Chapter 5 #2
Violet soltó despacio el estuche mientras él se inclinaba un poco para mirar la cremallera. Sus dedos rozaron los de ella apenas un instante y, aun así, la sensación le subió por el brazo completa.
Ridículo. Era absolutamente ridículo.
Nico tiró con suavidad, y la cremallera cedió enseguida.
—Listo.
Pero ninguno de los dos soltó el estuche de inmediato.
Violet levantó despacio la vista. Él también la estaba mirando. Muy cerca.
Otra vez ese silencio raro, denso.
La mirada de Nico descendió un segundo hacia su boca, solo un segundo, pero Violet lo vio. Y él supo que lo había visto.
Algo cambió ahí. Pequeño, sutil, irreversible.
Nico soltó primero el estuche y dio un paso atrás.
—Deberías practicar esa parte mañana —dijo con voz neutra—. La entrada lenta todavía te cuesta.
Violet tardó un instante en recordar de qué estaban hablando, solo podía fijarse en sus labios moviéndose a cámara lenta mientras él hablaba.
—Claro.
Él asintió y se pasó una mano por la nuca.
—¿Vas andando?
—Sí.
—Yo también.
Perfecto. Perfectísimo.
Salieron juntos de la escuela de música mientras la noche terminaba de caer sobre la ciudad.
La calle olía a lluvia reciente y empezaba a refrescar. Caminaron en silencio al principio.
Violet notaba demasiado a Nico a su lado. El sonido de sus pasos. El roce ocasional de sus mangas cuando caminaban muy cerca. Su presencia tranquila ocupándolo todo sin ni siquiera intentarlo.
—¿Cuánto llevas tocando? —preguntó él.
—Desde los nueve.
—Mucho tiempo.
—Mi padre insistió.
—Se nota.
Ella lo miró con cierta sorpresa.
—Eso ha sonado casi a cumplido.
—Lo era.
Y ahí estaba ese calor lento, incómodo, muy pero que muy peligroso.
—Bueno, ¿y ahora no insiste?
Violet miró al frente.
—Ahora ya no sé quién insistiría más.
Nico sonrió levemente.
—Se nota que te gusta.
Ella giró un momento la cabeza hacia él.
—¿Tanto se nota?
—Cuando tocas de verdad, sí.
El comentario le recorrió la piel, despacio, sintiendo cómo se le erizaban los vellos.
Porque había dicho «cuando tocas de verdad», como si hubiera notado la diferencia entre tocar de verdad, concentrada, y tocar en clase, por pura «obligación».
Como si la hubiera estado mirando más de la cuenta, fijándose bien en cada detalle.
Llegaron a un semáforo en rojo y se detuvieron. La ciudad no se detenía ni un segundo. Coches pasando con prisa sobre el asfalto húmedo, conversaciones perdidas, música escapando de algún bar, risas entre amigos que van de un lado a otro...
Nico estaba tan cerca que Violet podía notar el calor de su cuerpo incluso sin tocarlo.
Él bajó la vista hacia ella, a su cuerpo en tensión con los labios entrecerrados. Violet tuvo una certeza absurda y peligrosa: si alguno de los dos se inclinaba apenas unos centímetros, todo cambiaría.
El semáforo se puso en verde, pero ninguno se movió de inmediato.
Después, Nico apartó la mirada primero.
—Buenas noches, Violet.
La forma en que dijo su nombre fue un problema, por lo que tragó saliva con demasiada dificultad.
—Buenas noches… Nico —se despidió, y le siguió un involuntario suspiro.
Y lo vio alejarse calle abajo con las manos en los bolsillos y esa calma insoportable que parecía llevar pegada a la piel.
Violet esperó hasta perderlo de vista para soltar el resto del aire que seguía conteniendo.
Mal. Muy mal. Porque apenas era el primer ensayo.
El segundo ensayo llegó, y el profesor les mandó a quedarse de nuevo al final de clase. Violet no sabía si porque lo hacía mal por ponerse nerviosa o es que la sola presencia de él, rodeados de tanta gente, le descentraba más que estando los dos a solas.
—Sigues entrando tarde. Creía que ya lo habías logrado.
Nico levantó la cabeza para mirarla cuando ella no respondió enseguida.
—Violet.
Su nombre en boca de él sonó lento, grave… Ella pestañeó, obligando a su mente a volver a la sala de ensayo y mirar la partitura, sus labios la estaban provocando demasiado.
—Sí. Ya… ya lo veo.
Mentira. No estaba viendo nada en absoluto, porque Nico volvía a estar muy cerca, quizás aún más que el otro día, por lo que esos cosquilleos en su interior eran aún más intensos.
Él estaba apoyado con delicadeza sobre el piano, con una mano descansando al lado de la partitura y la otra todavía cerca de las teclas. Violet podía notar el calor que desprendía incluso sin tocarlo de verdad. Y lo peor era que él parecía completamente ajeno a ello.
O quizás no.
—No tienes que correr —murmuró él—. La pieza funciona mejor cuando respiras con ella.
Violet dejó escapar una pequeña risa nerviosa.
—¿Respirar con ella?
—Sí.
Nico levantó la vista entonces y le dedicó una mirada directa, tranquila.
—La música también tiene tensión.
El silencio que quedó después fue peligrosísimo, porque Violet entendió demasiado bien a qué se refería. O creyó entenderlo.
Se apartó un poco antes de que su cuerpo hiciera alguna estupidez, el corazón le latía tan fuerte que por un momento creyó que incluso él podría oírlo.
—Vale, maestro zen. Probemos otra vez.
Esta vez Nico sí sonrió. «Mal. Errata de imprenta. Error de edición», pensó ella.
Volvieron a colocarse. Violet respiró hondo mientras levantaba el saxofón y Nico dejaba caer las manos sobre el piano.
La melodía empezó despacio, más lenta que antes, más íntima. Y por primera vez, Violet dejó de intentar adelantarse. Se dejó llevar por él. Por el ritmo que marcaba. Por las pausas. Por la manera en que Nico parecía sentir cada nota antes de tocarla.
Era absurdo. La estaba desarmando solo con música.
Cuando llegaron al fragmento complicado en que siempre fallaba, él levantó un ápice la mirada hacia ella, anticipándose al momento exacto. Violet entró entonces justo a tiempo. Perfecto.
Nico asintió. Y ese simple gesto le provocó un calor ridículo bajo la piel.
Terminaron la pieza y el último acorde quedó suspendido unos segundos en la sala vacía.
Ninguno habló enseguida.
Violet bajó despacio el saxofón.
—¿Ves? —dijo él al final—. No era tan difícil.
—No te acostumbres a que te haga caso.
—Demasiado tarde. —El tono tranquilo con el que lo dijo le apretó algo dentro, sobre todo cuando se fijó en esa sonrisa ladina que la desarmaba por completo.
Nico giró la cabeza y empezó a cerrar las partituras, pero Violet seguía observándolo sin querer.
Las mangas remangadas hasta los antebrazos, algo musculosos, con la piel algo tostada.
Los dedos largos moviéndose con calma. La concentración relajada que tenía incluso haciendo algo tan simple como ordenar papeles.
Todo en él parecía lento y seguro, una seguridad tremendamente sexy.
Como si jamás se pusiera nervioso, cosa que en ella era todo lo opuesto.
—¿Siempre eres así? —preguntó ella sin pensar.
—¿Así cómo? —Él levantó una ceja.
Mierda.
—No sé. Tranquilo.
Nico soltó una risa baja.
—¿Y tú siempre estás enfadada con el mundo?
—No estoy enfadada con el mundo.
—No, qué va.
Ella rodó los ojos, aunque tuvo que contener una sonrisa.
—Solo me caen mal las personas demasiado relajadas.
—Entonces te voy a caer fatal.
Otra vez esa media sonrisa, esa que Violet odiaba el efecto que le hacía.
Se hizo un silencio breve mientras él cerraba la tapa del piano.
Violet se agachó rápidamente para guardar el saxofón, solo para hacer algo con las manos. Nico se dispuso a seguir ordenando sus partituras, y durante unos segundos solo se escucharon cremalleras y papel moviéndose.
Luego él habló otra vez.
—El sábado vas a ponerte nerviosa.
Ella alzó la cabeza enseguida.
—¿Perdón?
—En la actuación.
—No me pongo nerviosa.
Nico inclinó la cabeza, estudiándola.
—Claro que sí.
—No.
—Te muerdes el interior de la mejilla cuando intentas disimular.
Violet se quedó quieta, porque tenía razón, y porque ella no se había dado cuenta de que él la observaba tanto.
Nico pareció notar el cambio en su expresión.
—Solo me fijo —dijo con calma, encogiéndose de hombros, y eso era incluso peor.
Violet cerró el estuche con demasiada fuerza.
—Bueno, pues deja de fijarte tanto.
Nico sostuvo su mirada algún segundo más de lo normal.
—Podría intentarlo.
La forma en la que dijo «intentarlo» le revolvió el estómago.
A Violet se le olvidó cómo se tragaba saliva.
La tensión empezó a crecer precisamente ahí, en las pausas, en todo lo que ninguno decía, en cómo Nico la miraba sin prisa mientras ella fingía que aquello no le afectaba. Y Violet estaba perdiendo, estaba claro.
—Te acompaño —preguntó él.
—Sé salir sola, gracias.
—Eso no es excusa.
Ella debería haber dicho que no, de verdad que debería haberlo hecho, pero acabó encogiéndose de hombros.
—Como quieras.
Salieron juntos de la sala. El edificio estaba mucho más silencioso ahora. Solo algunas luces encendidas en los pasillos y el eco lejano de una puerta cerrándose en otro piso.
Violet caminaba ligeramente por delante de él, consciente de su presencia detrás. Demasiado consciente.
Cuando llegaron a la escalera, Nico habló otra vez.
—Tocas mejor cuando dejas de pensar.
—¿Siempre analizas tanto a la gente?
—Solo a quienes me interesan.
El corazón le dio un golpe innecesario. Violet giró la cabeza hacia él demasiado rápido.
Nico seguía bajando los escalones con tranquilidad, con las manos en los bolsillos, como si no acabara de soltar algo capaz de desordenarle el cuerpo entero.
—No coquetees conmigo —dijo ella antes de poder evitarlo.
Él levantó la vista despacio.
—¿Eso estoy haciendo?
La tensión entre ambos se tensó todavía más. Violet tragó saliva.
—Lo sabes perfectamente.
Nico llegó al mismo escalón que ella y se detuvo. Cerca. Otra vez muy cerca. Demasiado cerca.
—No lo sé —murmuró—. Creo que tú también lo haces.
La voz le salió más grave esta vez, más baja. Y ella soltó una pequeña risa, incrédula.
Violet notó que el aire parecía distinto alrededor de él. Como más denso.
Nico bajó la mirada hacia su boca un segundo. Solo uno, pero Violet lo vio, y el cuerpo reaccionó antes que la cabeza.
Un calor lento bajándole por el cuello, la respiración algo más corta.
Él volvió a mirarla a los ojos, sin apartarse, sin romper nada de aquello.
—Buenas noches, Violet.