CAPÍTULO 20
El día de la muerte de los licántropos, un extraño grupo se reunía junto a los cadáveres.
—Os avisé de que no llamaseis la atención por ahora y lo primero que me encuentro es a dos lobos muertos y vosotros chupando su sangre como si no hubiera un mañana —recriminaba enfadado un ángel que envolvía su cuerpo con una capa cuya capucha cubría su rostro.
—Voy a tener que arrepentirme de haberos elegido para esta misión.
—Los culpables —señaló Frank, el vampiro que lideró el ataque a los miembros del consejo— hace poco tiempo que se han convertido y tienen mucho que aprender.
—Fuiste tu quien me los recomendó —dijo alzando un dedo y señalándole—, por lo tanto, eres el responsable de este desaguisado. A vosotros —señaló a los vampiros—, más os vale no equivocaros, porque no tendréis una segunda oportunidad.
—No te quejaste cuando atacamos al consejo —se envalentonó el chico. —Todo salió como tú querías.
—Todo, no —puntualizó el encapuchado. —Tenías que haber terminado con la vida de Carmela y no lo hiciste.
—El ángel llamado Gabriel fue rápido y fuerte, me pilló por sorpresa. Aun así ¿Qué interés tienes en matar a esa híbrida, mitad humana, mitad ángel?
—Es la madre adoptiva de la elegida y un importante pilar en su vida. Si se la arrebatamos sufrirá mucho y será más maleable a la hora de atraerla hacia mí.
—Comprendo —asintió pensativo. —Prefieres que siga viva y doblegarla para que acate tus órdenes.
—Así es. Ahora largaos antes de que el resto de la manada descubra los cuerpos...
Cuando los jóvenes vampiros desaparecieron entre los árboles, el encapuchado sonrió pensativo.
«Es el momento de encender la chispa que provoque la guerra», se dijo con una sonrisa maligna que nada tenía que ver con un ser angelical.
Frotó sus manos en el cuerpo de los licántropos que yacían desangrados junto a él y después extendió sus alas y salió volando hacia el cielo.
«Los lobos defenderán a sus cachorros con uñas y dientes y les dará igual que el enemigo sea un vampiro o un ángel.
Lo importante es que se derrame la primera gota de sangre, lo demás vendrá rodado y yo estaré allí para verlo.
»Por ahora todo va como había planeado. Ha sido fácil convencer a los vampiros y a los lobos de la manada Luna Llena, y más sencillo todavía, ocultar sus huellas al sacarlos volando desde donde estaban. Por muy buenos rastreadores que tengan, no pueden seguirlo por el aire.
»En cuanto a los lobos de la Manada de las Tres Lunas he de decir que me ha sorprendido su fidelidad hacia su alfa. Esa Laia sabe cómo llevar a su gente —razonaba el ángel—, y eso es lo que ha llevado a sus cachorros a la muerte. Si hubiesen venido conmigo esto no habría sucedido».