Trono Carmesí (Crónicas de la corona oscura 2) Capítulo 63
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Capítulo 63

Arthur de Bravery

La sorpresa de los príncipes y los Maestres al verme aparecer en la Casa de Eglantine solo podía calificarse de mayúscula.

El júbilo de lord Corset, pese a que nuestra simpatía mutua no acabara de ser perfecta, genuino. Su recibimiento estuvo lleno de alegría y aspavientos.

Quizá era simple practicidad, le aliviaba mi presencia porque lidiar a solas con el excéntrico lord Ravenclaw era un trago difícil de superar.

El susodicho se acercó al trote, a marcarme las reverencias de rigor.

—¿Puedo decir, sin temor a pecar de agorero, que ya lo dábamos por perdido?

Sonreí con condescendencia.

—Y yo le responderé que lo entiendo. Que de encontrarme en su lugar habría deducido lo mismo. Y ahora, si son tan amables de tomar asiento, hay asuntos de relevancia que debemos discutir cuanto antes.

Ravenclaw frunció el ceño, disgustado.

—¿La duquesa nos acompaña por alguna causa concreta?

—Ah, sí mi esposa. —Me volteé en parte para señalarla, cómodamente sentada en mi trono carmesí, el que debía, por ley, ocupar el primer príncipe—. Imagino que se preguntarán si damos por finalizado el período de regencia.

Ante lo obvio del planteamiento, ni los príncipes ni los Maestres se atrevieron a replicar.

—Bien. Pongo en su conocimiento que, de ahora en adelante, la duquesa ocupará un cargo honorario en este Consejo.

—Pero…

—Su punto de vista difiere marcadamente del nuestro.

Como mujer, es sensible y protectora. Conciliadora y poco dada al belicismo.

Me ha hecho entender que, en la mayor parte de las ocasiones, la declaración de guerra, los enfrentamientos y la fuerza bruta no son la salida más inteligente.

Señores, si pretendemos sobrevivir y adaptarnos a los nuevos tiempos, no cabe duda de que la necesitamos.

Lo que se pintó en los rostros sorprendidos de todos era más escándalo que otra cosa. Seríamos vampiros, pero también éramos victorianos. Hombres vinculados a nuestra época. Y el papel de las mujeres todavía precisaría de años para gozar del respeto que merecían.

—Voy a someterlo a su escrutinio por pura deferencia, aunque quiero que sepan que el nombramiento ya está decidido y es firme. Será primera princesa de ahora en adelante, y no hay más que discutir.

La autoridad con la que se desenvolvía mi voz fue mi mejor ayuda.

El apoyo para que nadie osara oponerse a lo que ya era un hecho consumado.

El que Serena hubiera participado en las reuniones decisorias durante mi ausencia, los había ayudado a conocerla y a admirarla.

Por mucho que recelasen, debían admitir su brillantez, su agudeza intelectual y su destreza a la hora de las alegaciones.

—Y una vez expuesto y aceptado el primer punto del orden del día, Su Alteza pasará a exponerles la estrategia de alianza futura con la Rosa Negra y la unión de ambas secciones en una sola Casa de gobierno, la casa de Eglantine…

—Un murmullo exaltado se desató, como un conato de incendio, desde la fila de hombres pensantes, si bien, ninguno de ellos llegó a plantear inconvenientes en voz alta—.

Un cúmulo de soluciones para nuestros recientes desvelos que, sencillamente, les deleitará. Adelante, duquesa.