Triple Puck (The Morrison Brother’s 3) 21. Capítulo 20 #3
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21. Capítulo 20 #3

De Mason a Beck y a Declan. Portería vacía. 4-2.

La Guarida del Oso enloquece .

Estoy llorando. Las puck bunnies están llorando.

Mi padre está en el banquillo con los dos puños en alto, gritando al techo, y arriba en las gradas Morgan agita su pancarta con tanta violencia que se carga una cerveza.

El señor y la señora Morrison, uno al lado del otro, están ambos de pie animando a los mismos tres chicos.

Suena la bocina. Ganan los Bears. Ganan los Bears.

Vamos a los playoffs , pero lo mejor de todo es que Beachside conserva su equipo.

El hielo se convierte en un caos, con guantes y cascos esparcidos por todas partes.

El equipo está sepultando a Sawyer contra las vallas, mientras Finn patina hacia atrás, con los brazos en alto, dirigiendo al público como si fuera una orquesta mientras los cañones de confeti disparan serpentinas azules y doradas hacia las vigas.

Los primeros trozos descienden bajo las luces del estadio mientras la pantalla gigante muestra una y otra vez ¡LOS BEARS GANAN! ¡LOS BEARS GANAN!

El personal y las familias inundan la pista a través de las puertas, y yo me veo arrastrada con ellos, patinando sobre el hielo con mis zapatillas de deporte mientras la cámara me rebota contra el pecho, pensando: ya está, este es el momento, esto es lo que he estado esperando toda la temporada.

—Joder de mi vida...

Varios cuerpos pasan como un rayo a mi lado y me desequilibran mientras intento encontrar a Mason. Alguien me agarra del codo antes de que me caiga de bruces sobre el hielo.

Me doy la vuelta y veo a Josie. Llora tan fuerte que el rímel se le ha corrido por toda la cara.

—¡LO HEMOS CONSEGUIDO, JODER!

Se abalanza sobre mí y le devuelvo el abrazo, riendo y llorando sobre su pelo mientras Darcy llega patinando desde la otra dirección con bastante menos control.

—¡Aparta! —grita—. ¡Quiero unirme!

Las tres chocamos en medio del hielo.

Por un segundo absurdo, no somos más que un enredo de brazos, pelo y lágrimas mientras el confeti se pega a las pestañas de Josie y Darcy no para de decir: « Dios mío », como si su enorme cerebro se hubiera quedado por fin sin un lenguaje más sofisticado.

Nos giramos justo a tiempo para ver a Beck Morrison lanzarse sobre sus hermanos.

A Mason apenas le da tiempo a afianzar los patines antes de que Beck se estrelle contra él. Declan se ve arrastrado a la colisión, y de repente los tres hermanos Morrison están abrazados en el centro del hielo.

Su madre corre hacia la pista y es la primera en llegar hasta ellos.

La señora Morrison rodea a Beck y a Mason a la vez con ambos brazos mientras Declan queda atrapado a un lado del grupo, fingiendo durante aproximadamente medio segundo que no está llorando.

Entonces llega Zoey. Y Morgan.

Y luego también el señor Morrison.

Nadie duda.

Nadie mira a su alrededor para ver dónde se supone que debe ponerse.

Simplemente se hacen sitio los unos a los otros.

La familia Morrison se pliega sobre sí misma bajo una tormenta de confeti azul y dorado, desordenada y ruidosa y completamente diferente de la familia que eran cuando llegaron a Beachside.

Morgan se da cuenta casi de inmediato de que estoy sola. Apenas me da tiempo a quitar la cámara de en medio antes de que se estrelle contra mí.

—¡ROSE!

Abandona el montón familiar y cruza la pista hacia mí, arrastrando la pancarta, cuyos bordes se van empapando.

—¡Hemos ganado! —me grita directamente en el estómago.

—¡Yupiii!

—¡EL TÍO MASON HA JUGADO! ¡Y el tío Declan ha marcado y el tío Beck se la ha pasado cuando podría haber marcado él!

A su espalda, la voz de Beck cruza el hielo.

—¿POR QUÉ TODO EL MUNDO HACE QUE ESO SUENE TAN SORPRENDENTE?

Darcy se lleva las manos a la boca a modo de megáfono y grita por encima de la música. —¡PORQUE TE CONOCEMOS!

Beck le hace una peineta y Darcy le lanza un beso al aire.

Y yo me río.

Dios, me río.

Me río hasta que me duele el estómago y las lágrimas vuelven a correr por mis mejillas, porque mire donde mire hay alguien a quien quiero.

Josie ya ha llegado hasta Declan, y él la levanta del hielo, hundiendo la cara en su cuello mientras ella se envuelve a su alrededor. Están asquerosamente enamorados, y no podría alegrarme más por ellos.

Beck patina hacia Darcy con los brazos abiertos.

—No —le advierte ella, que ya se tambalea sobre el hielo.

Él sigue avanzando de todos modos.

—¡Beck, estás empapado!

—El amor no teme a la humedad, Hoja de Cálculo. ¡Venga, ven aquí, nena!

—¡BECK! ¡BECK, PARA!

Él la agarra por la cintura y la hace girar de todas formas, levantándola en volandas y besándola delante de todo el estadio.

Zoey se está riendo. Morgan está gritando. La señora Morrison ha acabado de alguna manera al lado del señor Morrison otra vez, y ambos observan a sus hijos con los mismos ojos llorosos.

Mi mirada encuentra a Mason.

Está a seis metros de distancia, sin guantes y con el casco bajo el brazo.

Tiene el pelo oscuro empapado de sudor y se le riza en la frente.

Tiene las mejillas sonrojadas por el partido, la camiseta por fuera del pantalón y ya se está formando una mancha oscura allí donde ese disco intentó reubicarle las costillas.

Pero ya no está celebrando.