Triángulo 11 ÁLVARO
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11 ÁLVARO

ÁLVARO

En casa me invade una sensación horrorosa de vacío. Me siento culpable por no querer algo con él, pero ¿tan raro es que quiera tener a mi novio cerca?

Miro por la habitación: mi armario, la cama, los cajones…

Voy recogiendo las prendas de vestir de Unai; algunas piezas hasta me cuesta saber si son suyas o mías.

Hay una camisa tejana muy fina que me prestó a principios de verano, una noche que estábamos en su casa.

Nuestra idea era quedarnos viendo series o alguna película, pero cenamos a la vez que fuimos preparando mojitos y, como teníamos hielo picado y ron, no paramos de rellenar vasos.

Éramos él, yo y un altavoz. Nos fuimos animando y a las tres de la madrugada decidimos salir de fiesta.

Me prestó aquella camisa para que yo fuera un poco arreglado.

Aquella noche jugamos a ver quién ligaba más, y nos presentábamos chicos el uno al otro sabiendo que, al final, acabaríamos la noche juntos.

Evidentemente, ganaba él. Pero me gustaba saber que yo estaba con el que era el centro de la mayoría de las miradas. Pensar en eso me duele.

Encuentro también un bañador que me prestó una mañana.

De forma improvisada, decidimos irnos a la playa del Prat.

Es una playa nudista, pero yo le dije que no me atrevía a ir en bolas, así que me dejó aquel bañador.

Al final, para mi propia sorpresa, fui capaz de estirarme sin el bañador.

Pero, al guardarlo en mi mochila, se me olvidó dentro y ya me lo quedé.

También me prestó unas gafas de sol que me acabó regalando, ya que decía que me quedaban mejor que a él.

Me doy cuenta de que los últimos tres meses hemos pasado mucho tiempo juntos.

Miro atrás y mi verano ha sido él. Casi me atrevería a decir que ha sido de mis mejores veranos.

Aun así, en ningún momento lo había visto como a mi pareja; pero, ahora que se va, tengo la sensación de que tal vez él no está tan equivocado y sí que podría ser el principio de algo

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