor, más seguros, sin Orlov.
—Las sabias de la casa han hablado y estoy de acuerdo. —Max sonrió a Emme, luego tomó la mano de su esposa y le besó los nudillos—. Lo siento, Lexilicious. No quise ser un capullo. Intentaré controlar un poco más al imbécil que llevo dentro.
Lexi se refugió en sus brazos. —Y yo tendré cuidado con nuestro bebé, lo prometo.
—Yo también pido perdón. —Jax rodeó la cintura de Emme y la atrajo hacia sí—. Y no voy a mentir. Me alegro de que Troy neutralizara a ese hijo de puta.
—Yo no neutralicé a Orlov. —Hice una pausa para que el dato calara y respiré hondo—. Marisol neutralizó a Orlov.
—¿Marisol? —graznó Kass.
—¿Marisol? —Jax y Trev se quedaron boquiabiertos, repitiendo la incredulidad de Kass.
—¿Esa cosita de mujer? —Apollo se quedó mirando atónito—. ¿Ella neutralizó a Orlov?
—No solo neutralizó a Orlov —dije, sin poder ocultar el orgullo en mi voz—, sino que cuando volé hacia la trampa de Orlov, intentó advertirme.
Estaba demasiado cabreado para hacerle caso, y por eso ese cabrón me alcanzó.
Después de que me estrellara, Marisol me liberó del cinturón y me ayudó a escapar del helicóptero en llamas.
—Vaya. —Emme intercambió una mirada con Lexi antes de volver a mirarme—. ¿Entró en el fuego y te liberó del cinturón?
—Afirmativo —dije—. Y después de que le ordenara ir a Res, se quedó escondida entre las rocas y disparó a Orlov cuando estaba a punto de matarme.
—Joder, increíble. —Jax se quedó boquiabierto.
Apollo negó con la cabeza, asimilando unos hechos que a mí todavía me dejaban atónito. —¿Qué va a decir el sheriff de todo esto?
—Nada —miré de Kass a Jax—. ¿Me equivoco?
—Afirmativo —dijo Jax—. Para el sheriff local, esto fue un ataque contra ti y Marisol nunca estuvo allí.
—Bien hecho. —Les dediqué una sonrisa agradecida—. Puede que vosotros dos gorilas tengáis madera de arreglalotodo después de todo.
Kass se pasó una mano por la cara, murmurando una retahíla de maldiciones entre dientes.
—¿Qué? —La expresión de Kass hizo que se me revolviera el estómago.
—Encerré a Marisol en la suite y no fui precisamente amable. —Hizo una mueca mientras se encogía de hombros—. O sea, te mintió y luego te dejó tirado. No sé si podré perdonarla nunca por esa mierda.
Los demás asintieron, dándole la razón a Kass.
—Puse guardias armados para que no volviera a escapar —añadió Kass—. Ya sabes. Por si acaso.
—Oh, Kass. —Emme le pasó el brazo por los hombros—. No lo sabías.
—Fui duro. —La mirada prolongada que me lanzó Kass me recordó que era una de las pocas personas en el mundo que conocía mi historia—. Le dije cosas que debería haberme callado. Lo siento, tío.
Algún día le iba a partir la cara a Kass. Pero no esta noche. Esta noche entendía sus impulsos. —Creo que ya hemos hablado bastante de esto por esta noche.
Kass me cubría las espaldas. No podía enfadarme por eso.
Su reacción no había sido mala decisión, dado que Marisol huyó y necesitábamos retenerla para protegerla.
Pero considerando lo que había hecho, cómo se mantuvo a mi lado y luchó por mi vida con todo su pequeño pero poderoso ser, tampoco era una decisión justa.
Miré a Max. —¿Cómo vamos con Rivera?
—Lo tenemos vigilado las veinticuatro horas. Apollo instaló dispositivos de vigilancia por todo el hotel de Rivera, su coche y su séquito. Para ser un médico pijo, el matasanos resulta útil.
—¡Eh! —Apollo levantó las manos—. Gracias por el voto de confianza, supongo.
—Rivera se ha quedado en su hotel por esta noche —continuó Max—. Si se tira un pedo, lo oiremos.
—Eso nos da un poco de tiempo. El resto de la noche, al menos. —Me giré hacia Trev—. ¿Algo sobre Orlov y sus mercenarios que nos lleve a Zero Tango?
—Todavía estamos procesando las pruebas —dijo Trev—. Trabajamos sin descanso y tendremos noticias del sheriff y del forense por la mañana.
—En ese caso, nos reagrupamos a primera hora. —Me dirigí al ascensor.
—Eh, ¿cabeza hueca? —llamó Apollo—. Tienes que guardar reposo.
«Solo si cierta persona estaba en la cama conmigo». —Ya iré.
—¿Adónde demonios crees que vas?
—A asegurarme de que Zero Tango no nos esté escuchando. —«Y a reconectar con el ser humano obstinado, exasperante e increíble que me había salvado la vida».