CAPÍTULO CUARTO #7
—Me imagino que no te habrás enterado de las últimas noticias… Por eso llevo varios días intentando hablar contigo.
—¿Qué noticias?
—El obispo Cornelio ha designado por fin a un nuevo presbítero para el barrio. No tiene mucha experiencia y necesita tu ayuda.
—Pues me temo que no podrá contar conmigo.
—¿Cómo? ¿No te acuerdas? Te corresponde ser su diaconisa. Esas fueron las instrucciones de Cornelio.
Galacia se cruzó de brazos y adoptó una pose severa.
—Yo ya no respondo ante el obispo, así que no pienso aceptar sus órdenes.
—¿Por qué no? Antes de tomar una decisión definitiva, deberías conocerlo. A mí me ha causado muy buena impresión y…
—No me importa —le cortó—. No seré diaconisa de nadie. Deberías ser tú el que ocupase ese puesto en mi lugar. Te lo mereces y sé que lo harás muy bien.
Zósimo hundió los hombros en señal de derrota. Sabía que discutir con ella no serviría de nada. Dedicó a Galacia una mirada triste y, en un susurro, casi temeroso por conocer la respuesta, preguntó:
—¿Te has enfadado tanto con el obispo como para tomar la decisión de abandonar la Iglesia?
—Yo no la abandoné, fue la Iglesia la que prescindió de mí. ¿Recuerdas?
***
Galacia, que no había dejado de formarse en el gnosticismo ni un solo día, ya estaba casi preparada para ordenarse como sacerdotisa. No obstante, antes tenía que someterse a una especie de ritual iniciático, acerca del cual Philonius mantenía un secreto absoluto.
Aquella noche acudió a la casa gnóstica con el fin de llevar a cabo aquella misteriosa ceremonia. Por suerte, no estaría sola: Trifena la acompañaría en todo momento.
—Estoy nerviosa, no puedo negarlo —comentó Galacia.
—No te preocupes, por eso estoy aquí. Conozco el ritual y resulta de lo más sencillo. Solo tienes que dejarte llevar por la situación.
—¿Y no puedes anticiparme en qué consiste?
—Lo siento —repuso Trifena—. Ese privilegio corresponde exclusivamente a Philonius.
Para su sorpresa, la ceremonia no tendría lugar en la sala acostumbrada, sino en el extremo opuesto de la casa. Filastro condujo a las dos mujeres hasta allí, donde las hizo pasar a un amplio dormitorio. Después abandonó el aposento, cerrando la puerta tras de sí.
Una enorme cama cubierta con pétalos de rosa ocupaba el centro de la estancia, repleta de espejos de múltiples tamaños. Algunos candelabros proporcionaban una iluminación tenue y delicada. Los rincones más alejados permanecían en la oscuridad.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —susurró Galacia.
—Silencio, lo vas a saber muy pronto.
El líder gnóstico emergió entonces de la penumbra, como si se tratase de una aparición.
—Gracias por acudir —comenzó diciendo—. Galacia, no me andaré con rodeos.
Antes de tu ordenación, constituye un requisito indispensable que te confiera mi gracia.
Y para ello debemos consumar la unión carnal, como forma de prefigurar el ascenso de la chispa divina hasta el Pleroma, a través de los cielos intermedios regidos y guardados por el Demiurgo.
—No estoy segura de comprenderlo…
—La cópula actúa como una representación alegórica del proceso espiritual.
Es decir, la unión carnal ha de interpretarse como un reflejo simbólico del ascenso del alma hacia la divinidad.
—Philonius se tomó uno segundos antes de proseguir—.
En todo caso, no has de preocuparte ante la posibilidad de concebir.
No verteré la simiente en el interior de tu sexo, para evitar así engendrar un nuevo ser humano cuyo espíritu quedaría encerrado en la cárcel material del cuerpo.
—Pero ¿acaso la práctica del sexo no constituye un pecado?
—No para nosotros. Nosotros ya hemos accedido al conocimiento secreto revelado por el Salvador, ya estamos salvados. Por tanto, las acciones realizadas en el ámbito de la materia, incluidas las prácticas sexuales, carecen de la menor relevancia.
Galacia se estremeció. Desde el punto de vista de la razón, sus explicaciones tenían sentido… Su intuición, en cambio, le decía todo lo contrario.
—Veo las dudas en tu rostro —señaló Philonius—. Y no te juzgo por ello. De cualquier modo, no has de preocuparte. El presente rito de unión carnal ha de realizarse una única vez.
—Yo también me ofreceré —terció Trifena—. Así verás que no tienes nada de lo que preocuparte.
Acto seguido, la mujer se fue desvistiendo hasta quedarse completamente desnuda; luego se dirigió hacia la cama y se tumbó en el lecho con los brazos extendidos.
Philonius, a su vez, se despojó de la túnica para dejar a la vista un cuerpo flácido y delgado.
Su miembro erecto, por el contrario, se alzaba como el asta de una bandera.
Galacia pensó que, quizá por esa vez, se quitaría la máscara dorada y dejaría su faz al descubierto, pero no lo hizo.
El líder gnóstico se echó sobre Trifena y ambos iniciaron el acto sexual.
Cuando le llegó su turno, Galacia no tuvo más remedio que acceder porque en el fondo sabía que no tenía elección.
La consumación del acto no se extendió más allá de unos minutos.
Durante la mayor parte del tiempo, mantuvo los ojos cerrados mientras Philonius la penetraba como parte del aquel retorcido ritual.
A través de los orificios de la máscara, le pareció advertir un brillo de lascivia en su mirada.
O a lo mejor se lo había imaginado… Oculto tras aquella lámina dorada, Galacia no tenía forma de interpretar su expresión.
En todo caso, constituía un peaje que podía pagar sin dificultad. La recompensa final superaba con creces el sacrificio que implicaba .
Cuando terminaron, se vistieron en mitad de un incómodo silencio, que Philonius quebró para felicitar a Galacia por su inminente ordenación, la cual se produciría al día siguiente.
—A partir de mañana reclutarás a tus propios seguidores para instruirlos en la gnosis —anunció—.
Pondremos todos nuestros medios a tu alcance.
Tendrás libre acceso a esta casa a cualquier hora del día o de la noche.
Te servirá como lugar de encuentro, así como de sede para llevar a cabo los bautismos y demás rituales.
—Gracias.
—De tu buen hacer dependerá la salvación de los elegidos que formen parte de tu grupo. Como depositaria del mensaje oculto de Cristo, has de ser consciente de la enorme responsabilidad que adquieres.
—Estoy preparada, pero… ¿Cómo haré para encontrar y captar a nuevos iniciados, teniendo en cuenta mi origen y mi situación?
El temor de Galacia estaba fundado. La complejidad de la doctrina gnóstica, sustentada en enrevesadas interpretaciones alegóricas de ciertos textos sagrados, dejaba fuera a las clases más bajas debido a su escasa formación intelectual.
De ahí que la mayoría de sus miembros gozasen de una posición social elevada.
—No te preocupes por eso. Nosotros te iremos sugiriendo algunos nombres específicos —aclaró Philonius—. Lo demás dependerá de tu habilidad para atraerlos a la gnosis.