Tropezar contigo Chapter 5 #3
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Chapter 5 #3

Y se fue, así, dejándola quieta en mitad de la escalera, con el pulso desacompasado por completo y una necesidad ridícula de volver a escuchar cómo decía su nombre.

La lluvia empezó a golpear los ventanales media hora antes de terminar el siguiente ensayo. Primero parecía suave, pero comenzó a ser más constante y fuerte, tanto que como no saliesen rápido iban a tener que quedarse un buen rato a resguardo.

La mayoría recogía rápido, quejándose del tiempo y mirando el móvil para pedir taxis o esperar a que escampara. Violet fingió seguir revisando unas notas solo para no tener que salir todavía, o quizás lo hacía por otra cosa.

Nico seguía en el piano, con las mangas remangadas de nuevo. Maldito detalle.

Probaba acordes distraídos mientras el resto desaparecía poco a poco de la sala, como si no tuviera ninguna prisa por irse.

El profesor terminó guardando unas carpetas y levantó la vista hacia ellos.

—No os vayáis aún. La segunda pieza sigue descompensada.

Perfecto. Violet ni siquiera intentó disimular el pequeño desastre que le provocó esa frase en el pecho.

Cuando por fin la puerta se cerró detrás del último alumno, el silencio cambió por completo. La lluvia golpeaba los cristales, las luces eran cálidas. El piano emitía un dulce sonido como un susurro.

Nico levantó la vista, despreocupado.

—Desde el puente otra vez.

Violet colocó el saxofón despacio.

—Empiezo a pensar que disfrutas haciéndome repetir esto.

—Empiezo a pensar que te distraes a propósito.

Ella alzó la mirada de inmediato, y ahí estaba, la primera vez que él lo decía directamente.

—¿Perdón?

Nico dejó caer las manos sobre las teclas con calma.

—Me miras demasiado cuando tocamos.

Se hizo un completo silencio, y el corazón de Violet dejó de saber comportarse.

—Eso es mentira.

La media sonrisa de él apareció lenta pero mortal.

—¿Sí?

Violet abrió la boca, aunque la cerró otra vez, rápido, porque no tenía defensa posible.

Nico empezó a tocar antes de que pudiera responder, y la melodía llenó la sala despacio, lenta, íntima, lo que fue mucho peor, porque Violet intentó concentrarse, de verdad que lo hizo, pero no podía.

Entonces él se levantó del banco y caminó hacia ella.

El pulso le dio un golpe seco.

—No —murmuró Nico—. Así no.

Se colocó detrás de ella, cerca, demasiado cerca. Violet mantuvo el aire en los pulmones cuando sintió el calor de su presencia en la espalda.

—Relaja los hombros —dijo él, con voz baja.

Ella intentó bajar la postura, pero la rigidez no cedía. Nico soltó una risa apenas audible y apoyó una mano en su cintura para corregir la inclinación. El contacto fue breve, técnico, pero bastó para que el ritmo de la respiración de Violet se rompiera por completo.

Entonces Nico inclinó la cabeza cerca de su oído.

—Estás rígida.

«Porque me estás tocando», pensó ella de forma inevitable, pero por suerte, Violet conservó la poca dignidad suficiente para no decirlo en voz alta.

La otra mano de él subió despacio hasta su brazo, guiando la posición correcta del saxofón.

Cada roce empeoraba todo.

—Así —murmuró Nico.

Su respiración le rozó el cuello. Error. Error gigantesco.

Violet dejó de entender absolutamente cualquier explicación musical a partir de ahí. Solo podía notar la mano en su cintura, sus dedos, el calor de él detrás, la cercanía, el olor de su perfume mezclado con lluvia…

Nico debió notar algo, porque se quedó quieto un segundo demasiado largo. Y Violet tuvo la sensación peligrosísima de que él también estaba dejando de respirar normal.

El silencio entre ambos empezó a volverse enorme, pesado y muy muy tenso.

Entonces, Nico habló, más grave esta vez.

—Violet…

Desastre total. Ella giró apenas la cabeza. Y eso fue un error todavía peor, porque quedó demasiado cerca de su cara. Demasiado. Podía verlo bajar la mirada a sus labios. Otra vez. Pero esta vez no solo un segundo, esta vez se quedó ahí.

La mano de Nico seguía en su cintura. Ninguno se movió. La lluvia golpeando las ventanas, la respiración entrecortada, el piano todavía vibrando detrás.

Y entonces, la puerta del pasillo se cerró de golpe en algún lugar del edificio. Los dos reaccionaron apenas un instante tarde.

Nico apartó la mano primero, como si acabara de recordar algo, como si aquello hubiera ido demasiado lejos.

Violet tragó saliva lentamente y él dio un paso atrás, después otro.

—Otra vez desde el puente —dijo, pero ya no sonó igual.

Nada sonaba igual.

Nico ya estaba sentado cuando Violet llegó al siguiente ensayo. Esta vez no levantó la vista enseguida. Error. Porque Violet se había acostumbrado a que lo hiciera.

Dejó el estuche junto a la silla, intentando ignorar el pequeño vacío incómodo que le provocó aquello.

—Llegas tarde —dijo él al final.

Pero esta vez sonó distinto. Más medido, más cuidadoso.

Violet lo miró de reojo.

—Y tú pareces enfadado.

La mano de Nico se detuvo un segundo sobre las teclas.

—No estoy enfadado.

Mentira, probablemente. Y eso lo empeoraba todo.

Nico volvió a tocar, pero Violet notó enseguida que algo había cambiado.

Ya no fluía igual. Las notas seguían siendo perfectas, sí, pero había tensión debajo.

Una tensión contenida. Como si él estuviera concentrándose demasiado en mantener las manos ocupadas.

Y eso, por alguna razón, le afectó aún más.

Violet levantó el saxofón despacio.

—¿Desde el puente? —preguntó ella.

—Sí. —Respuesta corta, no podía centrarse en algo más elaborado.

Ella entrecerró los ojos.

—Definitivamente estás enfadado.

Nico soltó aire por la nariz, casi una risa cansada.

—No estoy enfadado contigo.

Dijo «contigo», no «no estoy enfadado» sin más. Algo había. Violet notó el pequeño cambio enseguida.

—Entonces sí estás enfadado.

Él dejó de tocar y se hizo un profundo silencio en el que los dos se miraban.

La lluvia golpeaba los ventanales con fuerza, llenando la sala de un ruido constante, íntimo, aislándolos del resto del mundo.

Nico apoyó los antebrazos sobre el piano.

—Creo que deberíamos dejar de hacer esto.

El corazón de Violet se detuvo tan fuerte que hasta dolió.

—¿Hacer qué?

Él levantó la vista hacia ella, despacio. Y ahí estaba por primera vez: Nico parecía cansado de contenerse.

—Mirarme así.

El aire se volvió peligrosísimo. Violet tragó saliva.

—Tú también me miras.

—Lo sé. —Demasiado rápido, demasiado sincero.

Eso le recorrió el cuerpo entero.

Nico bajó la mirada un instante, como si estuviera intentando ordenar sus pensamientos y sentimientos por dentro antes de volver a hablar.

—Y empieza a ser un problema.

Violet debería haberse apartado ahí. Debería haber cogido el estuche, haber hecho alguna broma absurda y salir de la sala, en cambio, dio un paso hacia él, solo uno.

Error. O no. Porque Nico levantó la cabeza de inmediato al sentirla más cerca.

La tensión entre ambos se tensó tanto que parecía romperse de un momento a otro.

—No parece que quieras que pare —murmuró ella.

Él soltó una risa mínima, incrédula.

—Violet…

Su nombre volvió a sonar grave. Íntimo. Ella sintió un escalofrío lento bajar por la espalda.

—¿Qué? —susurró.

Nico se levantó despacio del banco del piano. Ahora estaban demasiado cerca otra vez. Pero esta vez no había partituras de por medio, ni excusas, ni música. Solo ellos.

Violet podía notar la respiración de él mezclándose con la suya.

El silencio empezó a pesar alrededor. Se podía incluso oír el latido de ambos corazones galopar al mismo compás.

Nico le sostuvo la mirada unos segundos interminables antes de hablar.

—Llevo días intentando no besarte.

Desastre absoluto. Violet sintió cómo algo se revolvía en su estómago, porque no era su imaginación, no eran solo cosas suyas. No, no estaba loca.

Y lo peor fue la forma en la que él lo dijo, como si estuviera agotado, cansado de tanto aguantar. Como si resistirse le estuviera costando muchísimo más de lo que aparentaba.

Ella dejó escapar una risa nerviosa.

—Pues se te da fatal disimular.

Eso le arrancó una sonrisa pequeña, breve y muy peligrosa.

Después, Nico dio medio paso más, solo medio, pero lo suficiente.

—Tú tampoco ayudas mucho —murmuró.

Violet ya no sabía quién se había acercado primero cuando sus manos terminaron agarrando con suavidad la camiseta de él. Solo sabía que Nico dejó de respirar normal en el mismo instante.

Y entonces, él la besó. Por fin. Lento primero, como si todavía estuviera dándose la oportunidad de parar. Pero Violet respondió demasiado rápido para eso.

El beso rompió algo, toda esa tensión acumulada durante días explotó de golpe entre ambos: la música, las miradas, los silencios, las respiraciones contenidas, los «casi».

Nico soltó aire en una especie de rendición silenciosa, antes de acercarla más hacia él por la cintura. «Y madre mía. La mano de Nico en su cintura fue muchísimo peor ahora que sabía con exactitud cómo se sentía besarla».

Violet notó cómo él perdía por fin parte de esa calma insoportable, porque Nico la besaba como tocaba el piano: despacio al principio, sintiéndolo todo, hasta que dejaba de contenerse.

La espalda de Violet chocó suavemente contra el borde del piano y una nota grave sonó de forma accidental bajo el peso de la mano de Nico.

Los dos soltaron una pequeña risa contra la boca del otro, y eso lo empeoró todo, porque volvió el beso otra vez, más cálido, más hambriento.

El sonido de la lluvia cayendo fuera seguía siendo su banda sonora en aquel momento.

El piano aún emitía restos de vibración detrás de ella.

Y Nico tenía una mano firme en su cintura mientras la otra subía despacio hasta su cuello, como si necesitara tocarla para convencerse de que aquello estaba pasando de verdad.

Cuando se separaron apenas unos centímetros, los dos respiraban con dificultad.

Violet apoyó la frente contra la de él, todavía sujetando su camiseta.

—Esto sí que está descompensado —susurró ella.

Nico soltó una risa baja, derrotada esta vez.

—Muchísimo.