Tres almas y una profecía CAPÍTULO 23 #2
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CAPÍTULO 23 #2

Ian telefoneó a Adara para explicarle lo que estaba sucediendo.

—¡Qué la has convertido en vampiro! —explotó la mujer anonadada. —¿En qué demonios estabas pensando? ¿Qué te pasa con esa chica? ¿Te ha sorbido el coco o qué?

—Adara —respondió el joven con serenidad—, acabo de explicarte que es un vampiro pero que realmente no lo es y ¿lo único que te preocupa es eso?

—El consejo se nos va a echar encima y no me hace ninguna gracia tener que darles la razón. ¿Dónde tienes la cabeza?

—Adara, unos vampiros la dejaron medio muerta y es la única salida que vi.

—No te engañes, Ian, pudiste conformarte con darle tu sangre para que se recuperase, pero decidiste convertirla porque te convenía. ¿Qué significa esta chica para ti?

—La convertí porque está en peligro constante y no voy a estar siempre junto a ella para protegerla y menos si decide escaparse —contestó evasivo—. Cuando llegué pensé que estaba muerta, apenas le quedaba un aliento de vida. Me asusté, pensé que la había… que la habíamos perdido.

—Está bien —accedió Adara con resignación. —Trataremos de averiguar qué es lo que sucede, mientras tanto no te separes de ella.

Apenas colgó, la vampira suspiró negando con la cabeza. «Ian, Ian, no sabes lo que acabas de hacer», pensaba. «La profecía va completándose y tú acabas de poner la última pieza. Espero que el consejo sea benevolente y comparta conmigo lo que el oráculo vaticinó».

Gabriel se había dirigido a la ciudadela blanca, la sede del consejo y buscó a Jonás en la biblioteca esperando encontrarlo allí. Efectivamente, el hombre estaba sentado ante una hermosa mesa de madera trabajada con delicadeza con dibujos y extraños símbolos angelicales.

—Jonás, te necesito. Han surgido complicaciones y me gustaría hablar contigo como guardián de los libros antes de comentarlo con el resto del consejo.

El enorme y elegante negro miró a su hermano y se percató de la zozobra que lo acompañaba. Se acercó y rodeó sus hombros con un fuerte brazo que podría partir en dos a cualquier persona.

—Gabriel, cuéntame lo que sucede y veremos qué podemos hacer.

El ángel relató los últimos acontecimientos en los que se había visto envuelta Sofía y Jonás no pudo evitar un gesto de incredulidad ante lo sucedido.

—Entonces, Sofía es un vampiro —afirmó asombrado.

—Te aseguro que, cuando el oráculo nos anticipó lo que sucedería, pensé que no sería posible, porque…

¿Cómo puede un frágil cuerpo humano acoger tan distintas y peligrosas especies?

Cuando apareciste con la pequeña Sofía en brazos, el día que nació, miré sus ojos y percibí una extraña luz que jamás vi en otro ángel.

Pero era tan diminuta y tierna que no imaginé lo que podría llegar a ser.

El teléfono de Jonás sonó y, sorprendido, vio que se trataba de Adara. Había estado con ella días atrás y no sabía qué querría contarle.

—Gabriel, es importante. Tengo que hablar con ella.

El ángel asintió con la cabeza y se apartó con discreción, pero al escuchar una exclamación de Jonás se acercó a él.

—Adara, estoy con Gabriel, ya sabes que es el padre de Sofía. Voy a poner el manos libres y nos explicas lo que acabas de contarnos.

Al finalizar la llamada, los dos ángeles se miraban incrédulos.

—¿No te diste cuenta de que su corazón latía? —preguntó Jonás sin terminar de creérselo.

—No, estaba muerta, te lo aseguro. Vi como el joven vampiro le partía el cuello.

No entendía nada, porque la había salvado la vida dos veces y jamás sospeché que quisiera hacerle daño, pero lo vi con mis propios ojos.

La llevé a casa y mientras velábamos su cuerpo, ella despertó y olvidé todo.

Mi hija estaba viva, Jonás y te aseguro que me da igual si es un vampiro, un licántropo o cualquier otra cosa. ¡Está viva!

El ángel miró comprensivo a Gabriel. Su hermano había transgredido todas las normas cuando se enamoró de una humana y engendró una hija, pero la vida le estaba pasando una factura tras otra desde el primer día.

Sabía de su sufrimiento de primera mano y de los terribles golpes que minaron su corazón.

—Gabriel, vamos a buscar algo que nos ayude en todos estos volúmenes —señaló Jonás con un dedo la enorme biblioteca. —No recuerdo haber leído o escuchado nada similar al caso de Sofía, pero si está aquí te aseguro que lo encontraremos.

—Gracias, Jonás, sabía que podía contar contigo.

—¿Sofía está protegida?

—En todo momento —aseguró. —Lo que sucede es que me engatusó para que la dejase a solas porque necesitaba espacio y fue directa a la trampa que le habían tendido. Eso no volverá a suceder. Están todos sobre aviso.

—Entonces no perdamos más tiempo y comencemos la búsqueda.

Fiona vio llegar a Gabriel al refugio del consejo, pero este pasó junto a ella tan rápido que no se dio cuenta de su presencia. La mujer sintió curiosidad por saber qué asunto le traía a su hogar.

«¿Qué habrá sucedido?», se preguntaba. «Algo importante para que vaya directamente a ver a Jonás sin pasar por la sala del consejo, aunque siempre tuvieron una relación especial ellos dos y Miranda. Tengo que averiguar qué ha ocurrido».

Sigilosa se acercó hasta la biblioteca y sus ojos reflejaron una gran sorpresa cuando escuchó las nuevas noticias. Se retiró discretamente y después salió volando en la oscuridad de la noche.

Durante horas Jonás y Gabriel leyeron un volumen tras otro, pero ninguno arrojó luz sobre la situación de Sofía.

Al amanecer, los ángeles recibieron una llamada de Laia, el alfa de la manada de las Tres Lunas. Solicitaba audiencia para hablar de un asunto de vital importancia en el que la elegida estaba involucrada.

Sin dudarlo, el consejo le abrió sus puertas, puesto que la mujer siempre había sido fiel a los ángeles y había seguido las normas establecidas.

Laia se presentó con dos de sus lugartenientes.

Según avanzaban hacia el salón del consejo, tanto ella como sus hombres observaban todo con atención, al mismo tiempo que olfateaban discretamente en busca de un olor específico que llevaban buscando desde el día en que dos de sus más jóvenes miembros de la manada fueron asesinados.

Miranda salió a recibirla con una sonrisa en los labios. Ambas mujeres se habían convertido en grandes amigas a lo largo de los años y la visita le alegraba mucho.

—Laia, qué placer verte de nuevo. No esperaba esta visita cuando apenas hace unos días que estuvimos juntas.

—Lo sé, también ha sido algo inesperado para mí. Hay nuevas noticias referentes a la elegida y debido a la importancia de estas he considerado que lo mejor sería comunicártelas en persona.

—Te lo agradecemos mucho, en especial ahora que están sucediendo cosas que nos están preocupando tanto. Seguimos pendientes de las desapariciones de vampiros y licántropos además de todo lo relacionado con Sofía.

»En cuanto a la muerte de los dos jóvenes de tu manada espero que hayáis dado con los culpables.

»Pero pasad, por favor, y contadnos lo que habéis venido a decir», indicó con la mano en dirección a un enorme salón.

Varios sofás confortables de cuero viejo se distribuían por la habitación colocados de tal manera que pequeños grupos pudiesen reunirse cómodamente.

Cerca de ellos había mesas de madera con botellas de licores y vasos de cristal tallados a mano.

Una moderna cafetera desentonaba con el resto del mobiliario, pero parecía ser el lugar favorito de los visitantes, pues varios ángeles se sentaban alrededor degustando tazas de café.

Miranda eligió una zona un poco apartada del resto y, con un gesto, invitó a los tres licántropos a tomar asiento. Gabriel y Jonás se acercaron poco después saludando cariñosamente al alfa de la manada.

Laia explicó la conversión de Sofía en vampiro y la asombrosa manera de reaccionar de su cuerpo.

—Os aseguro que ninguno de los miembros de mi manada jamás escuchó algo así, un vampiro que conserva su sangre caliente y un corazón que palpita. Hemos consultado los textos antiguos y hablado con los más ancianos, pero no hemos podido llegar a una conclusión que explique estos hechos.

—Nosotros también estamos investigando —añadió Jonás con amabilidad—, y he de admitir que tampoco podemos arrojar información que aclare la situación.

—Miranda, sé que te voy a pedir algo que quizás no puedas concederme, pero salvo los ángeles, nadie más conoce la profecía completa, solo tenemos pequeños retazos que nos han llegado de manera anónima.

Por ello, nos gustaría que nos facilitéis el resto de la información para ver, si de esta manera, podemos encontrar respuestas o lugares en los que buscar.

Miranda miró a sus hermanos interrogándoles con la mirada. La duda marcaba sus rostros, pero Gabriel rompió el silencio.

—A estas alturas no creo que suponga ningún problema —afirmó. —Alguien de nuestro entorno nos traicionó hace años, pero no hemos dado con el culpable.

—¿Pensáis que un ángel pudo ser el espía que extendió la noticia de la profecía? —interrogó Laia muy seria.

—No lo sabemos con exactitud —aclaró Jonás—, pero es cierto que tan solo unos pocos estuvimos presentes cuando el oráculo nos lo contó. Me entristece sospechar de uno de los nuestros, pero ¿qué otra explicación puede haber?

—¿Os habéis planteado que el mismo vidente fue el que lo hizo?

—No —afirmó categóricamente Gabriel. —El oráculo falleció en extrañas circunstancias el mismo día que nos contó la profecía.

—Entonces… puede haber un traidor entre vosotros—se atrevió a afirmar la loba.

Jonás miró a su alrededor y, con un gesto, formó una burbuja alrededor de ellos para aislarse del resto de los ángeles que se hallaban en el salón y que no pudiesen escuchar la conversación. Luego miró a Laia y asintió con un gesto de pesar.

—Os ayudaré con ese tema —afirmó la mujer—, pero me temo que no os van a gustar las noticias que os traemos.

—Te escuchamos —dijo Jonás con tono grave.

—Cuando nuestros jóvenes murieron, un ángel estuvo presente.

Los tres miembros del consejo soltaron una exclamación.

—¿Cómo es posible? —susurró Miranda totalmente apenada. —¿Estás segura?

—Por desgracia. Fui la primera en percibir su olor mezclado con el de vampiro.

Al principio no daba crédito a lo que mi olfato me decía, pero hice regresar a Alex, ya sabéis que es el mejor rastreador que tenemos y me confirmó mis sospechas.

Mis compañeros —señaló a los dos licántropos que la acompañaban— también dan fe de ello.

—¿Habéis encontrado al ángel? —se interesó Jonás.

Laia negó con un suspiro de frustración.

—No, pero estamos en ello. Ese es uno de los motivos por los que hemos venido a veros. Vosotros tres no sois, vuestro olor es diferente, pero los tres hemos encontrado su rastro aquí, en vuestro refugio.

—¿Quieres decir que el traidor está entre nosotros? —se enervó Gabriel poniéndose en pie. —¿Que mi hija está en peligro por uno de sus protectores?

—Me temo que sí. No solo eso, sino que orquestó o participó en la muerte de nuestros jóvenes.

Los rostros de los tres ángeles reflejaban incredulidad y dolor. Ellos eran seres de luz que sólo hacían el bien y luchaban por el equilibrio entre el mundo de los humanos y el resto de los seres. ¿Cómo era posible que alguno hubiese cruzado la línea y traicionado su esencia?

—Has dicho que habéis olfateado su aroma. ¿Sabéis quién es?

—No, aquí todo huele a ángel. Se superponen los olores de todos vosotros y hemos podido oler el del traidor mezclado con el del resto.

—¿Podríais averiguar quién es? —se interesó Jonás.

—Sería posible si nos acercásemos de uno en uno a cada ángel de los que habitan en este lugar, pero sería difícil hacerlo sin levantar sospechas.

Durante unos minutos todos permanecieron en silencio poniendo en la balanza los pros y los contras.

—Los míos todavía no saben esto, pero esperan que encontremos a los culpables y los llevemos a su presencia para juzgarlos y hacer justicia. No pienso defraudarlos.

—Los culpables serán castigados, pero si hay un ángel, seremos nosotros quienes le juzguemos —respondió Gabriel con un tono de voz que no dejaba ninguna duda.

—Lo comprendemos —respondió la loba—, pero una delegación de la manada estará presente.

Estaban todavía debatiendo sobre la manera de actuar cuando vieron acercarse a Samuel. Jonás dejó caer la protección con la que se habían rodeado y esperó hasta que llegó.

Miranda, Jonás y Gabriel miraron a la mujer para saber si el aroma de Samuel era el que estaban buscando y soltaron un suspiro de alivio cuando esta negó discretamente con la cabeza. Volvieron a alzar la protección y pusieron al día al recién llegado sobre lo que estaba sucediendo.

Poco después, los licántropos abandonaban el refugio y regresaban a su hogar.