Triángulo 49 THIAGO
82%

49 THIAGO

THIAGO

No sé exactamente qué estoy haciendo en esta ciudad, solo sé que no quiero irme. Por otro lado, no hay que ser muy listo para notar que Daniel no me quiere en casa. Es momento de ponerme las pilas.

Esta mañana he impreso treinta copias de mi currículum. No es el más extenso del mundo, pero queda claro quién soy y lo que busco: trabajo de cocinero o camarero en cualquiera de los restaurantes de la zona. He ido a arreglarme el pelo y he aprovechado para que me afeitaran. Parezco otro.

He recorrido todo el Stratford Shopping Centre, que está al lado de casa; sin embargo, en todos los sitios me responden lo mismo: o que no necesitan a nadie o que sin inglés no puedo trabajar ahí.

Encima, desde el Brexit, es casi imposible que me hagan contrato.

En algunos lugares, sin embargo, me permiten dejarles un currículum encima de la barra.

Encima, desde el Brexit, es casi imposible que me hagan contrato.

Me quedan tres hojas en la mano; las he repartido casi todas.

Necesito despejarme.

Camino por el borde del canal que atraviesa el Queen Elizabeth Olympic Park, una zona industrial totalmente convertida para las Olimpiadas. Me gusta, pero dudo si realmente sería capaz de adaptarme aquí.

Entonces, me suena el móvil.

En la pantalla: Antón.

Lo del bar está avanzando más rápido de lo que imaginaba, aunque a Unai le digo que está todo muy parado.

—Antón, ¿cómo estás? —le digo mientras me siento en el césped.

—Estoy en el bar de Félix —dice, emocionado.

—Qué raro… —ironizo.

—Thiago, tío, he estado hablando con él y con los dueños y…

—¿Y qué?

—En una semana podremos firmar el cambio de titularidad… ¡Y el bar será nuestro!

Me quedo mudo.

—¿Cómo? ¿Ya?

—¡Que nos lo traspasan! ¡Thiago, lo conseguimos! ¡Tendremos nuestro propio bar!

La cabeza me va a mil. De golpe, no lo veo tan claro.

—Pero… ¿cómo ha sido? ¿Qué habéis hablado?

—Joder, Thiago, no es tan complicado. En un par de semanas podemos estar trabajando aquí. Empezar la reforma. ¡Hacerlo nuestro! ¿Cuándo piensas volver de Londres? ¡Llevas casi un mes!

De repente, me doy cuenta de que no estoy ni la mitad de entusiasmado que él. De hecho, no estoy nada entusiasmado.

—Antón, ¿no es un poco precipitado?

—Pero ¿qué te pasa ahora? ¿No te echarás atrás?

—¿Te lo tengo que decir ahora? —le pregunto—. Necesito pensarlo.

—¿Cómo? ¿Pensar el qué? ¡Lo hemos hablado mil veces! ¡Ya he dicho que sí! ¿Ahora dudas o qué?

En este momento, solo tengo a Unai en la cabeza. ¿Y si consigo trabajo aquí? Es la primera vez que me intereso por un tío.

—Antón… —vacilo unos segundos—, creo que de momento te tengo que decir que no.

—¿Pero qué coño te pasa ahora? Si nos echamos atrás se lo quedarán otros. Es nuestra oportunidad.

No sé qué decirle.

—Es nuestro sueño —me insiste—, ¿qué te pasa ahora? Joder, Thiago, no te entiendo.

Al final, me harto.

—Antón, es tu

puto sueño. No el mío. Si quieres el bar, cógelo tú.

Le cuelgo

.