Triángulo 37 ÁLVARO
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37 ÁLVARO

ÁLVARO

Estoy sentado enfrente del tocadiscos de Unai, pero sigo sin tener ningún disco para poder escuchar.

Parece una pieza de museo. Miro en el móvil las fotos que he hecho en una parada del Mercado Dominical de Sant Antoni a todos los vinilos que me han llamado la atención.

Entre ellos, hay uno en el que se ve el torso desnudo de un hombre de espaldas, abrazado por una mujer.

Mi criterio musical se basa en escoger un disco por la portada…

Deseo carnal

, de Alaska y Dinarama.

Con el móvil, busco las canciones que hay en ese disco. Creo que no conozco ninguna, hasta que veo un título que me resulta familiar: Un hombre de verdad

.

—Muy oportuna —pienso en voz alta.

Pienso en Thiago y en los días que ha pasado en casa. A días estábamos que parecíamos una pareja; otros, estaba más frío y éramos como dos desconocidos. Su idea es irse a vivir a otro piso el año que viene. A mí, en cambio, me encantaría que volviese.

Le doy al play

y suenan los primeros acordes de una guitarra eléctrica.

Busco la letra y es exactamente mi estado actual. La introducción es larga y hago varios intentos para empezarla a cantar, pero sigue sonando la guitarra, ahora con un teclado y una percusión. No puedo evitar moverme.

Amo la música; siempre hay alguna canción que habla de lo que sientes.

Me estoy quitando la ropa para meterme en la ducha y no puedo evitar crear mi propio show

frente al espejo. Cojo el secador para hacer de micrófono y me imagino mi propio videoclip.

— Sin dudar, iré a buscar, quiero encontrar, sí. ¡Un hombre de verdad!

Canto mal, muy mal. Pero eso no quita que berree todas las canciones. Soy el peor vecino del mundo.

— Me arrastraré. Suplicaré, sí. ¡Un hombre de verdad!

La letra sigue, pero no me la sé, así que me dedico a bailar y a hacer poses absurdas.

Estoy solo en casa, asqueado. Es posible que este momento en la ducha sea el mejor de todas las fiestas.

Pienso en lo que odio la Navidad: en mi familia jamás se ha celebrado a lo grande, mi árbol ha sido siempre cutre —jamás se ha llenado de regalos— y la magia de Papá Noel la destapé con apenas siete años.

—Ya te he comprado la mochila —dijo mi madre, en el coche.

—¿Qué mochila?

—La que pediste para… la que le pediste a… —No supo disimular, creo; aunque ni siquiera lo intentó mucho más.

—Dirás que la ha comprado Papá Noel… —le remarqué yo.

Aun así, siempre pienso que ya llegará el día en que mis navidades sean las navidades soñadas, con mucha gente en casa, muchos regalos y mucha felicidad…

Sigo con mi canción del momento:

— Sin dudar, iré buscar, quiero encontrar, ¡sí!

¡Un hombre de verdad!

Me duele haberlo dejado con Unai, pero seguramente sea lo correcto.

Estábamos alargando algo que no terminaba de encajar.

¿Me gusta Unai? Sí. Pero siempre siento que falta algo.

Además, tengo toda la vida por delante. Y Thiago…

se ha ido, pero creo que la cosa puede ir mejor; pasadas las fiestas, tal vez pueda intentar algo con él. Es como que tiene todo l

o que no tiene Unai. Pienso que entre los dos formarían el hombre perfecto.

— Me arrastraré. Suplicaré, sí.

Haciendo caso a la letra, le mando un mensaje a Thiago:

ÁLVARO:

Ey, Thiago, ¿qué tal?

Al cabo de un rato de ver que no responde, le envío el link

de la canción. ¿Por qué? Porque como dice la letra: Me arrastraré. Suplicaré, sí.¡Un hombre de verdad

!