Triángulo 57 UNAI
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57 UNAI

UNAI

He llegado al avión por los pelos; casi me cierran la puerta en los morros. Me han sentado en primera fila. Durante el viaje no he parado de pensar en Álvaro y en Thiago, y en cómo me ha mentido, el muy hijo de puta. Claro que se conocían. Lo he notado.

Durante el vuelo, me han pasado demasiadas cosas por la cabeza y cada cual me desesperaba más. Tanto que he salido corriendo, pero con la puta mala suerte de que el taxista me ha llevado por un camino que estaba cortado.

Cada segundo que pasa me pongo peor. Necesito ver a Álvaro.

Llego al portal de su casa. Llamo por el interfono.

—¿Sí? —responde a los pocos segundos.

Suspiro antes de decirle nada.

—Álvaro…, soy yo. Unai.

No dice nada; directamente abre la puerta.

Subo corriendo por las escaleras y veo la puerta del piso entreabierta.

Me extraña que no me espere.

Me acerco y la abro poco a poco.

—¿Álvaro? —digo en voz alta mientras entro.

Aparece de pie y enseguida veo que enfrente está Thiago.

Están serios. Se miran entre ellos, me miran a mí. Miran al suelo…

Es como si la peor de mis pesadillas se hubiera hecho realidad. No quiero ni saber lo que le habrá dicho Thiago. Intento

descifrar en la mirada de Álvaro si está cabreado, triste o qué siente en este momento.

De repente, Thiago coge aire y tarda en soltarlo.

—Bueno —dice—, me voy.

Miro a Álvaro, intentando entender algo.

—Quédate, si quieres —le dice a Thiago.

—Es mejor que me vaya. Tenéis mucho que hablar.

Pasa por mi lado para ir a la puerta y se detiene ante mí.

—Nos vemos, Unai. —Me abraza mientras me da un beso en la mejilla, cerca de los labios—. Cuidaos mucho

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