17 THIAGO
THIAGO
—Hola. —Me abre la puerta un tío de mi edad. No está mal. Tiene su punto.
—¿Qué tal?
—Thiago, ¿verdad?
—Sí. ¿Ha venido mucha gente?
—Un par de chicos, ayer. No nos corre mucha prisa.
—¿Cuántos vivís aquí?
Me invita a pasar. El piso no tiene nada que ver con el mío: con luz, amplio y sin gente.
—Vivimos dos ahora mismo y estamos buscando a un tercero. O sea, seríamos tres en total. —Le pongo nervioso, lo noto—. ¿Te enseño tu habitación? Bueno, ¿quieres ver todo el piso?
—Claro. Enséñame lo que quieras. —Si nos encontráramos de fiesta, estaríamos tonteando. Hasta nos hubiéramos dado un beso ya.
—La entrada ya la has visto, y este es el salón. No solemos estar mucho en casa.
—¿Estudiáis o trabajáis?
—Yo estudio y Guille, que es el otro chico, estudia y trabaja. ¿Tú?
—Yo trabajo en un bar —miento—. Lo que ahora va a estar un mes cerrado, así que estoy buscando también otro trabajo. Además, voy al gimnasio, o sea, que tampoco estoy mucho en casa.
—Ahá.
Lo mejor de buscar habitación es hablar de la vida privada de los inquilinos para saber qué tipo de convivencia te espera. Primero se habla de trabajo. Después, empiezan las preguntas divertidas. Empiezo yo:
—Lo de que el piso es gayfriendly…
—que continúe la frase.
—Bueno, sí —sonríe—. Básicamente porque Guille es gay y yo soy gay, así que…
—Y… —podría hablar solamente de eso— ¿tenéis pareja?
Entramos en la cocina.
—Guille no tiene. Estuvo liado con uno hace poco, pero terminaron.
Y mejor, porque estaba siempre metido en casa.
—Me enseña los muebles, pero me interesa más su vida—.
Mira, cada uno tiene uno de estos miniarmarios.
De la nevera también, cada uno tiene una balda.
La compra la hace cada uno. Menos lo que son productos de limpieza, agua o papel de cocina o… de váter.
Este tío va a caer. Me da igual quién pague el Fairy.
—El agua del grifo se puede beber —sigue con cosas que no me interesan—. No está muy buena, pero se puede beber. Por eso, a veces intentamos comprar garrafas entre todos. También las pagamos a medias.
Sacaré yo el tema:
—¿Y hay alguna norma respecto a traer gente a casa? —No aparto mi mirada.
—A ver… —Coge un vaso.
«No me cuentes historias. Hablemos de tíos».
—El tema parejas o de traer gente a casa… —Ahora me gusta—. Por ejemplo, Guille, como ya te he dicho, se traía el novio a casa y era una situación un poco incómoda. Pero, bueno, si son ligues puntuales como los que tiene ahora, la verdad es que a mí, personalmente, no me molesta.
—A mí tampoco —le respondo—. De hecho, creo que es bueno que entren y salgan tíos, ¿no?
—Bueno, siempre depende; tampoco hace falta que esto sea el metro. Porque tú… ¿tema tíos…? Porque entiendo que te gustan los…
—Sí, sí. Obvio. Me encantan. Lo que más. —Le sonrío.
Estamos en el pasillo, es estrecho; cabemos, pero provocamos el chocarnos.
—Esta es la habitación de Guille. —No la abre—. Y esta es la mía.
A su habitación sí que me deja entrar, claro…
—Y tú, ¿tema pareja?
—Bueno… —se lo piensa—. Estoy conociendo a uno ahora mismo, pero nada serio.
Tiene un espejo en el armario que da a la cama.
—Pero… —empiezo a fantasear— ¿sueles traerte a muchos chicos?
—De vez en cuando viene alguno.
Utilizamos venir, quedar, conocer, ver, traer…
Pero lo que queremos decir es otra cosa.
—¿Y qué suelen decir del espejo?
Se ríe. Está disfrutando tanto o más que yo.
—A nadie le deja indiferente. Les suele dar cierto morbo.
Como el que me está dando a mí.
—Y a ti, ¿te gusta verte?
Se le sonrojan las mejillas.
—Me lo puse por algo… —Su tono de voz lo dice todo—. Una vez, hubo uno que me pidió que apagara la luz, le daba demasiada vergüenza. No le hizo mucha gracia.
—Y seguro que no repetiste con él. ¿A que no?
—Pues no… —Cruza la habitación y me enseña la terraza—. Da a un patio interior. Es bastante tranquilo. Hay un extractor que a veces me da bastante por culo, pero, en general, es silencioso. Lo digo porque tu habitación da a este lado también.
Yo solo estoy pensando en el espejo y en que quiero usarlo.
—Y cuando miras al espejo… ¿Te gusta mirarte a ti? ¿Miras al otro? ¿Qué sueles hacer?
Se acerca a la cama.
—Depende. No todos los tíos son iguales.
—Tienes razón. Ni el sexo es el mismo con todos.
—Exacto. —Le dejo hablar—. No te engañaré, alguna vez he visto caras mías que no me gustaban, pero otras veces lo que se veía en este espejo era mejor que cualquier escena de cualquier peli porno.
—Me lo creo. Y parecías inocente cuando he entrado.
—Lo soy —responde—. No hay nada de malo en tener un espejo, ¿no?
Nos sentamos en la cama. El espejo muestra a dos personas en silencio. Nos miramos, cada uno esperando a que el otro dé el primer paso.
No tardamos en acercarnos el uno al otro. Al cabo de un rato, lo que se ve en aquel espejo no es a dos tíos hablando. Lo que se refleja en él, es a dos cuerpos desnudos, encima de la cama, practicando sexo sabiendo que no se van a volver a ver
.