Triple Puck (The Morrison Brother’s 3) 7. Capítulo 6 #3
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7. Capítulo 6 #3

Se me para el corazón un instante mientras bloqueo la pantalla y dejo el móvil boca abajo sobre el escritorio. Los ojos de papá observan todo el proceso.

—¿Móvil nuevo?

Se me contraen todos los órganos del cuerpo.

—Ah. Sí. —Hago un gesto con la mano como si fuera la historia más aburrida del mundo, lo cual es importante, porque la verdadera historia involucra una piscina, un golden retriever y al defensa sin camiseta al que persiguió por un aparcamiento—.

El viejo se murió…, algo de la batería. Resulta que todavía estaba en garantía, así que me lo cambiaron.

Muy fácil. Un servicio de atención al cliente estupendo, la verdad. Cinco estrellas.

Son aproximadamente cuatro detalles más de los que daría cualquier persona inocente.

Papá asiente lentamente. Luego su mirada se desvía más allá de mí y la veo posarse en la silla en la que estoy sentada. La silla alta, de cuero color caramelo, escandalosamente cara, que reemplazó a esa tragedia plegable que cierto jugador de hockey rompió con el peso de su cuerpo y el mío.

Papá se cruza de brazos y mira la silla un momento más de lo que la silla merece. —¿Colin aprobó la compra de una silla como esa ?

Trago saliva para combatir la sequedad de mi garganta. —Eh, no exactamente. Colin no sabe lo que es una silla. Palabras suyas.

Vuelve a mirar la silla, luego el móvil nuevo que descansa boca abajo junto a mi teclado y, finalmente, me mira a mí de nuevo.

—Últimamente estás diferente.

Todas las alarmas de mi cuerpo se disparan a la vez.

—¿Ah, sí?

—Sí. —Frunce el ceño como si me estuviera estudiando—. Pareces más feliz, creo.

Mi pánico se tropieza consigo mismo.

—Ah.

—No te sorprendas tanto. —Sonríe—. De vez en cuando me fijo en mi propia hija.

—Eso es discutible —me río—. No te diste cuenta cuando me teñí las puntas del pelo de morado a los dieciséis.

—Claro que me di cuenta. Solo esperaba que, si lo ignoraba el tiempo suficiente, te lo arreglaras tú sola.

Lo miro con cara de póquer. —Me dijiste que me quedaba bien.

—Pues mentí. Te quedaba fatal.

Se me escapa una carcajada. —Serás capullo.

Papá se mete una mano en el bolsillo y me mira unos segundos más antes de que su expresión se suavice. —Esta noche te pareces a tu madre. ¿Lo sabías?

Me río, de verdad, de lo ridícula que suena esa afirmación.

—No, qué va. Me he pasado toda la vida oyendo que básicamente soy tú con el pelo más largo.

—No hablo de tu cara. —Su sonrisa se vuelve distante por un segundo y mira por la ventana de mi despacho—. A tu madre se le ponía un brillito especial cuando algo la emocionaba. Intentaba ocultarlo, pero se le daba fatal esconder cualquier cosa. Siempre me daba cuenta.

Eso no lo recuerdo.

Eso es lo jodido de perder a tu madre cuando eres una niña. Los demás llegan a recordar trozos de ella que tú nunca tuviste la oportunidad de ver.

—¿Qué la emocionaba? —pregunto.

—Todo. —Se ríe en voz baja, negando con la cabeza como si estuviera viendo los recuerdos pasar ante sus ojos—.

Se emocionaba con los restaurantes. Con las vacaciones.

Una vez compró unas cortinas nuevas y no dejó de sonreír en unos tres meses.

Daba igual lo que fuera… Si le encantaba algo, lo sabías.

Sus ojos vuelven a encontrarse con los míos.

—Tú has tenido esa misma mirada últimamente. —Deja que el silencio se asiente un momento antes de decir—: Sabes que todavía puedes hablar conmigo, ¿verdad, Rosie? De cualquier cosa.

—Lo sé, papá.

Por un segundo, de verdad que no sé por dónde va a salir. Entonces papá niega con la cabeza y cualquier sospecha que se estuviera formando queda apartada.

—Bien. —Señala la puerta con la barbilla—. Y ahora, ¿vienes a casa conmigo? ¿O te dejo en el Breakers?

Miro la pizarra. La maqueta que brilla en mi segundo monitor. Mi móvil, boca abajo sobre el escritorio, con un mensaje que aún no he leído, de un hombre al que todavía siento en mi piel.

—¿Sabes qué, papá? Creo que voy a ir al Breakers —digo—. Solo una copa. O dos, dependiendo de lo bien que Josie haya negociado el asunto de los nachos.

—De acuerdo. —Se detiene en el umbral y, por un segundo, su cara de entrenador desaparece y es solo mi padre, arrugado y agotado, pero intentando cuidar de su niña él solo—. El eslogan es bueno, Rosie.

Miro la pizarra. —¿Lo has visto?

—Claro que lo he visto. Está escrito en tu pared con letras del tamaño de mi camioneta. —Me guiña un ojo por encima de una sonrisa—. Mejor que unión , en cualquier caso. Esa palabra ni siquiera existe.

—¡Es lo que yo decía!

—Las grandes mentes… —Golpea dos veces el marco de la puerta—. El coche está fuera en cinco minutos. Termina y nos vemos abajo.

Sus pasos se desvanecen por el pasillo y me quedo sentada un momento bajo el brillo de mis monitores, en mi silla del escándalo, en un edificio lleno de secretos.

Le doy la vuelta al móvil y abro el mensaje.

Mason: ¿Vienes al Breakers? El equipo está ocupando los reservados del rincón. Ven a buscarme.

Mi corazón, tan ridículo, se dispara como si Biscuit viera una gaviota.

Rose: Te veo pronto x