35 UNAI
UNAI
Estas navidades serán especialmente raras. Por primera vez, he querido estar lejos de Barcelona; no me apetece ver a mi familia. Todo el mundo cree que me está yendo fenomenal en Londres y nada más alejado de la realidad.
Daniel y yo nos hemos cogido un apartamento para nosotros, cansados ya de la residencia. He argumentado que necesitaba quedarme aquí para el traslado y, además, me he inventado algunos entrenamientos extra que no me podía saltar.
Durante el verano, me había imaginado unas navidades junto a Álvaro, en Londres, con los mercadillos, las calles y los centros comerciales llenos de adornos y el espíritu navideño de las comedias románticas que tanto había visto.
Me imaginaba a los dos con un jersey de lana; el mismo, rojo con figuras de renos, estrellas y árboles de Navidad. Y nada de ello se ha hecho realidad.
A pesar de todo, creo que los sueños no están tan alejados de la vida real como la gente cree; al fin y al cabo, son las expectativas de vida que cada uno tiene.
Soñar alto te hace llegar lejos, pero también te puede traer las mayores decepciones.
Tal vez debería soñar menos o soñar más pequeño, pero…
¿tan ambicioso es querer pasar las navidades junto a la persona que quieres?
La última vez que vi a Álvaro fue en la discoteca. No he vuelto a hablar con él y he preferido no saber nada, a pesar de que me ha escrito algún mensaje. He perdido una oportunidad de oro por él y, al final, ni una cosa ni la otra.
A pesar de ello, no puedo evitar, en estos días, querer hablar con él.
—Hola… —responde Álvaro, desganado, a mi videollamada; está en casa de su familia.
—¿Cómo estás? —le pregunto
—Bueno, no muy bien. Ya sabes, odio las navidades.
—Oye, siento no haberte respondido a los mensajes todas estas semanas.
—Estabas en tu derecho. —Levanta las cejas, de manera conciliadora—. Tendría que haberte llamado o hablado contigo antes, pero… no sabía cómo decírtelo, me sentía mal y no quería hacerte daño. De verdad que lo siento.
—Ya está —le corto. No le llamo para torturarle—. Yo también me presenté de sorpresa y… es lo que tienen las sorpresas.
Intento percibir algo de arrepentimiento por su parte, que me diga que quiere volverlo a intentar…, pero nada más alejado de la realidad, así que prefiero decirlo yo.
—Al final, tal vez tenemos que ir rehaciendo nuestras vidas.
—No es que haya rehecho mi vida, la verdad… —No sigue hablando—. Da igual.
—Yo también fui muy impulsivo —necesito sincerarme con él—. Todo lo de Adidas, el tenerte lejos… me superó. Jamás había sentido que perdiera el control de mi vida y… por primera vez, me sentí más perdido que nunca. Sin saber qué hacer.
—De verdad que lo siento —me repite.
—Y, al final, nada ha salido bien.
Nos miramos un rato, sin apenas hablar.
—Entonces… —necesito zanjar el tema—, ¿seguimos nuestro camino cada uno?
Ni se inmuta. Suspira.
—Tal vez sea lo mejor. ¿No crees? Al menos, de momento.
Me duele dejarlo definitivamente con Álvaro. Dudo que vaya a sentir lo mismo con nadie más.
—¿Amigos? —me dice, clavándome una última puñalada en el pecho.
—Claro que sí —respondo sintiéndome totalmente incapaz de creerme mis propias palabras.
Le quiero preguntar si está con el otro chico, pero no sería capaz de escuchar un sí.
Al poco, sin nada más que decirnos, cortamos la videollamada.
No puedo evitar recordar todo el verano junto a él. En parte siento tristeza, pero también siento mucha rabia; rabia por haber perdido el tiempo, por haber perdido oportunidades… Pero, sobre todo, por haber perdido.
Me quedo pensando en la última noche que le vi. Sus palabras en mitad de la discoteca, todos esos tíos y…, en ese momento, me acuerdo del chico que conocí.
Me alegro de haber ido con ese tío al baño. Algo tan absurdo hace ahora que no me sienta tan mal. Al menos no me quedé de brazos cruzados como un idiota llorando por nadie.
Me río acordándome de cómo se acercó el tipo, cómo nos besamos sin ni siquiera decirnos el nombre… ¿Cómo se llamaba? Busco en el móvil.
Lo guardé con el apellido «Apolo», donde lo conocí. Me salen un par de nombres, pero, al verlo escrito, lo recuerdo enseguida: Thiago
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