Tres almas y una profecía CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

El ángel encapuchado se enfrentaba a Frank y Melissa.

—¿Me estás diciendo que la elegida sigue viva? —preguntó enfadado mirando a los jóvenes vampiros.

—Apareció Ian cuando estábamos a punto de terminar con ella y mató a nuestros compañeros.

—¿Por qué seguís con vida vosotros?

Los vampiros permanecieron en silencio sin atreverse a mirar al ángel.

—Habéis huido como cobardes abandonando a vuestros amigos —afirmó irónico mientras Frank y Melissa se encogían temerosos.

—Si os hubieseis quedado con ellos, lo habríais derrotado, pero optasteis por salir corriendo.

—Os equivocáis —se atrevió a responder Frank. —Ian es uno de los vampiros más antiguos y fuertes, es un pura sangre y para él, nosotros no somos más que una piedra en el camino. Si nos hubiésemos quedado, habríamos muerto también.

—¿Y para que me sirven dos vampiros jóvenes e inexpertos que no controlan su sed y no cumplen con su cometido?

—Es cierto que no podemos enfrentarnos a Ian, pero la chica es otro cantar. Ella es débil y tan solo tenemos que esperar a que se quede sola.

—Olvidas que ahora ella es un licántropo y que puede defenderse.

—No es eso lo que hizo anoche. Creo que su esencia de ángel le impide hacer daño a los demás. Ni siquiera lo intentó.

—Aunque tú eres un ángel, y mira lo que estás haciendo —le espetó Melissa con resentimiento. —Jamás imaginé que algo con esencia pura angelical pudiera ser tan cruel y despiadado.

El encapuchado se volvió hacia la joven y ella se encogió asustada.

—Cuidado con lo que dices, pequeña rebelde, o tu vida terminará de una manera lenta y dolorosa. Habéis aceptado un trato y no hay vuelta atrás. O termináis con la vida de Sofía o será vuestra vida.

—No comprendo por qué deseas su muerte. Es tan solo una chica que no ha hecho daño a nadie.

—No es solo una chica, es algo más y no permitiré que cambie el orden establecido desde el comienzo de nuestra existencia.

—Quizás ese oráculo de pacotilla lo que quiso fue asustaros —aventuró Frank.

—Tu no estuviste allí. Su rostro estaba demudado de terror por lo que había visto.

—Pero las visiones pueden alterarse con el paso del tiempo.

—No correré el riesgo. Sofía debe morir.