Triángulo 2 ÁLVARO
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2 ÁLVARO

ÁLVARO

Lo más difícil de estudiar una carrera online

es, precisamente, que sea online

: las aulas virtuales, los chats con los compañeros, comentar trabajos, no conocer a nadie, no tener casi amigos y, lo peor, no tener compañeros que te caigan mal a los que poder criticar. Pero eso lo descubrí cuando ya era tarde.

El primer año, antes de empezar el curso, me empezaron a llegar muchos e-mails

para darme de alta en foros, hacer un tour

virtual, rellenar mi perfil, leer guías del alumno y hacer muchas cosas que hasta el primer día de clase no hice.

Siempre a última hora.

Sin saber exactamente cómo, logré entrar en un aula virtual donde escuchaba a una profesora dándonos la bienvenida al curso.

En un lateral de la pantalla, veía el nombre de todos los alumnos con una foto.

A mí, me llamó la atención el de la única persona que, al igual que yo, no se había puesto foto de perfil, una tal María.

Le escribí.

ÁLVARO:

Veo que no has conseguido ponerte foto tampoco. XD

MARÍA:

Jajaja. Si te digo la verdad, ni siquiera estoy escuchando a esta pobre mujer. Que yo sé que nos habla porque mueve los labios, pero soy incapaz de conectar el audio.

ÁLVARO:

Ah, ¿es que la estás viendo? Yo solo la oigo. ¡¡Mierda!! XDD

MARÍA:

Vaya dos… Empezamos bien el curso.

ÁLVARO:

Ha dicho que se llama Consuelo. ¿¿Hola?? ¿¿Cuántos años tiene?? ¿¿Doscientos noventa??

MARÍA:

Viste como las chicas del cable, pero en mal. Por la cara parece de cuarenta y por el peinado parece de setenta. Jajaja. Seguro que pasa de los cien.

Estando en mi casa me entró la risa floja. Intenté disimular, pero luego me di cuenta de que nadie me veía, así que me reí tranquilamente y seguí hablando con ella.

ÁLVARO:

Oye, ¿vives en BCN? Podríamos quedar «en persona», porque no me entero de nada.

MARÍA:

Envía foto de cara al menos, ¿no? Jajajaja

ÁLVARO:

Si supiera hacerlo… Pero este chat no hay quien lo entienda… Además, ¡no quiero ligar! ¡Que soy maricón!

MARÍA:

Pues envía foto po…

ÁLVARO:

¡¿Qué dices?! Jajajaja

MARÍA:

¡Es broma! ¡Que tengo novio!

ÁLVARO:

Si me vieras, querrías dejarlo con él. Cero dudas.

MARÍA:

Y si tú me vieras a mí… También soy un pibón. ¡Jajaja! Te convencería fácilmente.

ÁLVARO:

Salí del armario con dieciséis años, paso de volver a entrar.

MARÍA:

Te haría entrar a redescubrir los mundos de Narnia. ¡Jajaja!

ÁLVARO:

¡Qué idiota! Me encantas. XD

Me había olvidado completamente de que estábamos en una clase de bienvenida cuando pasó algo que me cortó la respiración y noté como, en la distancia, en algún punto de Barcelona, a aquella tal María a la que acababa de conocer también le cambiaba la cara completamente.

CONSUELO (admin):

Escribiendo…

CONSUELO (admin):

Si clicáis en el nombre con el botón derecho, podéis tener una conversación privada. De lo contrario,

estáis participando en el chat general y todo el mundo puede leer vuestra interesantíiiisima

conversación.

No conocía aún a María, pero la necesitaba a mi lado para vivir juntos nuestra sentencia de muerte en aquella asignatura.

CONSUELO (admin):

Por cierto, María, es una minifalda Prada inspirada en las flappers

de los años veinte. Buen ojo. Y seré mayor, pero sé perfectamente cómo funciona un aula virtual, cosa que vosotros no. Si quedáis esta tarde, pasadlo bien.

Me quedé mudo y bendije el hecho de hacer una clase a distancia, para pasar aquella vergüenza totalmente a solas, y de no haber puesto foto de perfil, para que nadie en esa carrera supiera qué cara tenía.

María me abrió un privado, poniendo su número de teléfono.

MARÍA:

Creo que es mejor que hablemos por WhatsApp.

ÁLVARO:

Te agrego ahora mismo.

MARÍA:

La que hemos liado.

ÁLVARO:

Y es el primer día. XD Me quiero morir.

Ese fatídico momento nos unió para el resto de la carrera. Tres años después, seguimos siendo íntimos amigos y, si se le puede decir así, compañeros de clase.

Hemos quedado, como siempre, en nuestra cafetería favorita, el Sandwichez.

Es muy amplia, con mesas grandes de madera donde la gente pasa horas frente a su portátil, trabajando, estudiando, haciendo trabajos o, simplemente, tomando algo.

Para mí, es mejor que una biblioteca; la gente está en relativo silencio y todo el mundo parece estar concentrado, pero podemos estar tomando algo y hablar en voz alta sin que haya alguien haciendo «¡Shhh! ».

—Dos chai latte

y un cruasán de chocolate —pido para los dos—. Y si puede ser…

—¿…el cruasán partido por la mitad? —nos responde el camarero.

El mismo sitio, el mismo camarero, el mismo pedido.

—Sí, por favor —dice María sacando la tarjeta—. Hoy me toca a mí. Además, tengo un notición

para darte.

—Me alegro. Al menos, alguien tiene algo que contar…

Con el tiempo, han ampliado la cafetería, con lo que ahora tiene una segunda planta con vistas a la calle; siempre que hay sitios libres, nos sentamos ahí.

Apartamos una bandeja de algún cliente anterior y ponemos la nuestra en medio.

Nos sentamos uno enfrente del otro. Yo muerdo ansioso mi cruasán y ella, exaltada, me cuenta su notición

.

—¿Recuerdas aquella obra que nos anularon?

—¿En la que hacías de puta?

— Madame Bovary

no era puta.

—Pero tú, sí. —Me encanta meterme con ella.

—Por culpa de gente como tú la pobre acabó suicidándose.

—Pero ¡cállate! ¡No me cuentes el final!

—¡Si lo sabe todo el mundo!

—¡Pues yo no me acordaba! Me has jodido la obra…

—Eres un exagerado.

No quiero cabrearme.

—Entonces… —intento borrar el final de mi cabeza—, ¿la volveréis a hacer?

—Hemos retomado los ensayos y… ¡la estrenamos en diciembre!

María quiere ser actriz, pero no porque sea mona y aspire a ser famosa y salir en Netflix; le gusta de verdad. Ama la profesión. Siempre me ha hablado de los papeles que hacía en compañías amateurs

. Se le ilumina la cara, me cuenta los ensayos, se cabrea cuando una frase consigue hacerla suya y espera con ansias el siguiente proyecto, sea grande o pequeño. Siempre se impregna del personaje; tanto que, ensayando el papel de Emma en Madame Bovary

, lo acabó dejando con su propio novio, porque llegó a entender al personaje y vio que ella estaba en una situación similar. Así que, después de siete años, lo dejó. «Me di cuenta de que él no me hacía feliz».

—¡Y aquí tienes tus dos entradas para el estreno! —Rodea la mesa acercándose a mi lado y me da un sobre con dos invitaciones.

—Pero si son invitaciones de verdad… Ya no es una lista escrita a boli

sobre un papel rancio.

—¡Es que es la primera obra de teatro de verdad

que hago! Me hace tanta ilusión… Además, son butacas en platea, mejores que las de mis padres. Ellos me ponen nerviosa y los he puesto más alejados, pero a ti quiero tenerte cerca. —Me abraza fuerte e ilusionada—. ¿Vendrás con Unai?

—Yo qué sé… —respondo desganado—. Todavía no sabemos si se irá a Londres o no. Pero da igual, ¡vendré con o sin él!

La abrazo y saltamos de alegría, dando un poco la nota delante de todo el bar.

Siempre que quedo con María, me llevo la bolsa del gimnasio, aunque jamás voy porque siempre nos acabamos quedando los dos haciendo algo. Pero, esta vez, tengo la mala suerte de que María tiene ensayo y tiene que irse bastante pronto, así que me quedo sin excusa.

Me lo pienso varias veces e intento buscar algún motivo para volver a casa, pero no lo encuentro, así que no me queda otra que ir

.