14. Capítulo 13 #3
El estadio vibra de pasión y cada vez que los Bears tocan el disco se oyen abucheos, cada placaje contra nosotros recibe un rugido, y yo estoy demasiado ocupada trabajando en mi puesto de fotógrafa a pie de pista con los dedos fríos y un teleobjetivo como para tener tiempo de seguir al número cuarenta y cuatro en medio del caos.
Durante los dos primeros tiempos, Mason fue Mason.
Dirigió el tráfico. Cerró líneas. Ayudó a Corbin tras algunos errores terribles.
Pero ahora, a finales del tercer tiempo, encuentro a Mason a través de mi visor. Parece esculpido en certeza y me permito creer que el paseo bajo la lluvia funcionó. Está concentrado, cada vez más intenso a medida que avanza el partido, trabajando más duro que nadie en el hielo.
Entonces, con el partido empatado, duda.
Sigo la jugada con mi cámara, enfocada en el centro del hielo, donde Mason tiene el disco en el palo. El público ruge y, por medio segundo, capto el momento en que su mente se va a otra parte.
Levanta la vista, quizá buscando a su familia. No los he visto en toda la noche. Ni siquiera sé si están aquí.
Hago la foto de todos modos; mi dedo aprieta el obturador justo cuando un delantero de Seattle le roba el disco a Mason y se lanza solo hacia el otro lado.
Antes de que pueda siquiera alejar el zoom y captar la jugada, la luz roja parpadea sobre la portería y, a mi alrededor, el estadio ha estallado en un frenesí de aficionados enloquecidos.
Capto la cara de Mason a través del objetivo antes de que la bocina termine de sonar. Sabe lo que significa esta derrota. Sabía antes de que el disco cruzara la línea que esto podría ser catastrófico para la franquicia de los Bears.
Los Bears no se recuperan. Suena la bocina final. Los Bears pierden.
Recojo mi equipo, me echo la bolsa de la cámara al hombro y, en cuanto atravieso las puertas del vestuario visitante, me siento como si estuviera visitando un depósito de cadáveres.
Mi padre ya está al frente de la sala, gritando.
Critica duramente los cambios de línea chapuceros, el power play desaprovechado, las asignaciones fallidas que han estado practicando toda la semana. Se planta delante de cada jugador, diciéndole lo que hizo mal, y entonces…
Se detiene justo delante de Mason.
—Ese gol empieza contigo, Morrison.
Mason asiente.
—Lo sé.
—¿Que lo sabes ? —El brazo de mi padre apunta bruscamente hacia el hielo, con la mano temblando—. No tenemos puto tiempo para que lo sepas . Sea lo que coño sea que te pasa por la cabeza, Morrison… Arréglalo.
Veo cómo el mundo de Mason explota. Arréglalo.
¿En serio mi padre acaba de decirle al hombre que se pasa la vida intentando arreglarlo todo que haga lo único que yo le dije que no hiciera?
No puedo hacer más que mirar cómo mi padre sale furioso, pero el silencio dura exactamente tres segundos.
Porque al otro lado de la sala, Beck está mirando su teléfono.
—Papá quiere saber si podemos ir a cenar.
—Pues qué bien por él —dice Declan, metiendo los guantes en su bolsa.
—Viene Brianna. Quizá podamos…
—Entonces yo no voy.
Beck le da una patada a su bolsa de deporte.
—Joder, Dec. ¿Podrías, por favor…?
— No. —Declan se levanta del banco y, joder, ya estamos otra vez—. ¡Estoy harto de sentarme a la mesa fingiendo que ese gilipollas no destrozó esta familia!
—¡Y yo estoy harto de enterarme de lo que es aparentemente nuestra familia por todo el mundo menos por mi familia! —A Beck se le quiebra la voz y le sube una octava—. ¡No puedes seguir decidiéndolo todo!
—No sabes de lo que estás hablando.
Beck se ríe, y no tiene nada de gracioso.
—¡Exacto! ¡Porque nadie me cuenta una puta mierda! —Se gira—. Mase, dile que…
—No.
Toda la sala se detiene. Finn se queda paralizado con un patín a medio quitar. Sawyer muestra un interés repentino por el suelo.
Beck parpadea.
—¿Qué? Tío, tienes que ayudarme a que lo entienda…
—He dicho que no .
Mason se pone de pie y nunca lo he visto así.
Se mueve hacia ellos lenta, deliberadamente, como un hombre que ha estado sosteniendo algo demasiado pesado durante demasiado tiempo y que por fin ha decidido que ya ha tenido bastante.
Se quita la camiseta de un tirón brusco por encima de la cabeza, y la visión de su torso desnudo, con los hombros tensos y cada músculo de su cuerpo tan jodidamente contraído que está temblando, hace que se me cierre la garganta.
He visto a Mason Morrison sin camiseta antes.
Pero nunca lo he visto así .
Le tiemblan las manos mientras lanza la camiseta al banco. Tiene la mandíbula tan apretada que puedo ver el músculo contraerse en su mejilla. Sus ojos están duros , fijos en sus hermanos con una claridad que hace que Beck dé un paso atrás.
No me atrevo a moverme. No creo que pudiera aunque quisiera.
Mason da un paso adelante. Mira primero a Declan, luego a Beck, y su voz es baja y firme de una manera que, de algún modo, duele más que si hubiera gritado.
—Sois igual de malos el uno que el otro.
Dec, castigas a todo el que está en un radio de ciento cincuenta kilómetros porque estás enfadado con papá.
Beck, exiges respuestas y luego conviertes cada una de ellas en otra pelea.
—Arruga la nariz con asco—. Y los dos seguís arrastrándome al medio y esperando que decida quién tiene razón.
Cada llamada. Cada cena. Cada puto ascensor.
—Mase… —intenta Beck.
—No. No me vengas con «Mase» ahora. ¡ESTOY JODIDAMENTE CANSADO!
Mason grita ahora, con los ojos encendidos. Puedo verlos desde el otro lado de la sala.
—¿Quieres odiar a papá, Dec? Pues ódialo, joder. ¿Quieres respuestas, Beck? Llámalo tú mismo. Pero dejad de poneros en lados opuestos de cada discusión esperando que yo construya el puto puente.
Coge su bolsa y se pone una camiseta de un tirón. Nadie en toda la sala se mueve mientras Mason recoge sus cosas y se echa la correa de la bolsa al hombro.
—Seguís actuando como si fuerais las únicas personas a las que les ha pasado esto de la familia… —Lanza una última mirada a sus atónitos hermanos—. Solo creo que los dos sois jodidamente patéticos. He terminado. Podéis apañároslas solos por una vez, gilipollas.
Y sale.
Miro la puerta. Luego el pasillo por el que desapareció mi padre después de decirle a Mason que lo arreglara . Luego a los dos hermanos que se han pasado años esperando que él hiciera exactamente eso.
Declan se queda mirando al suelo. Beck parece que lo han desenchufado a media frase.
Así que cojo la bolsa de mi cámara y salgo al pasillo de hormigón.