Triángulo 55 UNAI
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UNAI

Todavía me dura el dolor de barriga; hasta he tenido ganas de vomitar. Todo lo de Thiago me ha dejado una sensación muy rara. No quería que se fuera así… ¿Qué ha pasado de repente?

A la vez, hablar con Álvaro me ha dejado claro que, ni de lejos, lo he olvidado. Se merece que le salga bien lo de la guía, es su pasión, desde que lo conocí ha soñado con enseñar su ciudad al mundo y… lo va a conseguir.

UNAI:

Perdona que antes te he tenido que cortar. Pero me alegro un montón.

ÁLVARO:

Gracias, guapo.

Me jode no estar ahí en su día más importante.

ÁLVARO:

Y, aunque reconozco que me remueve un poco, espero que vaya bien con el tío que… «estás conociendo».

Si supiera lo que acaba de pasar…

UNAI:

Bueno… la verdad es que no creo que llegue muy lejos.

ÁLVARO:

Nunca se sabe. Sea lo que sea, me alegro de que estés bien.

Quiero abrazarle. Podría cometer la locura de ir a Barcelona esta misma tarde.

Miro billetes y veo que podría llegar al último vuelo, pero debo contenerme.

Con Álvaro nunca me ha salido bien lo de ser impulsivo.

ÁLVARO:

¿Nos llamamos un día de estos?

UNAI:

Claro…

Necesito preguntárselo…

Antes de escribirle pongo el móvil a cargar; estoy a punto de quedarme sin batería.

UNAI:

Por cierto. ¿Te puedo hacer una pregunta?

ÁLVARO:

Miedo me das.

UNAI:

Es una chorrada.

Me pongo hasta nervioso.

UNAI:

¿Cómo se llamaba el chico con el que estabas aquella noche en el Apolo?

ÁLVARO:

¡Jajaja!

UNAI:

Venga… Dímelo, anda…

ÁLVARO:

Thiago, ¿por qué

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