Tres almas y una profecía CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Gabriel, ajeno a lo sucedido, se encontraba hablando con el resto del consejo informándoles de la situación.

—La ciudad está llena de licántropos y vampiros, pero nadie mueve ficha porque desconocen la manera de detener la profecía o de volverla a su favor.

El oráculo no fue nada claro al respecto y eso está provocando confusión y nervios, muchos nervios.

Los vampiros que nos atacaron llevan varios días en la ciudad y he tenido que encargarme personalmente de sus víctimas.

Están dejando un reguero de sangre y como no les detengamos los van a descubrir.

Son torpes e insensatos y no parece preocuparles que los humanos sepan de su existencia.

—¿Han atacado a los humanos en plena ciudad? —se sorprendió Jonás. —Hacía siglos que no sucedía algo así. ¿Acaso Adara no sabe lo que está sucediendo? Es ella como su líder quien tiene que poner orden entre sus filas.

—Así es, pero de momento no la he visto.

También hay una loba que ya todos conocemos, Martina.

Esa mujer está más loca cada día. Atacó a Sofía y la ha convertido en licántropo y me temo que eso no ha sido suficiente para ella —afirmó Gabriel, que desconocía los eventos discurridos en las últimas horas de la noche.

—Jonás, necesito que vuelvas a visitar a Adara —pidió Samuel tras reflexionar unos minutos. —Si lo que cuenta Gabriel es cierto, hay que atajarlo inmediatamente.

—Valeria —pidió al ángel pelirrojo y ojos verdes esmeralda—, vuelve a la Laguna Negra y habla de nuevo con Harper de la manada de la Luna Llena.

—Samuel —interrumpió Fiona, el ángel del consejo que aparentaba cuarenta años. —Me gustaría ir a mí. Creo que el asunto es lo suficientemente importante como para que vayamos los miembros del consejo.

Los cinco ángeles más antiguos se miraron y asintieron con decisión.

Por desgracia, cuando el vidente predijo la llegada del elegido, también advirtió a los ángeles que deberían permanecer neutrales ante el conflicto si querían evitar un mal mayor.

Esto les hacía sentirse impotentes ya que desde que el mundo era mundo eran ellos los que habían mantenido la paz y el equilibrio en la tierra y aunque durante el embarazo de Cristina permanecieron junto a ella haciendo caso omiso de las palabras del oráculo, ahora no se atrevían a volver a llevarle la contraria después del triste final de la joven.

—Miranda, vuelve al Lago Sagrado y habla con Laia y tantea lo que está sucediendo allí.

Cuatro miembros del consejo volaron agitando elegantemente sus hermosas alas blancas, uno en dirección a Valle del Silencio para visitar a Adara, otro en dirección a la Laguna Negra para visitar a Harper, Miranda hacia el Lago Sagrado y Gabriel rumbo a la pequeña ciudad franqueada por un espeso bosque para acompañar a su hija.

Cuando Gabriel llegó a la ciudad, observó un movimiento inusitado de seres cerca de la casa de Sofía. Preocupado se dirigió hacia allí encontrándose con Carmela y Malcom muy alterados hablando con su hija, que estaba pálida y asustada.

Se acercó a ella y la abrazó con fuerza, mirando a sus padres les pidió con un gesto que le contasen.

—La loba que la mordió ha vuelto a atacarla y casi se sale con la suya —informó Malcom con voz grave. —Ian le ha salvado la vida, pero ha faltado poco.

—¡Esto tiene que acabar de una vez! —explotó Gabriel disgustado. —Ya he perdido al amor de mi vida y no pienso permitir que mi hija siga el mismo camino.

—Serénate, Gabriel —pidió Carmela. —Tenemos que averiguar quiénes de todos los seres que están por aquí quieren protegerla y, por el contrario, los que desean eliminarla. Hay una pregunta que me viene a la mente desde hace más de veinticinco años.

Sé que tan solo soy un híbrido, mitad ángel, mitad humano, pero ¿No os habéis preguntado cómo han conocido la profecía del oráculo todos estos seres si tan solo la escuchasteis los miembros del consejo y dos de los ángeles más antiguos?

Estoy casi segura de que ha habido una filtración y que el ser que asesinó a Cristina recibía órdenes de alguien que estaba cerca de vosotros.

Gabriel miró aterrado, ante la insinuación realizada, a la mujer a la que tanto debía.

Era imposible que un ángel traicionase a los suyos.

Todos eran seres de luz y odiaban la violencia.

Su misión era mantener la paz en la tierra.

Pero Carmela podía tener razón y no quería descartar esa posibilidad.

También el consejo se lo planteó cuando el ser del inframundo destrozó su vida, pero habían transcurrido veinticinco años y no habían descubierto nada.

Sofía había permanecido en silencio durante toda la conversación. Hablaban de ella como si no estuviese delante y varias preguntas rondaban por su cabeza.

—¿Por qué me da la sensación de que habláis como si todo girase a mi alrededor? ¿Qué es lo que hace que me ataque una loba y me protejan un lobo y un vampiro? —interrogó Sofía al escuchar hablar a sus padres. —¿Qué es el consejo? ¿Qué es la profecía? ¿Quién es el oráculo?

Carmela indicó con un gesto que subiesen a casa y se sentasen. Entre los tres fueron explicando a Sofía todo lo que sabían y las dudas que les corroían pensando que pudiese haber un traidor entre los ángeles.

Sofía escuchaba atentamente y negaba con la cabeza incrédula ante lo que estaba oyendo. Hacía poco sus padres le habían contado parte de la historia. Le conmovió la terrible muerte de su madre y sintió tristeza por su padre.

Le parecía una fábula la existencia de un consejo de ángeles, seres inmortales de luz que parecían gobernar el mundo con sabiduría y prudencia, pero le inquietó y aterró conocer la profecía del oráculo y la posibilidad de ser ella la elegida.

—¿La elegida para qué? —dijo frunciendo el ceño.

—El oráculo no fue muy preciso con eso —afirmó Gabriel—, pero lo que tenía claro es que de ti iba a depender el futuro del mundo.

—Eso es absurdo —respondió disgustada. —Solo soy una chica ¿Qué puedo hacer yo para cambiar las cosas?

—Eso es lo que tenemos que averiguar —afirmó Gabriel con firmeza.

—Mal que te pese, no eres una simple chica.

Por tu nacimiento llevas sangre de ángel y después del mordisco de la loba, sangre de licántropo.

Si el vidente acertó con la profecía —añadió mirando con temor a su hija—, todavía te falta la sangre de vampiro.

—¿Eso es posible? —le miró asustada. —¿Puede convivir la sangre de licántropo con la de vampiro?

—Jamás hemos conocido algo así desde que el mundo es mundo —respondió Gabriel apesadumbrado. —Por ello es tan importante lo que vaticinó el vidente. Hasta hoy, todo se ha cumplido.

Miró a Sofía y la preguntó.

—¿Confías en mí?

—Sí —afirmó ella sin duda alguna.

—Quédate aquí hasta que amanezca. La mayoría de los vampiros no pueden exponerse a la luz y solo pueden hacerte daño cuando cae la noche.

—¿No todos los vampiros son nocturnos? —preguntó al recordar a Ian la mañana que se despertó junto a ella cuando se transformó en loba.

—Los vampiros más antiguos son de sangre pura, no les convirtió nadie, nacieron siendo vampiros.

Se desarrollaron como humanos hasta alcanzar una edad y después sintieron la sed de sangre.

No todos se inician en el mismo momento de su vida, por ello los antiguos tienen diferentes aspectos y unos son más jóvenes que otros.

—¿Y lo de la plata? ¿Es verdad que los mata? ¿Y los ajos? — se interesó Sofía recordando las películas de vampiros.

—La plata mata a los que no son sangre pura, a los otros los hiere y debilita, pero no los destruye. Lo de los ajos solo produce mal aliento —bromeó Gabriel.

La chica suspiró aliviada pensando en Ian. Se quedó pensativa y preguntó.

—¿Qué mata a un vampiro antiguo?

—Es difícil contestar a esa pregunta. Las leyendas dicen que una estaca de un árbol que dejó de existir hace cientos de años clavada en el corazón les arrebataría la vida.

Otras cuentan que tan solo los dormiría hasta que alguien se la arrancase.

Pero lo cierto es que jamás hemos encontrado un árbol de esa especie, por lo que podemos considerar que son inmortales, salvo que…

—¿Qué? —estalló Sofía impaciente.

—Salvo que un licántropo les muerda.

—¿Tan fácil como eso? ¿Un mordisco de licántropo? —se sorprendió la joven.

—Para que haya un equilibrio tiene que haber una opción factible. Si no fuera así, los vampiros dominarían el mundo con su vida eterna inmortal y convirtiendo a humanos a su antojo.

—¿Y los licántropos?

—Ellos son diferentes. Son fuertes y rápidos, su sangre es caliente y su corazón late en el pecho.

Ellos están vivos y por ello pueden morir.

Para que la balanza se equilibre un poco, son longevos, no enferman y se reproducen como los humanos.

Y también están los licántropos puros, los que nacieron siéndolo.

Los más fuertes y antiguos. Su descendencia también es pura y ellos son los líderes de las manadas, los alfa, en términos animales.

Sofía, pensativa, se mordía el labio mientras asimilaba todo lo que su padre le estaba relatando. Si hace unos días hubiese escuchado esta historia, se habría burlado del que la contaba, pero ahora que conocía el mundo de las sombras y de la luz le parecía un asunto muy serio.

Gabriel se despidió de ellos y salió volando hacia el cielo en busca de respuestas.

—Tú y yo tenemos que hablar —señaló con un dedo Carmela a su hija. —De lo que hemos visto ahí fuera.

—¡No fastidies, mamá! —exclamó Sofía ruborizándose como una adolescente. —Ya soy mayorcita para hacer lo que quiera. Además, no ha pasado nada. Si no hubiese estado a punto de morir no habría sucedido…

Carmela carraspeó divertida interrumpiendo a la joven.

—No me refería a que estuvieses enroscada con ese guapísimo vampiro tan atractivo como letal, sino a qué va a ser de tu vida ahora.

Sofía la miró boquiabierta ante la descripción tan certera de Ian, pero después meditó sobre el final de la frase.

«¿Qué va a ser de mi vida ahora?», pensó dejándose caer en el sofá. «¿Qué voy a hacer con mi vida?».

—Tu padre y yo creemos que debes regresar al hospital y volver al trabajo. Ha sido tu sueño desde niña y has luchado mucho por llegar allí.

—Ahora no puedo, no me siento capaz. Me da miedo que vean mi brazo curado, que me hagan preguntas, que me examinen…

—Sofía, eres mucho más fuerte y madura que todo esto —afirmó Malcom sentándose a su lado. —Somos conscientes de que tu vida ha dado un giro inesperado y tienes muchas cosas que asimilar, pero nos estás sorprendiendo cada día con las respuestas a cada situación.

—Así es —confirmó Carmela. —Cuando te contamos que no éramos tus padres biológicos temimos tu reacción, podías haberte enfadado con nosotros, incluso comprenderíamos que nos odiases por no decirte la verdad.

Pero siempre has tenido un lado puro y de bondad al ser un ángel y has conseguido que sea el aspecto predominante de tu carácter.

—¿Cómo podría odiaros? —respondió mirándolos a los ojos.

—Me habéis criado como si fuese vuestra hija en un hogar lleno de amor y de alegría.

Os habéis sacrificado por mí anteponiendo mi bienestar al vuestro viviendo entre humanos.

Habéis construido una familia de la nada cuando mi madre falleció.

Me habéis mecido en vuestros brazos de niña y sido mi remanso de paz en los momentos en los que lo necesité.

Os quiero y siempre seréis mis padres, junto con Gabriel y Cristina.

Soy afortunada de tener cuatro padres que me quieren.

—Entonces acepta nuestro consejo, cariño —pidió Malcom. —Sabes que siempre queremos lo mejor para ti y volver a tu vida antigua te ayudará a enfrentarte a lo que está sucediendo.