CAPÍTULO 16 #2
—Ni se te ocurra desaparecer. Te necesito. Os necesito—añadió mirando a Malcom y Carmela.
Al llegar abajo el licántropo la estaba esperando ajeno a las novedades del día, al contrario que el vampiro, que desde la azotea del edificio de enfrente se había enterado de todo.
«Bien por ti», pensó Ian mirando a Gabriel desde las alturas. «Así que eres el padre. Un ángel del consejo que rompió las normas por amor».
Luego se desplazó hacia el bosque siguiendo a la pareja. Una especie de tregua se había establecido entre los dos chicos para mantener segura a la elegida.
Nuevamente en el bosque Sofía se transformó, pero esta vez fue más rápido y menos doloroso.
Durante el proceso apareció una enorme loba marrón que trató de morderla, al mismo tiempo que dos vampiros salían entre las sombras. Frank y Melissa, los vampiros que atacaron al consejo, llegaban con ganas de pelea.
El enfrentamiento fue brutal. Alex se convirtió en cuestión de segundos y se abalanzó sobre la loba evitando que hiriese a Sofía.
Se mordían y arañaban con las zarpas provocándose profundas heridas que les hacía aullar de dolor.
Ian se dejó caer desde el árbol en el que se había encaramado y plantó cara a los vampiros.
Eran más jóvenes que él, pero rechazaban al consejo de ángeles y a su líder.
Con un rápido movimiento Ian se situó detrás de Melissa, la joven mulata que le miraba rabiosa y con un gesto la partió el cuello dejándola caer al suelo.
Frank miró el cuerpo desmadejado de su amiga y se lanzó furioso sobre Ian, que esquivó el envite con agilidad y lo golpeó en las corvas haciéndolo caer.
Puso un pie sobre su cuello y sin pensarlo dos veces se lo partió como a la chica.
Sabía que pronto se recuperarían, pues al ser vampiros un cuello roto no era una sentencia de muerte, pero así disponía del tiempo necesario para encontrar a la loba blanca que había salido corriendo mientras el resto se quedaba luchando.
Miró a los lobos que seguían enzarzados en una violenta pelea y salió corriendo a una velocidad vertiginosa mientras escuchaba los sonidos del bosque.
Unos jadeos no muy lejos de allí le avisaron de la presencia de Sofía, que se desplazaba rápidamente sin el control del lobo negro.
Casi había llegado a la ciudad cuando se frenó en seco y volvió la cabeza hacia un árbol.
Ian vio a una pareja que se besaba apasionada ajena a la presencia de los licántropos y vampiros.
La loba blanca se preparó para atacar cuando unos brazos de hierro la abrazaron con fuerza cortándole el aire que llegaba a los pulmones.
—Sofía, relájate. No quiero hacerte daño.
Ella intentó volverse contra él, pero los brazos de Ian no se lo permitieron.
—Si no te estás quieta, tendré que obligarte —susurró a la chica. Pero ella seguía luchando por su libertad.
Ian apretó un poco más y notó como el cuerpo de la loba se deslizaba inerte hacia el suelo. Cargó con ella y nuevamente salió corriendo, mientras la pareja seguía besándose, ignorando que sus vidas habían corrido peligro.
Cuando amaneció, el cuerpo de la loba se transformó en la hermosa Sofía, que retrocedió sorprendida al encontrarse en los brazos del joven que había conocido el día anterior.
Se revolvió en el suelo tratando de desprenderse de él, pero el chico no aflojó el abrazo.
Sus rostros estaban tan próximos el uno del otro que compartían la respiración.
Sofía sintió que su ritmo cardiaco se aceleraba mientras sus ojos miraban los de él, tan verdes como esmeraldas.
Su mirada descendió hacia la nariz respingona y después a los labios.
Él sonrió al sentir como el cuerpo que abrazaba subía su temperatura un par de grados, pero ella no podía evitar mirarlo, algo en él la tenía hipnotizada.
Se armó de fuerzas y le preguntó azorada por Alex mientras cubría su desnudez con las manos.
—Tu amigo tenía un trabajillo que hacer y me ha encargado que te proteja.
—¿Tú también eres un licántropo? —se sorprendió.
—Por suerte no. Olería a chucho y marcaría el territorio —respondió risueño mirando el cuerpo desnudo de la joven. —Por cierto—dijo poniéndose en pie— te he traído esta ropa que dejaste escondida el otro día, aunque si te soy sincero, preferiría que no te la pusieras.
Sofía se sonrojó ante el examen visual al que el chico la estaba sometiendo y se levantó. Extendió una mano y cogió las prendas que le ofrecía.
—¿Sabes lo hermosa que eres? —le dijo acercándose peligrosamente a la joven.
Ella lo empujó con fuerza pillándolo por sorpresa. Ian lanzó una carcajada y la miró con una ceja levantada.
—Parece que la loba tiene ganas de pelea.
—La loba quiere vestirse y que dejes de mirarla de esa manera —se defendió ella. —Puedes largarte por donde has venido. Gracias por protegerme, pero ya no te necesito.
—¿Estás segura? Este bosque esconde seres a los que deberías temer siendo la elegida. Esta noche ha faltado poco para que te sucediera algo.
Ella frunció pensativa el ceño mientras se ponía los pantalones y la camiseta.
—¿Qué quieres decir? —preguntó al fin.
—¿Recuerdas a la loba loca que te mordió? —ella asintió con la cabeza. —Te estaba esperando y te atacó.
Sofía se miró el cuerpo en busca de heridas, pero no halló ninguna.
—Tranquila, tu guardaespaldas es el que está herido, aunque la bruja esa se estaba llevando la peor parte cuando me fui. De todas formas, no te preocupes por tu amigo. Esos dos tuvieron una historia de amor y eso nunca se olvida.
La chica se sorprendió con lo que le estaba contando, pues no esperaba que Alex hubiera tenido algo con la loba marrón.
—¿Qué son eso, celos? —insinuó sarcástico el joven.
—Basta ya. Me estás cansando con tus bobadas. ¡Me largo! —gritó enfadada mientras arrancaba a andar.
—Te acompaño.
—No es necesario, puedo apañármelas sola.
—Permíteme que lo dude. Como loba dejas mucho que desear. Si no llego a estar contigo te habrías zampado a una parejita que estaba disfrutando de la vida.
Sofía palideció al escuchar la última frase. Se giró y enfrentó la mirada del joven. Ian se sintió fatal cuando vio el dolor reflejado en sus ojos.
—Bueno, tampoco ha sido para tanto —añadió tratando de arreglar la metedura de pata.
—¿Cómo no va a ser para tanto? —estalló histérica. —¿Me estás diciendo que podría haber matado a dos personas y te lo tomas a risa? ¿De dónde demonios has salido y qué eres?
Ian inclinó el cabeza arrepentido y permaneció en silencio. ¿Qué más le daba a él lo que ella sintiese? No sabía por qué no soportaba verla así. Alzó las manos en un gesto de disculpa, pero ella lo ignoró y volvió a caminar tratando de alejarse de él.
El vampiro escuchó el leve roce de una rama y supo que el licántropo había regresado, lo saludó con un gesto de la cabeza y desapareció entre la espesura del bosque.
—Alex —se alegró Sofía mientras corría hacia él. —¿Estás bien? Me ha dicho que te habían herido.
El chico sonrió quitándole importancia mientras disimuladamente evaluaba a la chica. Soltó un suspiro de satisfacción cuando comprobó que se encontraba bien.
—No ha sido nada, cosas de lobos —informó tranquilamente.
—No es eso lo que me ha contado Ian.
—¿Acaso le vas a dar crédito a lo que diga un chupasangre?
—¿Un… chupasangre? —alucinó Sofía. —¿Te refieres a un vampiro? —dijo bajando la voz al susurrar la última palabra.
—Así es. ¿No te lo ha dicho?
Ella negó con la cabeza. Era demasiada información en poco tiempo y estaba agotada después de la transformación.
—Necesito regresar a casa, comer algo, darme una ducha y dormir. Te aseguro que si pasa algo más voy a colapsar.