CAPÍTULO 12
Pasaron los días y los embajadores de los ángeles regresaron de los distintos puntos geográficos a los que habían acudido para hablar con los líderes de las ramas de los seres más importantes del mundo.
Miranda llegaba con una sonrisa después de mantener una conversación con Laia, la loba alfa de la manada Tres Lunas. Extendió una mano hacia Samuel, presidente del consejo de ancianos, y le dio una misiva sellada con lacre rojo.
El ángel la tomó en sus manos y la leyó con atención.
«Estimado consejo de ancianos, tras mantener varias conversaciones con Miranda, he de informarles que la noticia me ha sorprendido negativamente.
La manada Tres Lunas siempre se ha mantenido fiel a las normas estipuladas en el tratado que firmamos cientos de años atrás y jamás provocaríamos una guerra que tendría terribles consecuencias para todos nosotros.
»No negaré que llevamos tiempo escuchando rumores sobre la llegada del elegido y que estamos alerta ante la noticia, pues como bien sabéis, la profecía habla de la posible destrucción de la humanidad.
»Mi hijo Alex se ha desplazado a una ciudad situada en un valle rodeado de un espeso bosque.
»Ya conocéis el don con el que nació y por ello su instinto le ha llevado a ese lugar.
»Me ha informado de que otros seres inmortales están ocupando la ciudad a la espera del despertar, pero desde hace varios días no ha vuelto a contactar conmigo.
»Lamento mucho el ataque realizado por los vampiros y nos congratula saber que todos os encontráis bien.
»Contad con nuestra lealtad y apoyo si fuera necesario.
Laia»
La carta pasó de mano en mano por todos los miembros del consejo y cuando terminaron asintieron con satisfacción.
—Alex es un buen chico —expresó Samuel en voz alta—, será un perfecto sucesor de su madre. Ha demostrado que su instinto es certero, pues ha llegado al destino exacto donde ocultábamos a Sofía, pero me preocupa la llegada de los demás.
—¿Qué haremos entonces? —interrogó Jonás inquieto. —Un lobo ha mordido a Sofía y no lo hemos sabido hasta que han venido Carmela y Malcom. Tenemos que estar allí para protegerla.
—Sabes perfectamente que tenemos que mantenernos al margen de esta lucha. Serán los vampiros y los licántropos quienes inclinen la balanza hacia un lado o hacia el otro.
—Será Sofía la que decida el destino de todos —intervino Gabriel con el hermoso rostro marcado con decisión.
—Es mi hija y no permitiré que esté sola en estos momentos.
Durante veinticinco años he acatado las normas del consejo y me he mantenido alejado de ella, pero ahora me convertiré en su guardián y protegeré su vida con la mía si es necesario.
Desafió a los miembros del consejo y a Carmela y Malcom, que le miraban con los ojos llenos de compasión sabiendo el enorme sacrificio que había realizado manteniendo la distancia con su hija.
Cuando les propusieron ejercer de padres de la pequeña bebé sonrosada aceptaron con alegría y pronto les arrebató el corazón, pero siempre supieron del dolor y el sufrimiento de Gabriel, el auténtico padre de la criatura.
Por ello aceptaron la decisión de Gabriel de cuidar de Sofía.
El hombre extendió sus alas y abandonó el refugio volando hacia la pequeña ciudad en la que había conocido a Cristina, la humana a la que había amado hasta la muerte.
La ciudad que conoció su historia de amor y de dolor.
La ciudad en la que el fruto de su unión había crecido pensando que sus verdaderos padres eran Carmela y Malcom.