Tres almas y una profecía CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

En la aldea del Lago Sagrado, Harper y Laia departían sobre el castigo que aplicarían a Martina y Fernando. Ambos querían terminar con la vida de Martina, pues era evidente que era la que había incitado a sus compañeros a traicionar a los suyos.

También había mordido a Sofía transformándola en licántropo y por último trató de quitarle la vida. Era obvio por su actitud que no lamentaba lo que había hecho, más bien se enorgullecía de ello.

—Sabes que Martina siempre nos ha causado problemas con el resto de los licántropos, incluso con los de nuestra manada —comentó Harper—.

Es agresiva, rebelde, astuta y disfruta sacando de quicio a los demás.

No creo que quiera el perdón y estoy seguro de que si la dejamos en libertad continuará con la misma actitud.

—Por desgracia comparto tu opinión —asintió Laia con pena.

—En cuanto a Fernando, podría redimirse si le guiamos por el buen camino —se atrevió a insinuar Harper—, es joven y maleable y ha recibido muy mala influencia de Martina.

—Comprendo lo que dices, pero fue el causante de la muerte de Sofía.

No sé cómo expresar lo que sentí cuando oí como se apagaba su corazón.

Por mucho que intentes disculparlo, lanzó un ataque mortal sobre la chica y eso es algo que no todos son capaces de hacer.

Arrebatar una vida requiere mucha sangre fría y falta de compasión.

—Hablando de sangre fría —añadió Harper. —¿Dónde está el legendario vampiro? Ha llegado a nuestros oídos la historia sobre como impartió justicia con Frank.

Laia puso los ojos en blanco y suspiró.

—Ese chico es todo un misterio para mi—aseguró la mujer— Ian y mi hijo nunca se han aguantado, pero desde que apareció la elegida parece que se respetan entre sí. Es como si hubiesen establecido una tregua por el bien de Sofía.

—He detectado su presencia en tu aldea, lo cual me ha llamado la atención puesto que según me han contado, cuando la joven vio el corazón de Frank en su mano le pidió que se marchase.

—Veo que tus informadores saben de lo que hablan.

Lo increíble es que el chico bajó la cabeza y cumplió sus deseos.

Acaba de regresar hoy y poco antes de tu llegada le expliqué la lucha con Martina y los otros lobos.

Te aseguro que chillaba como si estuviese poseído y temí que comenzase a arrancar corazones a diestro y siniestro.

Este chico es un rompecabezas, siempre tan frio y controlado y ahora es como una bomba a punto de estallar.

—Si eso ocurre espero estar lejos de aquí. Mientras tanto concretemos lo que vamos a hacer con Martina y Fernando. Ahora es lo que más me entristece.

—Mañana al amanecer los ejecutaremos. Como alfas no podemos mostrar debilidad ante nuestras manadas.

Apenado Harper consintió con un gesto de cabeza.

Llegó el nuevo día y la manada se congregó en torno a dos troncos que habían instalado en posición vertical en el centro de la plaza.

Fernando miraba aterrado desde la ventana el castigo que le esperaba.

Apoyó la espalda en la pared de la habitación y se dejó caer hasta quedarse sentado con las rodillas a la altura del pecho y la cabeza entre las manos.

Fuertes sollozos sacudían su pecho, lo cual llamó la atención de Martina.

—No seas cobarde y deja de llorar.

Pero el muchacho seguía ocultando su rostro como si de esa manera pudiera evitar lo que iba a suceder.

Martina gritó llamando a Sofía, la cual permanecía en una habitación desde que le contaron la decisión que habían tomado sobre los lobos que la habían atacado. Escuchó la llamada y se puso en pie dispuesta a acudir junto a ella.

Apenas puso un pie fuera de la cabaña se topó con Ian y Alex. Ambos negaron con la cabeza y le impidieron abandonar la estancia.

—¡Dejadme salir! —exigió enfadada.

—Me temo que no —informó Ian con una mirada fría que la hizo estremecer.

—Alex, necesito hablar con ella.

—No —respondió rotundo el joven mirándola con los ojos negros como el carbón.

Cuatro licántropos acudieron a la cabaña en la que estaban los acusados y los llevaron a la plaza. Todos los presentes permanecieron en silencio mientras los ataban a los postes.

Laia y Harper se colocaron frente a ellos a una considerable distancia, portando cada uno un arco y una flecha.

No mediaron palabra, Harper alzó el arco, tensó la cuerda y la flecha salió volando hasta alcanzar el corazón de Fernando.

—No sabéis lo que os espera —gritó Martina como una perra rabiosa. —Podéis matarme, pero él vendrá pronto y os robará a vuestra preciosa princesita y después le arrancará la vida pedazo a pedazo.

Una sombra se deslizó veloz hasta Laia y arrebatándole la flecha de la mano, la cogió como si fuera una lanza y en un instante se clavó en el corazón de Martina.

Todos se giraron hacia él con los ojos abiertos de la sorpresa. Ahí estaba Ian, con una sonrisa de satisfacción mirando desafiante a los licántropos.

Laia se acercó amenazadora y agarrándole del brazo lo arrastró hacia el bosque.

—¿No te han enseñado modales? —preguntó cabreada. —Es la segunda vez que te tomas la justicia por tu cuenta. ¿Eres consciente de que me desautorizas ante mi manada?

—No debiste permitir que amenazase a Sofía de esa manera y que hablase de ese supuesto personaje que vendrá para secuestrarla y asesinarla. Tú tenías la flecha y no la lanzaste. Alguien tenía que hacerlo —respondió sereno el joven.

—Maldita sea Ian —se lamentó Laia—, puede que tengas algo de razón, pero parecía que Martina quería contarnos algo. ¿No te has parado a pensar que nos podría haber dado alguna pista?

—Esa arpía lo único que quiere es hacer daño. Puedes preguntarle a tu hijo a ver qué opina de ella.

—En fin, ya no podemos hacer nada—se resignó la mujer. —Ahora haz el favor de desaparecer de mi poblado durante una temporada. Tendrás que aprender que todos los actos tienen consecuencias.

—Pero Sofía…

—Ella estará bien, hemos eliminado todas las amenazas y aquí le estamos enseñando a desarrollar su parte de lobo.

—Sabes que esto no ha terminado —afirmó Ian preocupado.

—Sé que mientras esté con mi manada estará protegida.

—¿Como cuando la atacaron Martina y sus amigos? —preguntó irónico.

—¿Acaso no tienes nada que recriminarte? Según tengo entendido a Sofía la mordieron y desangraron dos vampiros antes de que terminases con ellos y no satisfecho con ello, la convertiste en vampira.

Ian apretó los puños y sus ojos verdes brillaron velados por una sombra que puso los pelos como escarpias a Laia. Al fin y al cabo, licántropos y vampiros han sido enemigos desde el comienzo de los tiempos, y si su manada aceptó la presencia del joven fue por proteger mejor a la elegida.

—Me voy, pero dile a Sofía que si no regresa pronto volveré a buscarla.