Tres almas y una profecía CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

La luna se alzaba en el cielo oscuro redonda como un enorme globo de luz, rodeada de estrellas que lucían en la noche clara de finales de septiembre.

Sofía se había desprendido de su ropa y se transformó rápidamente en loba.

Alex tenía razón cuando le dijo que el cambio iría mejorando.

Apenas le dolía y ya era capaz de cambiar de forma a voluntad.

La loba blanca corría ágilmente flanqueada por el lobo negro que la protegía de su instinto animal y de los seres que la perseguían, mientras un vampiro de ojos verdes los seguía desde las alturas dispuesto a destrozar a cualquiera que quisiera hacerle mal.

Cuando llegó la mañana, la loba blanca se transformó en una joven. Junto a ella, yacía Alex, convertido en humano, que la miraba con los oscuros ojos llenos de amor. Ian les había dejado la ropa al lado para que pudiesen vestirse al recobrar la forma humana.

Una vez vestidos, Ian descendió de uno de los árboles en los que se había acomodado durante la noche y se reunió con ellos.

—Chicos, he estado pensando en Oriol y Strug y lo que conlleva estar pendientes de un posible ataque —expuso Sofía. —No voy a regresar al hospital hasta que todo esto termine y quiero dejar la ciudad. Necesito romper con todo y comprender lo que soy, en lo que me he convertido.

—Regresemos al poblado del Lago Sagrado —ofreció Alex—, mi manada estará encantada de tenerte con ellos. Mi alfa, Laia, te tiene mucho cariño. Te vendrá bien estar con los lobos.

—Recuerda que también es medio vampiro —intervino Ian molesto—, podría venir conmigo al Valle del Silencio y convivir con los míos. Hasta el momento, apenas has tenido referencias de vampiros que no te den problemas, y con Adara aprenderás lo que necesitas.

—Ambas ofertas son muy interesantes —afirmó Sofía—, pero no quiero llevar la guerra a vuestros hogares.

Desde mi encuentro con Oriol no paro de darle vueltas a lo que hablamos.

Ese tal Strug me da miedo. Vivir con vuestros clanes es ponerlos en peligro y no quiero tener que lamentar haber aceptado vuestra oferta.

—Sofía —susurró Ian acercándose a ella y sujetándola por ambos brazos. —A nosotros no nos pueden matar, ven conmigo y te protegeremos.

Ella lo miró a los ojos y se sintió tentada a aceptar. Luego miró a Alex y su gesto de dolor le hizo dudar.

—Está bien —aceptó el licántropo. —Vayamos al Valle del Silencio. Te acompañaré a donde vayas.

—No quiero que te metas en un lugar lleno de vampiros por mí. No me perdonaría si te sucediese algo.

—No te preocupó que Ian se metiese en un poblado lleno de licántropos —alegó él, ofendido. —¿Acaso crees que soy más débil?

—No eres más débil, pero eres mortal y no quiero que te suceda algo por protegerme, no sé lo que haría si te ocurriese algo.

—Iré contigo —ratificó el licántropo sin dejar que ella dijese una palabra más. —Hablaré con Laia y partiremos cuando quieras. ¿Estás de acuerdo, Ian?

El vampiro asintió mientras sus labios se entreabrían con una sonrisa.

—Cuando termine la luna llena, partiremos —concedió Sofía.

Los jóvenes se habían desplazado en moto. Sofía iba de copiloto con Ian disfrutando del viaje. La cercanía del cuerpo del vampiro hacía que su corazón se acelerase y no podía evitarlo.

—¿Estás bien? —preguntó Ian alzando la voz.

—Genial —respondió ella con emoción.

—Tu corazón va muy rápido —se preocupó el chico.

«Mierda», pensó. «Ese corazón que no debería latir me está traicionando», y luego añadió en voz alta:

—Es la primera vez que voy en moto y la experiencia me encanta —disimuló.

El Valle del Silencio era un lugar espectacular rodeado de montañas y de puertos, rico en agua procedente de diversos manantiales.

En el valle propiamente dicho había castaños y algún olivo, pero el reclamo para los amantes de la naturaleza eran los espectaculares árboles frutales que florecían en primavera llenando el campo de alegres colores.

—Este lugar es precioso —dijo Sofía inspirando con fruición el aire que la rodeaba.

—Si vienes en primavera, el campo está lleno de color —ofreció Ian, orgulloso de su tierra. —Además de los árboles frutales, están las flores y el olor que desprenden.

La joven se giró mirando impresionada al vampiro.

—No sabía que eras poeta. Si cierro los ojos me puedo imaginar lo que me has contado.

Alex recorría con la mirada el paisaje y asentía para sí mismo.

«Tienes razón, es un lugar hermoso. Sofía estará a gusto cuando se transforme».

Adara apareció cuando escuchó el ronroneo de las motos y les esperó con una sonrisa.

El pueblo de los vampiros era un lugar moderno con impresionantes chalés. Todos ellos seguían la misma línea arquitectónica para no romper la armonía del entorno. Sus paredes eran de piedra y los tejados de pizarra negra.

Tanto Alex como Sofía lo contemplaban sorprendidos.

—¿Qué pasa? ¿No es lo que esperabais? —les interrogó Adara.

—Seguro que esperaban un castillo antiguo y tenebroso y chozas habitadas por asustados campesinos —se burló Ian.

—No digas bobadas —respondió Sofía. —No sé cómo creí que sería, pero desde luego no tan… de lujo.

—Llevamos muchos siglos asentados en la zona y nuestras riquezas tienen que servir para algo.

—¿Qué dicen el resto de los habitantes? ¿Saben que sois vampiros? —preguntó Sofía intrigada.

—Aquí solo estamos los vampiros y los humanos que nos ofrecen su sangre.

Hace mucho tiempo adquirimos toda esta zona del valle —explicó Adara señalando con el brazo a una gran distancia y girando sobre sí misma para hacerles entender la extensión de su propiedad.

—Eso nos garantiza que no haya vecinos curiosos que puedan ponernos en peligro.

Alex asintió nuevamente sorprendido admirando lo que le rodeaba.

—Venid conmigo —pidió Adara apoyando la mano sobre el hombro de la joven.

—Os están esperando y me quedo más tranquila si todos los miembros del clan os conocen.

Así evitaremos confusiones con Alex cuando lo huelan para que no lo confundan con un enemigo.

En cuanto a ti, Sofía, tu olor es absolutamente desconcertante, mejor que se acostumbren a él.

Los chicos comprobaron que el clan estaba formado por unas setenta personas, de las cuales aproximadamente una treintena eran humanos que se alojaban en viviendas especiales para ellos de la misma calidad que la de los vampiros.

.. Estos no acudieron a la reunión, pero sí que paseaban por las calles y alternaban en un café bar que gozaba de todos los caprichos que pudieran desear: un billar, dos futbolines, una zona para jugar a la Play, una sala para ver películas en una enorme pantalla, sala de cartas, salón de baile y bebidas de todo tipo.

En cuanto a los vampiros, tan solo cinco eran originales, inmortales y capaces de caminar bajo la luz del sol, el resto eran humanos convertidos.

Acogieron a los recién llegados con expectación, en especial a la elegida, de la cual habían escuchado noticias asombrosas.

Al entrar en el enorme salón en el que organizaban reuniones, más de uno de los convertidos se puso nervioso con los nuevos olores, enseñando sus dientes y mirándolos con ojos enrojecidos.

Inconscientemente, Ian y Alex se pusieron delante de Sofía para protegerla, provocando una sonrisa en Adara.

«Tengo un par de mosqueteros enamorados», se dijo pensativa. Espero que sepan controlarse».

—Chicos —dijo después en voz alta mirando a los componentes de su clan—, sé que estabais deseando conocer a Sofía.

Como podéis comprobar por el olor tiene parte de vampiro, y será un miembro más mientras esté bajo nuestra protección.

Este es Alex —señaló al licántropo—, y es un invitado al cual hay que respetar y ayudar en todo lo que necesite.

Os pido respeto a todos, sobre todo a los que no hace mucho que os habéis convertido.

Comprendo que los licántropos y nosotros somos enemigos ancestrales, pero Alex ha protegido a Sofía desde el primer momento y no ha querido separarse de ella a pesar de tener que meterse en medio de un clan de vampiros.

—Reconozco que tienes un par de huevos —comentó sonriendo uno de los vampiros originales adelantándose para estrecharle la mano. —Un placer acogerte en nuestro hogar.

Alex estrechó su mano y asintió con un gesto:

—Muchas gracias.

Un segundo vampiro original se acercó a Sofía mirándola con respeto e inclinando la cabeza.

—Estaba deseando conocerte, has sobrevivido a varios ataques que deberían haberte causado la muerte y aquí estás, esperando el siguiente ataque sin inmutarte.

Sofía enrojeció ante el halago del vampiro, pero no retiró la mirada. El hombre era muy guapo, como un señor oscuro. Su piel era mezcla de raza negra y blanca, los ojos y el cabello negros y medía casi dos metros.

—Espero no traeros problemas. Era reacia a venir, pero Ian y Adara insistieron.

—Si los problemas quieren venir, estaremos esperándolos. Hace mucho que no tenemos un enfrentamiento y estoy aburrido —afirmó con una enorme sonrisa.

Una vampira joven, también original, se adelantó poniéndose frente a Sofía. Apenas aparentaba veinte años y físicamente era la antítesis de la elegida. El pelo rubio rizado caía en cascada sobre su espalda, la piel oscura, los ojos negros, y un cuerpo atlético y elegante.

—Ian y yo hemos crecido juntos y le conozco muy bien —comentó como quien no quiere la cosa, lanzando una mirada ardiente al vampiro.

—Si tan bien lo conoces, me encantará escuchar anécdotas de su vida. A pesar de todo el tiempo que he compartido con él, apenas se nada —respondió sin darse por aludida a la amistad que había entre los dos.

La vampira, molesta, se acercó a Alex.

—Hueles a perro un montón, pero tranquilo que no supondrá un problema para mí —le saludó coqueta.

Sofía alzó sorprendida una ceja ante la actitud de la vampira.

«¿Está coqueteando con Alex?>», pensó alucinando.

—Ahora que nos conocemos —añadió el primer vampiro—, estaré encantado de enseñarte la zona y, sobre todo, de sacar partido a tus dones de vampiro.