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UNAI
Las dos horas y pico de vuelo se me han hecho eternas. El taxi me lleva al centro de Barcelona por la Ronda Litoral; aun siendo oscuro, veo el inmenso cementerio de Montjuic a mi izquierda. A mi derecha, miles de contenedores amontonados como si fueran un lego inmenso; es el puerto de Barcelona.
He buscado la obra de María. Es en el teatro Apolo y parece que termina antes de las diez de la noche. Llego justo para esperar a Álvaro en la salida. No sé si se alegrará o no de verme. Necesito hablar con él, sentirle cerca, mirarle a los ojos y que no sea a través de ninguna pantalla.
—¿Aquí le va bien? —el taxista me deja enfrente del teatro; solo tengo que cruzar la calle.
—Perfecto. —Le pago y salgo del taxi.
Sonrío frente al cartel de Madame Bovary
y al ver, en grande, el nombre de María Luque, junto al resto de los protagonistas. Todo apunta a que la obra aún no ha terminado
.