Tres almas y una profecía CAPÍTULO 44
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CAPÍTULO 44

Strug se revolvía en el inframundo esperando el regreso de Oriol, su fiel servidor, pero este tardaba demasiado y estaba preocupado. Era de vital importancia destruir a la elegida antes de abrir las puertas del inframundo y dejar escapar a todos los demonios y seres que allí habitan.

«¿Dónde estará Oriol? Sabe que le estoy esperando y la tarea que le he encomendado es la más importante de todas. Jamás me atreveré a lanzar un ataque a la tierra mientras ella esté con vida. La profecía es clara: ella puede cambiar el futuro de la tierra».

Un sonido le hizo detenerse y tras el portal al inframundo vio el reflejo de Oriol. Con un gesto, el guardián del infierno permitió el acceso al joven híbrido.

—Mi señor—se inclinó Oriol respetuosamente ante Strug.

—¿Por qué has tardado tanto? —se exasperó el guardián.

—Tengo a la elegida en mi poder como me pediste, dime que quieres que haga con ella.

—¿No la has traído contigo? —se sorprendió. —Mis órdenes fueron claras.

—Es más peligrosa de lo que parece, mi señor.

—¿Qué quieres decir?

—Cuando me mira… cuando me mira… las entrañas se me revuelven y me hacen sentir algo nuevo aquí —trató de explicar tocándose el corazón. Cuando habla, su voz es como un canto de sirena que me envuelve y me hipnotiza, llevándose con ella mi capacidad de actuar como quiero.

—¿De qué me estás hablando? ¿Te estás escuchando? Pareces un payaso diciendo bobadas que harían reír a cualquiera de tus compañeros de viaje aquí abajo —afirmó haciendo un amplio gesto con las manos señalando sus dominios. —¿Realmente esa mocosa te ha robado el juicio?

—La elegida no me ha hecho nada, sigo siendo yo, Oriol, el ángel de la muerte, como tú mismo me bautizaste.

—Esa chica te ha hecho dudar de ti mismo y del papel que te corresponde en la profecía. ¿Acaso lo has olvidado?

—No, mi señor.

—Repite en voz alta lo que dijo el vidente —le ordenó enfadado.

—Un híbrido desterrado al averno hallará la puerta a la tierra y destruirá a la elegida —recitó Oriol una lección aprendida.

—Ese híbrido eres tú —aseguró Strug acercándose al joven hasta casi juntar su rostro con el suyo. —Regresa junto a ella y tráela aquí inmediatamente —ordenó mientras en sus pupilas rojas bailaban unas llamas que parecían abrasar al que lo miraba.

Oriol se apartó y asintió con la cabeza.

—Cumpliré tus órdenes.

Con un gesto, Strug levantó el velo que cubría la salida a la tierra y permitió pasar a Oriol. Cuando éste desapareció, el ser lanzó una carcajada malévola cargada de burla.

«Ese ignorante con sangre de ángel no sabe dónde se ha metido ni con quién está jugando.

El consejo no debió enviarle aquí, donde siempre ha sido un paria por su sangre pura.

Todos los seres del inframundo lo despreciaban y atacaban, hasta que lo tomé bajo mi tutela para sacar lo peor de él y cumplir mi plan.

Se creyó que él era el que doblegaría a la elegida y que su nombre aparecía en la profecía, todo gracias a mi capacidad de persuasión durante tantos años y a repetirle una y otra vez el papel que tenía que desempeñar llegado el momento.

Ni siquiera se le pasó por la cabeza la idea de que todo lo que le conté era mentira», se regodeó pensando en el plan que había orquestado durante años.