Capítulo 16
Sé que mis amigos evitan a Caronte.
Pero también sé que puede ser más que un dios arrogante.
Del diario de la princesa Elena
J adina
Unos minutos más tarde, todo mi grupo estuvo sentado en una de las fuentes termales y ninguno de nosotros pudo reprimir un gemido de placer.
Entendí por qué era el lugar favorito de Eline. Ella, Flavia e Ida nos dejaron allí para retirarse a sus cabañas. Pero no sin antes prometernos que volverían más tarde para continuar con la visita guiada por el asentamiento.
Con los ojos cerrados, tumbada en el agua hasta la barbilla, me pregunté dónde pasaríamos la noche. La cabaña de Eline solo tenía un lecho estrecho y era demasiado pequeña para todos nosotros.
—Ay, qué bien se siente —suspiró Fely a mi lado, e incluso Nayda parecía completamente relajada.
—¡Joder! ¡Qué bien se está aquí! ¡Se siente incluso mejor que follar! —maldijo la jinete de dragón y las mujeres nos echamos a reír.
Los dos hombres daban la impresión de que se iban a quedar dormidos en cualquier momento. Desde nuestra huida de Gronus, habíamos estado bajo una tensión constante y nos sentaba bien poder liberarnos de ella, al menos por un momento.
Éramos conscientes de todo lo que nos esperaba y de que tampoco aquí estábamos a salvo, pero el agua caliente nos hacía olvidar esos sucesos por un momento.
—¿Creen que podremos sacar a las mujeres y a los niños de Dragonfall en secreto? —interrumpió Dex el silencio y, con ello, el momento de relajación total.
—Flavia dijo que todavía había al menos dos espías rebeldes en el castillo, así que estoy segura que podría organizarse.
La maldita pregunta es cómo llegar al palacio sin ser vistos y luego infiltrarnos.
Descubrirían a nuestros dragones desde la lejanía.
—Nayda se pasó la mano por la cara, que quedó cubierta de pequeñas gotas de agua.
—¿Y cómo sacamos a tanta gente del castillo? —preguntó Lenn—. Recuerden que la única forma de salir es a lomos de un dragón. —El chico sacudió la cabeza como si pensara que esa empresa estaba condenada al fracaso.
—Los dragones —dijo Dex—. Tenemos que ponerlos al corriente y pedirles que saquen a las mujeres y los niños del castillo. Bastará con que los lleven hasta el pie de la montaña. Desde allí tendrán que correr hasta el asentamiento. Al fin y al cabo, Eline y Flavia también lo consiguieron.
—Pero ¿cómo nos haremos invisibles para que no nos descubran antes de entrar?
—preguntó Fely, y Lenn soltó un gruñido de frustración antes de sumergirse por completo en el agua.
Limycu, que estaba sentado detrás de mi cabeza en un pequeño charco fuera de la piscina caliente, parloteaba emocionado. Al parecer, se estaba divirtiendo.
—Ahora sé cómo tejer un escudo, pero tampoco puedo hacerme invisible.
El parloteo de Limycu se hizo cada vez más fuerte. Curiosa, me volví para mirarlo. Saltaba emocionado en el agua.
—¿Te gusta, pequeño? —le pregunté, pero su parloteo se volvió cada vez más agresivo. ¿Supuse mal? ¿No se estaba divirtiendo?—. ¿Qué pasa?
Preocupada, me volví hacia él.
—¿Quizás el charco está demasiado caliente? —caviló Fely y metió un dedo en él.
—¿Demasiado caliente para un fénix? ¿No se rodea de fuego? —cuestionó Dex nuestras dudas.
—No, el agua en realidad está fría. Quizás deberíamos añadir un poco de la fuente —dijo la vile volviéndose hacia mí.
Saqué agua con las manos y la dejé caer lentamente en el pequeño baño del pajarillo. Mientras tanto, Fely siguió controlando la temperatura.
—Ahora debería estar bien —dijo, pero el estado de ánimo de Limycu no mejoró con el aumento de la temperatura. Seguía saltando arriba y abajo, cacareando con fuerza.
—¿Qué pasa? ¿Te duele algo? ¿Tienes hambre? ¿No te encuentras bien? —le pregunté mientras le acariciaba con un dedo. Se detuvo y se inclinó hacia mi mano—. Ah, ¿te faltaba un poco de cariño? —me reí y seguí acariciándolo.
—Tenemos que encontrar una forma de entrar en el maldito castillo sin que nos vean. Y eso es imposible —jadeó Nayda ahora que Limycu se había calmado—. No me gusta decirlo, pero creo que podemos olvidarnos de esta operación de rescate.
—Nayda tiene razón —coincidió Lenn, que emergió del agua en aquel momento, y Dex también asintió con tristeza.
—No lo descartemos todavía —les pedí a los tres.
—Exacto —intervino Fely—. Quizás aún encontremos una manera.
—No lo creo, pero podemos dormirnos sobre ello antes de decirle a Ida que no tenemos ningún plan.
O solo medio plan. —Nayda salió del agua y los dos hombres levantaron la cabeza hacia el techo con un movimiento seco, avergonzados—.
Ahora voy a ver si encuentro a ese cazador arrogante para hablar con él sobre nuestro plan de entrenamiento.
—Agarró una de las toallas apiladas por todas partes y corrió hacia la puerta que daba al vestuario de las mujeres.
Poco después, Dex también se levantó.
—Voy a buscar la biblioteca.
—Y yo algo más de comer —dijo Lenn sonriendo, y poco después solo quedamos Fely y yo en la fuente termal.
Con los ojos cerrados, me recosté contra la roca que formaba la piscina. Pero la calma y la relajación habían terminado. Tantos pensamientos daban vueltas en mi cabeza: el rescate de las mujeres y los niños, encontrar la rosa y, por supuesto, ese maldito dios.
Abrí un ojo y miré de reojo a Fely, que también tenía los ojos cerrados.
—¿Estás ahí, Fely?
Ella gruñó, lo que interpreté como un «¿sí?».
—¿Qué tan bien conoces al dios Caronte?
Abrió los ojos de golpe.
—¿Caronte? ¿Por qué? —En su voz se mezclaban el respeto, el miedo y el enfado.
—Se le mencionó en Aranga —dije con voz algo apagada, arrepintiéndome de haber sacado el tema.
Fely se sentó muy erguida.
—Por favor, no me digas que Elena sugirió pedirle ayuda. Le encanta hacer eso. —Me miró con los ojos muy abiertos.
—¿Quizás?
Fely resopló.
—No puede evitarlo —refunfuñó la vil—. Algún día nos llevará a la ruina con ese maldito dios. A más tardar, cuando acceda a permitir de nuevo la Gran Caza. —Me miró con curiosidad—. ¿Qué es exactamente lo que quiere pedirle?
—Que cree un portal para que el ejército de Ellyllia pueda llegar a Eclaria.
Su mirada se volvió severa y cruzó los brazos sobre el pecho. De alguna manera, parecía bastante amenazadora cuando se enfadaba.
—¿Y nada más?
—No. —Mi voz sonó un poco estridente en retrospectiva. Esperaba que mi amiga no se diera cuenta.
—¿Jadina?
¡Mierda! ¡Ojalá no hubiera sacado el tema!
—¿Sí? —Intenté con todas mis fuerzas parecer inocente, pero mis dedos se clavaban con fuerza en mis muslos.
—Eso no es todo, ¿verdad?
No podía engañarla. Instintivamente, agaché la cabeza y levanté los hombros. Tenía un aspecto peligroso.
—No, no lo es —cedí al fin.
—¡Suéltalo!
Su dedo índice bailó delante de mi nariz. Dios mío, nunca la había visto así.
—El Señor de los Dragones propuso que Caronte venga a Eclaria a través de un portal para que nos ayude a encontrar las dos rosas y derribar la cúpula —solté de golpe, y me sentí bien al poder compartir por fin ese peso con alguien—. Quiere pedírselo a Elena.
Los ojos de Fely se agrandaron y, sobre todo, el miedo que reflejaban me puso nerviosa.
—Pero seguro que no aparecerá aquí. Es un dios. Y los dioses suelen ser arrogantes y no aceptan que les digan nada. ¿O no? —intenté tranquilizar a Fely con mis propias palabras, pero ella solo negó con la cabeza.
—Sí, los dioses son arrogantes, pero no conoces el poder de persuasión de Elena. Sobre todo cuando se trata de él. —Se pellizcó el puente de la nariz con el pulgar y el índice y gimió—. Si además tenemos que lidiar con Caronte…
—Ya tenemos suficientes problemas, lo sé —dije, y ella asintió.
—¿Sabes cuándo piensan enviarlo?
—No. Puede aparecer aquí en cualquier momento. Hoy. Mañana. Dentro de unos días.
—Entonces espero que sea más tarde que pronto. —La vile suspiró—. ¡Es una mierda! —maldijo, compitiendo con Nayda. La miré sorprendida. Ella nunca maldecía.
—¿De verdad es tan malo?
—Peor. —Me miró y el cansancio se reflejó en sus rasgos—. Como tú misma has dicho. Es un dios. Arrogante. Engreído. Sabelotodo. Y, para colmo, increíblemente… sexy. —Una sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.
¿Acababa de decir que Caronte estaba bueno ?
—¿Qué? —exclamé, tapándome la boca con la mano y riendo. Esas palabras de Fely. Yo había conocido a lord Marek y sabía que era un hombre muy atractivo.
—Es irritantemente guapo —confirmó su afirmación anterior y no pudo evitar reírse.
—Eso no mejora las cosas —dije entre risas.
—No, desde luego que no. —Me guiñó un ojo y luego volvió a ponerse seria. La preocupación le daba un aspecto pálido—. Deberíamos guardárnoslo por ahora y esperar que no aparezca por aquí.
—Tienes razón. —Le puse una mano en el hombro—. No debería habértelo contado. Siento haberte preocupado tanto.
—No pasa nada. Me alegro que me lo hayas contado. Somos amigas. —Una cálida sonrisa iluminó sus ojos.
—Lo somos. —Le devolví la sonrisa.
A veces no podía creer lo mucho que había cambiado mi vida desde aquel fatídico día en que Kayden, Nayda, Lenn y Dex me encontraron en el desierto.
Antes estaba sola. Me sentía sola, aunque nunca lo percibí de aquella manera, ya que no había conocido otra cosa.
Pero ahora tenía amigos, un alma gemela, un dragón vinculado y un pequeño fénix.
Me volví hacia Limycu. El pequeño estaba acurrucado junto al abrevadero y dormía.
—Por suerte, se calmó —dijo Fely, que también miraba a Limycu.
—Sí. Se durmió —acepté pensativa.
¿Qué quiso decirnos con su parloteo?