Tres almas y una profecía CAPÍTULO 28
58%

CAPÍTULO 28

Se encontraban en el poblado de la manada de Las Tres Lunas rodeados de licántropos que exigían justicia y amenazaban a Frank.

Laia comprendía su reacción, pues ella misma deseaba castigarlo con la muerte.

No obstante, se mantenía firme como alfa de la manada y guiaba a los recién llegados a su cabaña, aunque en su fuero interno trataba de encontrar la sentencia más justa y que al mismo tiempo fuese bien recibida por todos los bandos.

Por un lado, estaba su manada; por otro, los vampiros de Adara y, por último, la joven Sofía.

Tras conocerla personalmente, comprendió los sentimientos de Alex. Era una chica muy especial, pero parecía que no era consciente de ello y eso le iba a traer bastantes problemas.

Tan solo con mirarla a los ojos quedó sorprendida por las chispas de luz que brillaban en su interior.

También le desconcertó su olor. Nunca había olido una fragancia como la suya, tan peculiar y única.

A pesar de tener parte de vampiro, no sentía repulsa por ella, pues su esencia angelical predominaba sobre el resto.

Entró en la cabaña con los recién llegados y les ofreció un asiento alrededor de una tosca mesa de madera que probablemente ella misma había construido. Luego, con un gesto regio, les indicó con la cabeza que podían exponer sus deseos.

—Frank es un miembro de mi clan y hablo en representación de Adara, mi líder —comenzó Ian poniéndose en pie.

—Este vampiro es joven y no controla sus nuevos instintos, pero ello no es óbice para todas las atrocidades que ha llevado a cabo.

No solo se ha jugado la vida perpetrando semejantes vilezas, sino que ha arrastrado con él a otros nuevos miembros llevándolos a la muerte.

Según nuestras leyes, no puede seguir existiendo —terminó rotundo mientras tomaba asiento nuevamente.

—Estamos totalmente de acuerdo con el joven —pronunció el padre de la loba asesinada.

—Este vampiro ha roto todos los tratados de la peor manera posible, y como padres de las víctimas —dijo mirando a su mujer y al matrimonio que también había perdido un hijo— exigimos su muerte.

Charly y Vanessa se merecen justicia —finalizó sentándose nuevamente mirando con respeto a su alfa.

—Yo también quiero justicia. Este vampiro me ha arrebatado a mi mejor amigo y ha destrozado mi corazón —comenzó Sofía.

—Cuando vi a Alfonso en la morgue, mi corazón pidió a gritos lo mismo que los vuestros, quería su muerte…

, pero ahora que han pasado unos días y he podido meditar, pido clemencia para él.

Murmullos de enfado sonaron por la sala y el volumen fue subiendo hasta alcanzar un tono agresivo pidiendo la muerte de Frank.

Los licántropos se pusieron en pie enfrentándose a la joven y los vampiros hicieron lo mismo.

Sofía trataba de llamar su atención, cuando por el rabillo del ojo vio una sombra que rápidamente se acercaba a Frank y, tras arrancarle el corazón, el cuerpo sin vida se desplomaba en el suelo para posteriormente convertirse en polvo.

—¡¡¡Nooooo!!! —gritó aterrada al comprender que Ian se había tomado la justicia por su cuenta.

Los presentes enmudecieron al ver lo que el vampiro tenía en su mano. Sus ojos se desplazaban de la montaña de polvo que se había formado, al corazón sangrante que les mostraba el vampiro mirando desafiante a los presentes.

Todo había sucedido tan rápido que no podían asimilarlo. Los licántropos miraban con respeto al joven, pues lo que había hecho era lo que ellos estaban pidiendo, pero no la manera de llevarlo a cabo, desafiando a su alfa.

Los ojos verdes del chico recorrieron a los presentes y después dejó caer el corazón al suelo.

Laia se recompuso y rompió el silencio.

—Se han cumplido las leyes. Nuestros cachorros han sido vengados.

No dio opción a protestas ni manifestaciones de ningún tipo. Con un gesto ordenó que abandonasen la cabaña, siendo ella la primera en salir.

Poco después solo quedaban dos personas en el interior, Ian y Sofía. Ella lo miraba incrédula tratando de asimilar lo sucedido.

—¿Por qué lo has hecho? —le recriminó con los ojos llenos de furia.

—Porque era una amenaza para ti y no pienso permitir que nadie atente contra tu seguridad.

—Te odio —le lanzó mientras dos lágrimas corrían por sus mejillas.

—Lo superaré —respondió con serenidad acercándose a ella con cautela.

—No quiero volver a verte.

—Lo comprendo —dijo avanzando otro paso.

—No te acerques más.

—Me necesitas.

—No es verdad. Vete.

—Te necesito —dijo él—. Necesito tu luz para que absorba mi oscuridad.

Necesito que tus ojos azules llenos de chispas me miren y me acepten como soy.

Necesito tu cuerpo cálido y tu corazón latiendo junto a mi cuerpo frío y mi corazón sin vida.

Necesito tus labios junto a los míos para sentir que estoy vivo.

Ian se había aproximado tanto a ella que sus rostros compartían el aire que respiraban.

Sofía no podía hablar, no podía moverse, su cuerpo no respondía a su cerebro.

Alzó las manos y apoyó las palmas en el pecho del vampiro tratando de apartarlo, pero los labios de él atraparon los suyos y sintió que todo daba vueltas a su alrededor mientras permitía que los brazos de Ian la rodeasen y estrechase su cuerpo con fuerza.

La chica bebió de sus labios como si fuese el agua que saciaba su sed mientras su mente buscaba la fuerza suficiente para separarse de él. Poco a poco consiguió vencer al deseo que llenaba su cuerpo y se alejó.

—Necesito que te vayas, por favor —le rogó—. Déjame aquí con los licántropos. Estaré segura y podré aprender todo lo que respecta a mi esencia de lobo.

Ian la miró con los ojos velados por el dolor y salió de la cabaña. No podía dejarla, NO QUERÍA DEJARLA. Se acercó a los dos emisarios de Adara que habían permanecido en segundo plano desde que se encontraron y les hizo un gesto.

—Nos vamos.

Los tres salieron corriendo y se perdieron en la espesura del bosque.

En la cabaña, Sofía supo que Ian se había ido y sintió que se le partía el corazón.

El rostro de Alex expresaba dolor, pues inevitablemente había escuchado la conversación de los jóvenes al tener el sentido del oído tan desarrollado.

Desde que conoció a Sofía, supo que se enamoraría perdidamente de ella y así había sido.

En ocasiones pensaba que Sofía sentía lo mismo que él, pero otras veces…

deseaba dar una patada en el culo al guaperas de Ian y mandarle al otro extremo del mundo.

Todavía no comprendía que se hubiese largado sin más, sin luchar por la chica cuando estaba claro lo que sentía por ella.

Su madre se acercó e interrumpió sus pensamientos.

—Alex, Sofía te necesita —indicó señalando la cabaña en la que tan solo estaba la joven, la montaña de polvo y el corazón de Frank.

Cuando entró, ella levantó la cabeza y lo miró con tristeza. Él se acercó y la abrazó con ternura, susurrando palabras de consuelo y acariciando su cabello negro como la noche.

—Ven conmigo —le pidió más tarde.

—¿A dónde?

—Ya que estás aquí, te enseñaremos a ser una loba.

—Todavía faltan unos días para la luna llena —dijo alzando la mirada al cielo.

—Eres una loba haya luna o no. Tus sentidos se han desarrollado y pronto podrás convertirte sin necesidad de la luna.

—No quiero convertirme en loba —rebatió ella con tristeza. —No domino mi espíritu de licántropo y puedo dañar a alguien.

—Estás con los tuyos y somos una manada. Nos protegemos los unos a los otros.

—Pero yo no pertenezco a tu manada, recuerda que me mordió Martina y pertenece a La Luna Llena.

—Tu misma has dicho que cuando te transformas no compartes con ella pensamientos ni sentimientos. He de reconocer que no conozco un caso como el tuyo, aunque contigo todo es diferente —apuntilló con una sonrisa.

Sofía se sonrojó al verlo sonreír.

«¡Maldita sea!», pensó. «Ya estoy otra vez como una estúpida adolescente. ¿Qué demonios me pasa con estos chicos?», suspiró y le dijo.

—Está bien, acepto tu propuesta. Enséñame a ser una loba.

Alex la recompensó con una sonrisa tan grande que Sofía se volvió a sonrojar.

Gabriel voló hacia el bosque en el que vivían algunos miembros de la manada de Las Tres Lunas.

Llevaba varios días dándole vueltas a una idea que no le gustaba en absoluto y estaba convencido de que el primer paso para averiguar si tenía razón era acudir al lugar donde los dos jóvenes licántropos habían sido asesinados.

Cuando llegó se sorprendió al ver a su hija con la manada, pero lo que más le llamó la atención fue no encontrar a Ian con ellos. Pensaba preguntar lo que había sucedido cuando Laia se le acercó y tras saludarle le interrogó.

—¿A qué se debe tu visita?

—Estoy investigando todos los asesinatos cometidos en los últimos tiempos y quiero empezar por vuestros lobos.

—¿Quieres saludar a Sofía primero?

—Prefiero hacer mi trabajo y luego hablaré con ella.

Ella le miró pensativa sin decidirse a llevarle al lugar de los hechos, pues no sabía cómo reaccionaría al captar el olor de ángel.

«Total —pensó—, no tenemos nada que perder. Si lo detecta tendrá que hablar con el consejo y serán ellos los que solucionarán el problema».

—Te llevaré allí y espero una opinión sincera de lo que te encuentres. ¿Estás dispuesto a compartir tus impresiones sean las que sean?

—Detecto un tono de duda —aseguró él sorprendido. —¿Tan malo es lo que me voy a encontrar?

—Eso tendrás que decidirlo tu.

—Llévame allí y lo comprobaré.

Apenas llegaron al claro en el que Vanessa y Charly perdieron la vida, las cejas de Gabriel se alzaron expresando la sorpresa que sentía. Disimuladamente miró a su anfitriona tratando de averiguar sus pensamientos, pero esta permanecía serena sin transmitir ninguna opinión.

—Sé que eres la mejor rastreadora de los tuyos y que has olido lo mismo que yo.

Ella afirmó con un gesto.

—¿Quién más lo sabe?

—Mi hijo Alex. Es joven pero discreto. No dirá nada.

—Está bien.

—¿Sabes quién es?

—Lo sé… pero hay un olor que me confunde.