56 ÁLVARO
ÁLVARO
La tarde se me ha hecho eterna; desde que me ha escrito Thiago parece que el tiempo no ha querido avanzar.
Lo que provoca en mí es demasiado fuerte.
Desde que me ha escrito que estoy nervioso.
He ordenado mi casa, que parecía una leonera.
¿Hubiera preferido esta noche ver a Unai?
Tal vez sí, pero no está. Desde que le he dicho el nombre de Thiago, no me ha vuelto a hablar.
No he entendido a qué ha venido esa pregunta…
Me escribe que está subiendo.
Le espero en la puerta de mi casa mientras observo la escalera vacía por la que va a aparecer.
Oigo el eco de sus pasos y luego veo cómo asoma su pelo despeinado —pero con un corte diferente al que llevaba antes—, asoma su frente, sus ojos, su lunar…
Nos cruzamos una primera mirada en silencio y le veo la cara entera, fijándome en cómo se ha afeitado la barba; en general, está más arreglado.
Tras subir los últimos peldaños, le observo de cuerpo entero.
—Nuevo look
—le digo con ganas de abrazarle, esperando a que llegue a mi puerta.
Se ríe, regalándome una vez más esa sonrisa traviesa con la que le conocí; sus andares tampoco han cambiado. Tengo la sensación de que hace una eternidad que no le veo.
Me resulta menos altivo, como más tranquilo. Se va acercando, con el abrigo en una mano y la mochila colgada; la misma mochila con la que se fue antes de fiestas.
—Qué guapo estás —me sale decirle—. Te sienta bien volver a tu ciudad.
No sé si darle un beso en los labios, uno en cada mejilla, abrazarle o, sencillamente, no hacer nada. Él se acerca y me da un beso en la mejilla; un beso que me recorre todo el cuerpo, acelerándome y moviéndome la sangre de arriba abajo. Se aparta enseguida.
—Es tardísimo, lo siento —me dice.
—No importa.
Entramos en casa y cierro la puerta.
Lleva una bolsa grande de papel en la mano.
—Toma. Para ti.
—¿Qué es? —le pregunto intrigado.
—Ábrelo…
Dentro de la bolsa hay un disco de vinilo. Parece de segunda mano, tiene los bordes un poco tocados. En la portada, el torso de un hombre de espaldas abrazado a una mujer.
—¿De dónde lo has sacado?
Me sonríe.
—Lo vi en un mercadillo de segunda mano; tenía que comprártelo.
Deseo carnal
. Al mirar la portada, fantaseo con ese torso.
Miro a Thiago y me apetece hacer de todo con él.
—Quítate la mochila —le digo—. ¿Tienes hambre? He puesto dos pizzas
en el horno.
Thiago no se mueve, ni siquiera se ha quitado el abrigo.
—No me voy a quedar, Álvaro —me deja completamente descolocado; tiene una mirada triste que nunca antes había visto.
—¿Pasa algo…? —le pregunto, extrañado.
Parece que me quiere decir algo, pero que no es capaz.
Traga saliva.
—Álvaro… —dice, al fin.
—Me estás asustando, Thiago.
—No, no, para nada. No te asustes. —Me dedica una pequeña sonrisa y coge aire—.
Verás, yo podría pasar la noche contigo.
De hecho, ahora mismo, me apetece hacerlo.
Y, si te digo la verdad, hasta creo que no me importaría…
—va soltando las palabras en cuentagotas—, no me importaría volver a pasar unos días aquí en tu casa.
—Entonces… es que no entiendo qué pasa…
—Álvaro, tú tienes a un tío ahí que vale millones.
—¿Qué dices? ¿De quién hablas?
—Sabes perfectamente de quién estoy hablando.
Me quedo totalmente descolocado. Enseguida pienso en Unai, pero no entiendo nada: ¿cuándo le he hablado yo de él?
—¿Estás hablando de Unai?
—¿De quién si no?
—Pero, pero… —Siento como si no fuera real lo que está pasando—. ¿A qué viene todo esto? ¿De qué conoces tú a Unai? —Se me pasan mil cosas por la cabeza y de repente recuerdo la pregunta que Unai me ha hecho antes y me empieza a cuadrar todo. No sé cómo, pero algo ha pasado.
—Álvaro —se me acerca y me coge por los hombros—, ahora no importa ni cómo lo conocí, ni cuándo, ni… ni nada de eso. —Sus palabras suenan completamente honestas—. Ahora solo te pido que me escuches.
No sé qué decir, así que no digo nada.
—Por el motivo que sea… Sí, he conocido a Unai. Ya habrá tiempo para hablar de cómo fue… Lo importante ahora es que si algo me ha quedado claro es que… es un tío increíble. No tengo palabras para describir lo… cariñoso, guapo… y lo especial que es.
—Pero…
—Déjame terminar. —Se le quiebra la voz—.
Y también te he conocido a ti. Yo sé, Álvaro, que no me he portado especialmente bien contigo.
Pero… estos días me he dado cuenta de que tú también eres alguien especial, muy especial.
Sin apenas conocerme, me has tratado mejor que la gran mayoría de la gente de mi alrededor. Y sé que entre tú y Unai…
Sus ojos empiezan a humedecerse.
—Entre tú y Unai puede haber algo… precioso. Y no me perdonaría jamás ser el causante de que lo vuestro no funcionase. En otro caso, romper una pareja me importaría una mierda, per con vosotros no, créeme. Os merecéis el uno al otro
.