Trofeos de Seda CAPÍTULO 6
38%

CAPÍTULO 6

✦ ✦ ✦

La paciencia es una virtud que pocos hombres poseen. Yo, sin embargo, tengo de sobra.

Desde mi posición privilegiada en el tejado del edificio de enfrente, observaba a través de las lentes de visión nocturna cómo aparcaba su coche patrulla camuflado. Detective Valerie Cross. El sonido del motor apagándose resonó en la calle desierta como el latido de un corazón asustado.

Observé mientras salía del coche, con los hombros tensos bajo ese abrigo beige que usaba como armadura.

No lo sabía, pero esa armadura era inútil contra mí.

Ya la había desnudado en mi mente mil veces.

Conocía la curva de su cuello, el modo en que sus labios se separaban cuando estaba concentrada, la sombra de oscuridad que bailaba detrás de sus ojos de hielo.

Entró en el edificio, dirigiéndose hacia mi escenario más reciente. La chica del apartamento tres fue un mero instrumento. Un caballete para mi arte. La verdadera obra maestra era el regalo que había dejado sobre el tocador.

Ajusté el enfoque del monocular, mis dedos acariciando el metal frío con la misma reverencia que usé para manipular la seda unas horas antes.

Seda negra. Cara. Importada. Cortada y cosida para abrazar los contornos exactos de Valerie.

Había allanado su apartamento semanas atrás, no para robar, sino para estudiar.

Conozco sus medidas mejor que cualquier sastre.

Conozco sus secretos mejor que su terapeuta.

Imaginé el momento exacto en que abrió la caja. No necesitaba estar en la habitación para saber cómo reaccionaría.

Primero dudaría. El deber y la moralidad luchando contra la marea negra que vive dentro de ella.

Después, la curiosidad ganaría. Tocaría la tela.

Oh, daría cualquier cosa por ser esa seda deslizándose por los dedos temblorosos de Valerie.

Sé que sintió el rubor subiendo por sus mejillas.

Sé que su corazón se aceleró, bombeando la sangre hacia lugares que prefiere ignorar.

Es una hipócrita deliciosa. Una mujer de la ley que se masturba con los regalos de un asesino.

Sonreí en la oscuridad, el viento nocturno despeinando mi cabello. Es un juego íntimo, un tango mortal que bailamos al borde del abismo. Me persigue a la luz del día, jurando justicia, mientras se arrodilla ante mí en las sombras de su propia soledad.

La policía cree que mato por rabia o locura. Están equivocados. Mato para llamar su atención. Cada cuerpo es una invitación. Cada corte es un poema escrito en rojo, destinado solo a sus ojos. Yo soy el lobo feroz, y ella, la chica que secretamente quiere ser devorada en la oscuridad del bosque.

Vi su silueta moverse cerca de la ventana del apartamento iluminado por los flashes. Estaba sosteniendo mi caja. Mi pecho se expandió con un sentido de posesión abrumador.

—Guárdalo bien, mi detective —murmuré al viento frío de la madrugada—. Úsalo para mí.

Abracé la oscuridad del tejado, preparándome para desaparecer una vez más.

El juego estaba lejos de terminar. Seguiría alimentándola con el miedo y la excitación, tejiendo la telaraña hasta que no tuviera más opción que rendirse a mí.

Cree que tiene el control de la investigación.

Pero yo soy el arquitecto de su declive.

Y cuando finalmente caiga, estaré allí para atraparla.

Seré la única cosa que le quedará en la oscuridad.