CAPÍTULO 25 #2
—Sofía, ahora estás destrozada y no puedes tomar decisiones erróneas, tu vida está en juego.
—Alex, me da igual lo que pienses. Voy a salir en busca del asesino de Alfonso y me voy a vengar. Puedes venir conmigo o quedarte aquí, me da lo mismo.
—Al menos vamos a hablar con tus padres —le pidió sensatamente—, no puedes marcharte sin decirles nada. ¿Te gustaría que ellos te lo hiciesen a ti?
Los ojos negros de Alex la miraron con franqueza transmitiéndole un calor que su corazón necesitaba. Suspiró y asintió con la cabeza.
—Está bien, iremos a mi casa y después saldré en su busca.
—Te acompañaré —replicó sin dudarlo.
Carmela y Malcom escucharon anonadados la noticia de la muerte de Alfonso.
Adoraban al amigo de su hija, lo conocían desde la escuela infantil y había pasado horas en su casa jugando con Sofía.
Las vidas de ambos jóvenes se habían enlazado desde el día que se vieron por primera vez y sus caminos habían sido uno solo cuando decidieron estudiar Medicina.
Carmela abrazó con ternura a su pequeña mientras acariciaba su cabello negro como la noche.
—Mamá, tengo que irme —susurró en su oído temiendo su respuesta.
—Lo comprendo, cariño —respondió la madre apretando más el cuerpo de su hija.
—Sé que tienes que irte y buscar al culpable, y tengo miedo de lo que va a suceder.
No eres una asesina, pero me pregunto cómo vas a reaccionar cuando lo tengas delante.
—Se separó de ella y la miró a los ojos.
Sofía siempre había admirado los ojos color miel llenos de chispitas de luz, y ahora que sabía que era porque tenía sangre de ángel comprendía que era su luz interior.
—Tendremos que confiar en que haga lo correcto —afirmó su padre rodeando los hombros de la chica. —Alex —añadió mirando al licántropo—, cuida de ella.
Ian se encontraba en el bosque esperando con impaciencia la llegada de la noche. Se sentía estúpido dando paseos arriba y abajo mientras Sofía corría peligro en la ciudad.
Un ruido llamó su atención y se volvió rápidamente hacia el lugar del que procedía. Abrió asombrado los ojos al ver aparecer a la joven con el licántropo.
—¡Maldita sea! ¿Qué demonios estás haciendo aquí? —manifestó mirando a la chica. Y luego, dirigiéndose a Alex—: ¿En qué estabas pensando? ¿No te das cuenta del peligro que corre?
Sofía no contestó, simplemente se acercó hasta él y lo miró a los ojos. Ian no pudo evitarlo y nuevamente quedó atrapado por ella.
Alex frunció el ceño al ver como parecían entenderse sin decir palabra y carraspeó incómodo sacándoles del trance en el que la pareja se encontraba.
—Veo que los has encontrado —afirmó el licántropo olfateando el aire—, huele a vampiro que apesta.
Sofía olisqueó el aire y afirmó con la cabeza, acercándose al montón de ramas que Ian había colocado sobre los fugitivos para protegerles de la luz solar. Alzó una mano con intención de apartar una rama cuando Ian la detuvo sujetando su mano.
—Espera, si les da la luz del sol morirán. El consejo quiere juzgarles y estoy esperando a mis compañeros para que se los lleven.
—¿Qué van a hacer con ellos? —preguntó con rabia. —Se merecen la muerte. Asesinaron a Alfonso —afirmó ella con lágrimas en los ojos. —Era mi mejor amigo, mi hermano, y me lo han arrebatado. Era inocente y no sabía nada de lo que sucede. ¿Por qué lo hicieron?
—Querían hacerte daño —susurró Ian apenado al ver el sufrimiento de la chica.
—Entonces, soy la culpable de su muerte —sentenció rompiendo a llorar totalmente desconsolada.
Ian se acercó y la abrazó en silencio. No sabía qué palabras decir para calmar su dolor, tan solo podía estrecharla en sus brazos.
Alex los miraba en silencio, sintiendo que su corazón se rompía en pedazos, por el dolor de la joven y por su propio dolor al verla en brazos del vampiro.
Sofía fue recuperando la calma y se desprendió del abrazo del muchacho.
Miró a Alex y se sintió culpable por lo que acababa de suceder.
No comprendía lo que le sucedía con esos dos chicos.
Desde el instante en el que los conoció, sintió algo muy especial por cada uno de ellos.
Cuando estaba junto a Alex, sus mejillas se ruborizaban y se comportaba como una adolescente.
Era muy guapo, dulce, cálido, y la hacía sentir bien.
Pero luego aparecía Ian, tan silencioso, frío y hermoso, y la miraba con esos ojos verdes que le hacían perder la respiración.
Se alejó de ambos y se sentó en un tocón dirigiendo miradas al lugar en el que sabía que se encontraban los asesinos de Alfonso.
Desde que salió de la ciudad con Alex había evitado pensar en lo que haría, ocupando su mente en seguir el rastro de Ian.
Se sorprendió a sí misma rastreándolo como si lo hubiera hecho toda su vida.
El olor del chico inundaba su olfato y la guiaba indiscutiblemente hacia su destino.
El licántropo la dejaba guiarle y evaluaba la capacidad recién adquirida de la chica, sorprendiéndole con una destreza que solo tenían los licántropos más antiguos o mejor dotados.
La tarde fue cayendo y los tres jóvenes esperaban impacientes la llegada de la noche.
Apenas cayeron las sombras, Sofía se acercó al improvisado refugio y retiró las ramas hasta descubrir a los dos vampiros.
Eran una chica y un chico y parecía que estaban dormidos.
Al verlos indefensos pensó que no era posible que hubiesen cometido la atrocidad de robarle a Alfonso, pero sabía que eso era lo que había sucedido.
Se removieron y volvieron a la vida. Lo primero que captaron sus ojos fue la presencia de tres personas, pero ambos miraron a Sofía cuando la reconocieron.
Frank se puso en pie desafiante y avanzó hacia ella.
Ian y Alex se pusieron al unísono junto a ella para protegerla.
Una risa burlona resonó en el bosque cuando Frank observó a los jóvenes.
—Parece que no eres el único que ha caído en sus redes —le espetó al vampiro.
Ian le soltó un puñetazo que lo lanzó por los aires hasta estrellarse contra un árbol.
—Puedes pegarme todo lo que quieras, pero estás jodido. Esa chica será tu perdición.
Melissa no se había levantado y miraba asustada lo que sucedía. No tenía que haber seguido a Frank y mucho menos al ángel traidor. No comprendía la actitud de Frank retando de esa manera a Ian.
—¡Cállate de una vez! —explotó disgustada. —¿Acaso no tienes cerebro? O ¿te da igual lo que te pase?
—La que no entiende nada eres tú. Yo ya estoy muerto. Ella me matará. —Señaló a Sofía que lo miraba con rabia apretando los puños. —La profecía se tiene que cumplir.
—La profecía no dice que la elegida te matará —respondió Alex retador acercándose a él. —Sin embargo, seguro que dice que te mataré para vengar la muerte de dos miembros de mi manada.
Ian se interpuso entre ambos y con voz calmada sentenció.
—Ninguno los matará —afirmó con rotundidad. —Mis compañeros tienen que estar a punto de llegar y los llevaran ante el consejo para que los juzguen.
—Iré con ellos —respondió Sofía. —Quiero estar presente cuando dictaminen el castigo.
Un poco más tarde aparecieron los vampiros que escoltarían a los desertores, los cuales se sorprendieron al encontrarse con un grupo tan variopinto. Saludaron a Ian interrogándolo con la mirada.
—No os preocupéis, todo está en orden. Escoltaréis a estos dos como os ordenó Adara, pero os acompañaremos también nosotros.
Los recién llegados se acercaron dubitativos al licántropo y asintieron con la cabeza, pero cuando le llegó el turno a la joven, miraron sorprendidos a Ian.
—¿Quién es? —preguntó uno de ellos.
—Y ¿qué es? —preguntó el otro. —Detecto varios olores que me desconciertan y no sé cómo catalogarla.
—Ella es Sofía, un híbrido de licántropo y vampiro. No hay nada más que decir —cortó Ian por lo sano.
Los recién llegados asintieron respetuosos ante el que un día sería su líder y no discutieron sus palabras a pesar de que sabían que algo más se escondía en el interior de la joven.
—Pongámonos en marcha y zanjemos el asunto de una vez —ordenó Ian empujando a los prisioneros.