Tres almas y una profecía CAPÍTULO 40
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CAPÍTULO 40

Sofía se encontraba muy cómoda entre los ángeles, con su ambiente relajado y su aura de pureza. Había congeniado muy bien con Fiona y disfrutaba con su compañía.

Le habían ofrecido una habitación de paredes y muebles blancos, con una preciosa colcha dorada sobre la cama. La luz entraba por un gran ventanal reflejándose en un enorme espejo de pie y las vistas eran magníficas, pues daba a una cadena montañosa a cuyos pies discurría un río cristalino.

Se tumbó bocarriba mirando al techo. Hacía tanto tiempo que no disfrutaba de un momento de paz que cerró los ojos y se quedó dormida.

En sus sueños, un ser sin rostro se acercó y le preguntó.

—¿Quién eres muchacha? ¿Qué eres?

—Me llamo Sofía.

—Bonito nombre para un extraño ser.

—¿Por qué me dices que soy extraña?

—En tu interior habitan diferentes criaturas, algunas de naturaleza opuesta entre sí.

—No he podido evitarlo. Ellos me eligieron.

—Es sorprendente que tu interior no esté en constante lucha. Cualquier persona se habría vuelto loca, sin embargo, tú has conseguido adaptarte y que reine la armonía.

—¿Te refieres a mi parte licántropa y la vampira?

—Por supuesto. Dos seres que se aborrecen dentro de un mismo cuerpo.

—No lo había visto de esa manera.

—Probablemente porque los amas a los dos.

—Dime quién eres —exigió enfadada al escuchar las últimas palabras.

—Soy tu conciencia. Todo se está desarrollando tan rápido que no has podido profundizar en lo que te sucede.

—¿Qué me sucede?

—Eres un vampiro con corazón y sangre caliente. Eres un ángel sin alas y que no sabe volar. Eres un licántropo sin manada. ¿No te parece raro?

Sofía se agitó inquieta sobre la cama sin saber cómo responder a las cuestiones que su conciencia le planteaba. Su corazón se aceleró y unos afilados colmillos salieron cortando sus labios y haciéndoles sangrar. Se despertó sobresaltada y sentándose llevó una mano a su boca.

La sangre sabía y olía a hierro, estaba acostumbrada a su olor desde que empezó la carrera de Medicina. Quizás por eso no le alteraba su presencia.

—Tengo que hablar con Gabriel, Malcom y Carmela. Hay tantas preguntas sin respuesta…

Alex e Ian esperaban en el exterior del hospital a que saliese el doctor Pelayo. Tenían que conseguir información del paradero de Oriol para detenerlo antes de que causase más daño.

—¡Vaya con el ángel! —comentó Ian cabreado. —Desde que Sofía despertó lo único que ha hecho ha sido intentar matarla. ¿Qué puñetas le importa a él?

—Por una vez tengo que estar de acuerdo contigo. Ese tipo es un maldito demonio. He oído que asesinó a su propio padre.

—¡No jodas!

—Me imagino que nos lo contarán cuando regresemos. Mejor conocer la historia para saber a qué nos enfrentamos.

—Mira, ya sale —indicó Ian dándole un pequeño golpe en el hombro.

—Espera a que se acerque más. No quiero montar un número. Hay que ser discretos y …

Alex se quedó con la palabra en la boca al ver como el vampiro se desplazaba a tanta velocidad que no pudo seguir su rastro hasta que le vio junto al doctor, pasando un brazo sobre sus hombros y mirándole de manera siniestra.

—Si hablas, te mato. Si chillas, te mato. Si no haces lo que te digo, te mato. ¿Está claro?

El hombre asintió con la cabeza y obedeció como un corderito. Caminaron hacia el licántropo y una vez se juntaron los tres fueron a un parque cercano y lo empujó para que se sentase en un banco.

—Háblanos de Oriol. ¿Cómo le conociste? —preguntó Ian.

—Se presentó un día —dijo sudando profusamente por el terror— y me ofreció ser su socio.

—¿Socio para qué? —se interesó Alex.

—Tenía que acercarme a la chica, hacerme su amigo y llevarla junto a Oriol. Pero ella no quería nada conmigo, siempre ponía disculpas y salía en dirección contraria.

—Chica lista —comentó Ian con una sonrisa torcida.

—¿Por eso fue Oriol al hospital? —intervino Alex—. Como tú no lo conseguías decidió hacerlo él.

El hombre miraba primero a uno de los jóvenes y luego al otro con el rostro desencajado.

—¿Para qué la quería? —le intimidó Ian.

—No lo sé.

—No te creo. Seguro que se lo preguntaste.

—No, te lo juro.

—Es decir, que te piden que ayudes a secuestrar a una persona y te da igual lo que le van a hacer —afirmó Alex. —Seguro que Sofía vio tu alma negra como el carbón y por eso te evitaba.

—Cuéntanos algo más. ¿Dónde vive? ¿Tiene algún amigo?

—No lo sé, de verdad —se lamentó el hombre.

—Si no nos das algo de información ya sabes lo que te va a pasar —amenazó Ian.

Angustiado, el hombre cerró los ojos tratando de buscar algo interesante para que le dejasen ir.

—Ya sé —se le iluminó el rostro. —Le compré un teléfono móvil. El tipo no sabía ni lo que era y le enseñé a manejarlo. Incluso se creó un Instagram.

—¿Lo tienes?

Rubén asintió con la cabeza.

—Saca tu móvil. —ordenó Alex.

En pocos minutos los dos jóvenes tenían el número de teléfono de Oriol y su Instagram.

—¿Qué es esto? —preguntó Alex ojeando el Instagram—¡Todo son fotos de Sofía, de sus padres, sus compañeros y nuestras!

—Si fuese humano, se me pondrían los pelos como escarpias. —comentó Ian ojeando las publicaciones. —Esto es raro de cojones.

Oriol regresó a la gruta y lanzó un aullido cuando descubrió que sus prisioneras habían desaparecido. Necesitaba ver a Fiona. Algo en su interior se removió cuando la vio después de tantos años, pero no sabía cómo hablar con ella.

Siempre fue dulce y cariñosa con él y nunca perdió la esperanza de que cambiase, pero él era así, siempre lo había sido.

La oscuridad era su compañera y no era capaz de darle la espalda.

Más de una vez se había preguntado por qué se comportaba de esa manera.

Quizás porque su abuelo era un maltratador que golpeaba a su mujer y lo llevaba en los genes.

O simplemente era su esencia: oscuridad y maldad.

Se encogió de hombros y recordó a su otra prisionera. Escuchó tanto hablar de ella que estaba deseando conocerla.

«He de admitir que me sorprendió su aura», se dijo.

«No solo es hermosa por fuera, toda ella emana paz y armonía.

Lástima no poder hablar con ella. ¿Cómo habrán escapado?

Ha tenido que ser la chica, pues mi madre no pudo resistirse al poder de las cadenas.

Podía apreciar el dolor que le causaban.

Su cara… estaba tan joven como cuando yo era pequeño…

sin embargo, mi padre había envejecido con el paso de los años. Era un simple humano».

Notó que su móvil vibraba en el bolsillo del pantalón y lo sacó con curiosidad. Sería el inepto del médico. ¿Quién más le llamaría? Desbloqueó la pantalla y vio una notificación de Instagram. Alzó las cejas sorprendido. Era su primera notificación.

«¡Qué curioso!, tengo un nuevo seguidor. Veamos quién es», se dijo.

Pinchó en el icono y apareció la foto de una joven preciosa.

«Es guapísima», reconoció ojeando las fotos de su perfil. «¿Ahora qué tengo que hacer? Lástima que no esté aquí ese baboso de Pelayo para enseñarme».

Una nueva notificación produjo un tintineo.

—Hola —saludó la chica.

Oriol se quedó mirando la pantalla como si quemase.

«Está bien», decidió. «Voy a hablar con ella».

—Hola —escribió.

—Hola, me llamo Amalia. Tienes unas fotos muy chulas —comentó la joven. —¿Cuál de todos eres tú?

—El más guapo —respondió divertido.

—Hay dos muy guapos. ¿Eres el moreno o el rubio?

—El rubio, por supuesto.

—Tu nombre es muy original. No conozco a nadie que se llame así.

—Proviene de Cataluña y significa dorado. Ya sabes como son las madres.

—Se ve que te quiere mucho.

—No te haces una idea.

—Me imagino que todas las chicas te dirán que eres muy guapo. En tus fotos de Instagram aparece una chica espectacular. ¿Es tu novia?

—¡Qué va! Es mi hermana.

—¿Tienes novia?

—Mi hermana se llama Sofía —añadió tratando de desviar la conversación.

—No has respondido a mi pregunta.

—¿¿¿

—¿Tienes novia?

—No he tenido ocasión.

—Me encantaría conocerte para ver si eres tal y como apareces en las fotos.

—En persona estoy mejor.

—No sé si creerte. Mucha gente pone fotos de otras personas para ligar y cuando los ves en persona te llevas un chasco.

—No es mi caso. ¿Por qué pondría la foto de otro si yo estoy bien?

—Tendré que creerte —replicó ella—, pero algún día nos conoceremos en persona y espero que no me decepciones. Bueno, te dejo que tengo que trabajar. Hablamos en otro momento.

—Vale.

La joven se desconectó y Oriol se quedó mirando el teléfono con una sonrisa. Vaya manera tan moderna de ligar. Revisó su perfil y ahí estaban las fotos de Ian y de Alex, también de Carmela, Malcom y Sofía. ¡Qué fácil era engañar a alguien con el Instagram!

«Ojalá me hable de nuevo, es divertido y está estupenda».

Ian y Alex estaban en el bosque muertos de risa. Un par de horas antes habían abierto una cuenta de Instagram falsa con el nombre de Amalia y habían cogido fotos de Nicole Wallace, la preciosa actriz que en estos momentos estaba causando furor.

—¿Estás seguro de que no la va a reconocer? —preguntó Alex.

—Segurísimo. El medico nos ha dicho que no tiene tele ni nada, sólo el Instagram.

—En fin —accedió Alex—, crucemos los dedos.

—Vamos a enviarle un corazón a ver qué pasa —propuso Ian.

De esta manera consiguieron entablar una conversación para despertar su curiosidad.

—Los chicos siempre reaccionan igual —comentó Ian cuando se despidieron de Oriol. —Da igual que seas humano, ángel o licántropo, cuando veis una chica guapa os volvéis tontos.

—Habló el vampiro inmune al amor —se burló Alex. —¿Crees que no nos hemos dado cuenta de lo que sientes por Sofía? Es un secreto a voces.

Ian se puso tenso y lanzó una mirada salvaje al chico, apretando los puños para no partirle la cara o hacer algo peor.

Alex ni se inmutó.

—Los dos la amamos —se limitó a decir. —En sus manos está elegir al que quiera.

—Nos vemos esta noche para volver a hablar con Oriol —respondió Ian desapareciendo a una velocidad de vértigo.