Triángulo 29 ÁLVARO
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29 ÁLVARO

ÁLVARO

Thiago tenía razón: esta fiesta es espectacular. Por el nombre siempre me había echado para atrás, pero es una pasada.

La música es la que me gusta para bailar.

Así como en las emisoras ponen clásicos de ayer, hoy y siempre, en esta fiesta ponen el petardeo de ayer, hoy y siempre.

De pared a pared, hay colgadas unas guirnaldas con el cartel de la fiesta.

Parece más una fiesta de pueblo que una discoteca.

Han repartido tubos de espuma de colores y la gente juega.

En el escenario, además del DJ y los drags

, hay como un muñeco hinchable, bailongo, que del aire parece que baile con los brazos al ritmo de la música. Hay todo tipo de gente; desde tíos de mi edad hasta hombres que podrían ser mis padres. Pero el ambiente es bastante bueno, no parece el típico postureo de otras fiestas.

Es la primera salida que hago con Thiago.

Cuando hemos salido de casa, me ha parecido que él iba demasiado sencillo, con una camiseta de tirantes negra; yo, en cambio, he buscado una camisa con un estampado original y me he abierto los primeros botones de arriba.

El resultado: Thiago está sexi, enseñando sus brazos, su axila cuando se mueve y parte del torso, y yo parezco un niñato que sale por primera vez de casa y que tiene que llegar antes de medianoche o si no le pegan bronca.

A pesar de ello, Thiago está especialmente cariñoso.

Desde que hemos entrado que me va abrazando, me ha dado algún pico y me va sonriendo.

Se acerca a mí, me coge del cuello y me da un beso. Yo me derrito. Me excito. Me pone demasiado.

—¿Tomamos algo? —me dice después de besarme.

—Claro. Te invito —le digo; sé que Thiago no tiene mucho dinero.

Llevamos bastante rato y no hemos parado de beber

.