Triángulo 44 ÁLVARO
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44 ÁLVARO

ÁLVARO

El ambiente en el aeropuerto es muy raro; en una noche como esta nadie quiere estar aquí y todo el mundo quiere llegar a su destino lo antes posible.

Paso el control de maletas. Tan solo llevo una mochila; lo único que me permite el billete que he comprado.

En la bandeja, dejo el teléfono móvil y unas pulseras. Me obligan a quitarme las botas de cuero. Paso en calcetines bajo el aro detector de metales. No pita.

Al querer recoger la maleta, veo que la separan de las otras y me indican que pase por otro lado.

—Control rutinario —me dice un hombre vestido de seguridad—. Abra la mochila.

Me hace abrir la mochila que he hecho casi a última hora. La llevo llena hasta arriba, intentando aprovechar al máximo el poco equipaje que se puede llevar.

—Enséñeme lo que hay dentro.

Muerto de la vergüenza, saco dos pantalones, dos camisetas enrolladas y la camisa que pensaba ponerme esta noche, que ya está más que arrugada.

Le miro, esperando indicaciones, y me indica que continúe.

Al fondo tengo la ropa interior, tres bóxers, dos pares de calcetines… También le enseño mi neceser.

—Ábralo.

Suspiro. Lo abro y lo primero que asoman son los condones y el lubricante, que es lo último que he puesto. No sé si quiero que pase nada con Unai, pero si tiene que pasar, que no nos falte de nada. Noto cómo me sonrojo. Le enseño también e

l cepillo de dientes, la pasta de dientes, un cacao de labios e ibuprofeno.

Me mira y me sonríe.

—Muchas gracias. Diviértase

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