Triángulo 15 UNAI
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Llevo más de un mes en Londres y se me ha pasado volando.

Sin darme cuenta, cada vez ha ido haciendo más frío, los días se han hecho más cortos y las calles se han ido llenando de calabazas, esqueletos y murciélagos.

Ha llegado Halloween y aquí se celebra casi tanto como la Navidad.

No he visitado aún los clásicos de la ciudad, como el Big Ben, el Támesis o el London Eye, que solo he visto de lejos.

Siempre pienso que, si Álvaro estuviera aquí, ya me hubiera hecho un tour

por todos los monumentos, barrios y lugares emblemáticos de la ciudad. Además, cómo no, de todos los bares y barrios gais. En el fondo, espero a que venga un fin de semana para hacer una visita los dos juntos.

En todo este tiempo no he parado de entrenar, todos los días.

Así que no he salido del London Aquatics Centre, mi nueva casa.

Es la piscina de saltos que está en el Parque Olímpico en Stratford.

La conocía por fotos y vídeos, pero me sigue impresionando cada día que la veo por las mañanas.

Su diseño parece inspirado en el propio movimiento del agua.

El techo ondulado se extiende como una ola suspendida en el aire, envolviendo el edificio con una fluidez casi orgánica.

Desde el exterior, su estructura parece esculpida por el viento, como las piedras ovaladas que encuentras bajo el mar; con curvas suaves que fluyen de un lado a otro.

En el interior, la amplitud del espacio recuerda la sensación de estar bajo la superficie de una gran ola, con formas que evocan las ondulaciones del agua. En la entrada, hay una foto inmensa de

Tom Daley con los brazos alzados en forma de cruz, con una medalla olímpica.

Con Álvaro nos intentamos llamar, pero es difícil hacerlo cada día. Suerte que este fin de semana podré pasar mi primer fin de semana libre en Barcelona.

—¿Unai? —La secretaria me da paso al despacho de la presidenta del centro. Junto a ella están un ayudante, el responsable de marketing

y mi entrenador.

—Son buena noticias. —Mi entrenador se avanza para no asustarme.

Es español, pero lleva más de treinta años fuera del país; ha vivido en Estados Unidos, Italia y ahora está en Inglaterra. Es de los entrenadores de salto más prestigiosos.

—Adelante —digo intrigado.

El hombre me mira con una sonrisa, como de padre orgulloso.

—Como sabes, hay marcas que invierten en nosotros. Patrocinan campeonatos, nos ceden merchandising

o aportan dinero al centro; algunos incluso nos han patrocinado para las olimpiadas.

Escucho atento y, con un leve movimiento de cabeza, le invito a continuar.

—Esta temporada nos patrocinará Adidas, y no solo eso: tras varias negociaciones, ha decidido participar de forma exclusiva con nosotros.

—¡ Wow

! —respondo, intentando transmitir mi entusiasmo a toda la sala, en un wow

lo más inglés posible.

—Además —continúa—, las marcas se fijan en los deportistas para que sean su imagen y… se han fijado en ti.

—¿Cómo? ¿Es una broma?

—No, qué va. Para nada. No tenemos tiempo para bromas —se ríe.

—Y esto… ¿cómo ha sido?

—Había varios nombres sobre la mesa; al final, han visto tu perfil y es el que más les ha gustado. Bueno, quien dice gustar, dice que objetivamente eres el mejor: mejores marcas

en los últimos años, atractivo, que seas español siempre vende…

—Eh… —Me quedo literalmente mudo.

—Eso sí —le cambia la mirada—, te vas a tener que poner las pilas. Este fin de semana te van a tomar medidas. Te van a hacer ropa a medida y una primera sesión de fotos.

—Pero este fin de semana no puedo —le digo sin pensar—; tengo un vuelo para Barcelona.

Me mira incrédulo.

—A Barcelona podrás ir cuando quieras. A esta gente no les puedes decir que no.

—¿Y no se puede aplazar?

Se gira hacia mí, como si agradeciera que el resto de gente no entendiera lo que estoy diciendo.

—Unai, ¿estás loco? —me mira realmente perplejo—. Con lo que te pueden llegar a pagar en unos meses podrás traer a toda tu familia en jet

privado si hace falta.

Me deja el contrato enfrente de la mesa.

—Fírmalo. Y el domingo a las diez de la mañana pasarán a buscarte

.