Tres almas y una profecía CAPÍTULO 29
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CAPÍTULO 29

Ian regresó con Adara, su líder, para ponerla al tanto de los acontecimientos recientes, aunque ignoraba el último ataque perpetrado por los lobos.

La mujer conocía a Ian desde hacía siglos y observó que su rostro estaba nublado por la tristeza.

Eso era algo nuevo en el chico, que siempre mantenía una máscara de frialdad e indiferencia.

Su personalidad hacía que el resto de los vampiros lo admirasen y respetasen, aceptando sus ideas y opiniones como las más válidas.

Pero desde su regreso, Ian había permanecido más frio y distante de lo habitual y eso tenía preocupada a Adara, que siempre lo había querido como a un hijo.

Por ello, después de varios días lo llamó a su presencia.

Como siempre, el joven acudió respetuoso esperando recibir órdenes para una nueva misión.

—Siéntate —le pidió Adara—, me gustaría hablar contigo de lo que te pasa.

Ian alzó las cejas sorprendido y miró con los inmensos ojos verdes a su líder.

—No sé a qué te refieres —respondió evasivo.

—Creo que si lo sabes —afirmó ella sonriéndole. —Desde tu regreso pareces un alma en pena y he de decir que no solo me ha llamado la atención, sino que me preocupa.

—No deberías perder tu tiempo con mis problemas. Hay cosas que solo uno mismo puede solucionar.

—Siempre has sido un vampiro solitario con un don para rodearte de compañeros que te seguirían hasta la muerte, pero en lo referente al amor jamás he sabido de algún ser que haya conquistado tu corazón.

Quizás te llegó el momento de descubrir un nuevo sentimiento y de valorar si merece la pena luchar por él.

—No sé de qué me hablas —susurró Ian tratando de negar lo que le tenía atormentado.

—Eres como un hijo para mí y me produce tristeza verte así. Yo he amado intensamente a varios vampiros y también a humanos.

Ian alzó sorprendido la cabeza. Había conocido a los vampiros con los que había estado, pero jamás se imaginó que hubiese amado a humanos.

—No me mires así, muchacho. Llevo más siglos que tú en este mundo y en ocasiones suceden cosas que te hacen cambiar. ¿Sabes lo peor de amar a un humano?

El joven negó con la cabeza.

—Lo peor —continuó explicando Adara— es que ves cada día como van pasando los años sobre sus cuerpos.

Primero es una arruga, una cana…pero poco a poco, ves como envejecen y tu sigues siendo joven y hermoso, y ellos te preguntan cómo es posible que no pasa el tiempo para ti.

Y cuando por fin les llega la muerte, se te rompe el corazón y se llena de dolor.

Por eso evito enamorarme de los humanos.

—No lo comprendo… Si los amabas, podías haberlos convertido y seguir juntos por la eternidad.

—Es algo que me planteé en más de una ocasión, mas siempre llegué a la conclusión de que no debía hacerlo.

Los humanos son especiales a pesar de su fragilidad física.

Su manera de sentir el concepto de la familia, la amistad, su moral, cómo se enfrentan a las alegrías y a las adversidades…

Todo eso los convierte en seres excepcionales.

Si se convirtiesen en vampiros podrían cambiar.

Yo me enamoraba de su esencia, de su manera de ser y no quería cambiar ese sentimiento.

—Quizás no hubiesen cambiado —sugirió el chico.

—Sé por experiencia que cuando se convierten en inmortales cambian totalmente, se plantean la vida de otra manera sin pensar en el futuro o en el tiempo que les queda.

Es tan sencillo de comprender como mirar a tu alrededor.

La mayoría de los vampiros no son pura sangre como tú o como yo, una vez fueron humanos y te aseguro que, aunque su esencia humana permanece en su interior al comienzo, con el tiempo va transformándose y se convierten en seres totalmente diferentes.

No quiero decir con esto que si los hubiese transformado habría dejado de amarlos, pero sí que sería consciente de como su personalidad iría cambiando.

—Quizás fuiste cobarde y perdiste el amor de tu vida —aseveró Ian.

—Quizás —asintió Adara con sinceridad—, pero no me atreví a comprobarlo.

Durante un rato ambos permanecieron en silencio, cada uno sumido en sus ideas, hasta que la mujer lo rompió.

—Ian, no puedes huir de tus sentimientos y esconderlos en tu interior. Eso solo te hará sufrir y con el tiempo te convertirá en un ser insoportable y amargado. Si has encontrado a alguien no lo dejes escapar.

—No es tan sencillo.

—¿Me equivoco si te digo que te has enamorado de la elegida?

El joven reflexionó en silencio durante unos instantes.

—Adara, ahora no es el momento adecuado. Soy su protector y no debo involucrarme personalmente. No puedo perder la perspectiva y bajar la guardia. Eso me convertiría en un guardián distraído y no cumpliría bien con mi deber.

—Tú la conoces bien —aseveró la mujer. —¿Qué opinas de ella como la elegida? Muchos temen lo que pueda suceder. Tan solo conocemos parte de la profecía y no saber puede dar lugar al miedo.

—Es un ser excepcional —afirmó rotundo. —Su belleza exterior es una pequeña parte respecto a lo que guarda su interior.

Está tocada por la luz, y sé de lo que estoy hablando.

Conozco muchos ángeles y un aura rodea sus cuerpos.

Sofía es diferente, ella es medio ángel, medio humana, pero su aura es más potente incluso que la de los miembros antiguos del consejo.

—¿Consideras que es peligrosa?

—No —respondió rotundo.

—¿Es posible que suceda algo que transforme su aura en algo oscuro y peligroso?

—Acaban de asesinar a su mejor amigo y pidió el perdón para el culpable —respondió encogiéndose de hombros.

—Aun así, lo mataste.

—Era peligroso para ella.

—Ahora no quiere verte.

—Tendré que vivir con eso.

—Quiero que regreses con ella. No quiero que le suceda nada.

—Está con el lobo.

—Juntos tenéis más poder y os necesita a los dos.

Ian permaneció en silencio nuevamente.

—¿Qué te preocupa? —preguntó Adara.

—Puede que esté enamorada de Alex.

Adara se sorprendió al escuchar la confesión. Ian siempre era reservado y no hablaba de sus sentimientos y en un momento le había abierto su corazón.

La embargó una gran ternura al ver el rostro del muchacho debatiéndose entre el deber y el amor, luchando contra los celos. En todos los siglos que habían compartido, jamás le ofreció este aspecto de su personalidad, lo cual hizo que desease conocer a la joven que lo había cambiado.

—Adara —susurró Ian mirándola fijamente—, si esta conversación sale de aquí…

La mujer sonrió ante el tono amenazador del chico.

«Vaya, parece que el antiguo Ian sigue ahí dentro», se dijo y luego en voz alta añadió:

—Esta conversación no ha tenido lugar. Ahora haz el favor de ir con la elegida y no permitas que le suceda nada.