Tres almas y una profecía CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

Carmela y Malcom llegaron a su destino, una hermosa construcción similar a una gigantesca torre medieval de piedra con cientos de años de antigüedad, rematada por una hermosa cúpula acristalada con una vidriera multicolor.

Allí fueron recibidos por un grupo de ocho personas sentadas ante una enorme mesa redonda que, tras saludarlos efusivamente, los bombardearon a preguntas.

—Entonces, ¿ha despertado? —preguntó un anciano de pelo blanco y tupidas cejas que protegían unos ojos que despedían bondad.

—Así es, Samuel. Como predijiste, varios hechos impactantes han sido el detonante.

—Ha tardado mucho en salir de su letargo —insinuó una mujer de unos cuarenta años cuyos ojos transmitían sabiduría.

—Nunca es demasiado tarde para nosotros, Fiona —respondió Carmela con pesar. —Es nuestra pequeña y ahora tendrá que recorrer su propio camino y no sé qué le deparará el destino.

—Ya conoces la profecía —aseveró la mujer mirando a Carmela. —Llegará un ser tocado por los dioses, los licántropos y los vampiros. Un ser cuya alma se inclinará hacia la luz o la oscuridad. En sus manos estará el futuro de la humanidad.

—Eso es lo que nos tiene preocupados, —respondió la mujer— un lobo le ha mordido y no sabemos si le ha marcado.

—Entonces la profecía ha comenzado a cumplirse—afirmó la tal Fiona. —O, mejor dicho, comenzó el día de su nacimiento.

—¿Sabéis al menos a qué manada pertenecía el licántropo? —preguntó frunciendo el ceño un hombre negro grande de unos cuarenta años vestido todo de blanco.

—No lo sabemos todavía, Jonás —intervino Malcom. —Aunque sospecho que pueda ser la manada de la Luna Llena.

—¿Qué te hace sospechar eso? —se interesó Samuel.

—Coincidí en el hospital con un joven que decía haberla salvado —respondió Malcom.

—Cuando se presentó y me estrechó la mano vi un pequeño tatuaje con tres lunas y sentí una fuerza especial y mucho calor, eso me sorprendió bastante y sobre todo el hecho de que entrase en la habitación de nuestra hija.

Si realmente fue él quien la salvó, no creo que sea su manada la responsable.

Los Tres Lunas siempre han permanecido al margen y respetado las normas.

El atacante tiene que pertenecer a otra manada, la de la Luna Llena quizás.

—Vamos a enviar a varios seres de luz para que vigilen y la protejan —añadió Samuel. —Si las otras fuerzas han detectado su presencia correrá peligro.

—No creo que sea así —intervino un joven moreno con ojos negros cuyo rostro estaba marcado por la preocupación. Si creen en la profecía les interesa mantenerla con vida y atraerla a su terreno. Samuel, permite que vaya yo. Estoy deseando conocerla personalmente y ver cómo ha crecido.

—Gabriel, creo que debes permanecer al margen. Sabes que su existencia se debe a un error que cometiste y que iba contra las reglas. Eres el menos indicado para estar junto a ella.

—¿Quién mejor que yo para estar allí? —le contradijo. — Daría cada gota de mi sangre, cada año de existencia, cada latido de mi corazón inmortal, por saber que se encuentra a salvo.

—Insisto, Gabriel, permanecerás entre las sombras hasta que yo te diga lo contrario.

Cabizbajo, el joven se sometió al que sin duda era el líder del extraño grupo, aunque en su interior sentía un profundo dolor al no poder estar junto a Sofía.

—Samuel —intervino Malcom. —¿Cómo quieres que nos enfrentemos a esto? Quizás deberíamos hablar con ella y explicarle todo lo que está sucediendo y lo que está por venir.

—Por ahora guardad silencio y estad atentos a como se desarrollan los acontecimientos.

Si, como decís, acaba de despertar, hay que darle tiempo para que vaya asimilando todos los cambios.

También es importante que comprobéis si el mordisco ha tenido consecuencias.

Dentro de unos días habrá luna llena y os necesitará si sufre algún cambio.

Regresad lo antes posible y ante cualquier problema no dudéis en llamar.

Malcom y Carmela se pusieron en pie e inclinaron la cabeza en señal de respeto ante el anciano y la mujer de los ojos sabios. De repente, un estruendo resonó en el edificio en el que se hallaban reunidos y varios rugidos traspasaron los muros.

Todos los presentes se miraron sorprendidos y se alzaron de sus sillones.

—¡Salid ahora mismo de aquí! —ordenó Samuel al mismo tiempo que dos enormes alas blancas se extendían tras su espalda.

La enorme puerta de doble hoja se abrió de golpe permitiendo el paso a un grupo de jóvenes con actitud agresiva.

—Vaya, vaya, vaya —dijo un chico de unos veintisiete años que enseñaba unos colmillos afilados al sonreír. —Si tenemos aquí a la creme de la creme. Tú serás el famoso Samuel —señaló con el índice groseramente al anciano de cabello blanco.

Gabriel extendió sus alas e hizo ademán de atacar al joven vampiro, pero un autoritario gesto de Samuel lo detuvo.

—Veo que los vuestros han enviado a su guardería para luchar y que no habéis recibido la educación necesaria para dirigiros a nosotros.

—¿Quiénes sois vosotros? —se mofó una hermosa joven mulata con el cabello negro ensortijado, la piel oscura y los ojos negros. —Unos carcamales que se creen con derecho a dar órdenes a los demás.

—Muy bien dicho, Melissa —volvió a intervenir el primer vampiro.

—Ya es hora de que alguien os demuestre que sois historia y que nosotros somos el futuro —y con una cruel sonrisa, se lanzó a una impresionante velocidad sobre Carmela mordiéndola en el cuello, absorbiendo su sangre mientras el resto de los presentes desplegaba sus alas y se enfrentaba a los recién llegados.

Malcom acudió a ayudarla golpeando repetidamente al prepotente joven hasta conseguir que soltase a su presa y después, tomando en sus brazos el cuerpo desvanecido de su mujer, extendió unas enormes alas blancas y emprendió el vuelo hacia los altos techos donde un enorme rosetón policromado dejaba entrar la luz de la luna.

Se impulsó con fuerza sobre el cristal que se rompió en mil pedazos, los cuales cayeron al suelo produciendo heridas al grupo que luchaba abajo.

Los seres alados se defendían de los jóvenes evitando la violencia hasta que Samuel lanzó una orden y se elevó en el aire hacia el hueco que había abierto Malcom.

—Gabriel, coge al chico que ha mordido a Carmela, el resto, seguidme.

Poco después, en la enorme sala solo quedaban varios jóvenes sorprendidos por el giro de los acontecimientos.

—Se han llevado a Frank —gritó Melissa enfadada.

—Creo que eso no es nada comparado con la que nos va a caer si Adara se entera —maldijo una chica que apenas aparentaba los diecisiete años, con una melena rubia corta y los ojos castaños. —No tenía que haberos hecho caso.

— No seas estúpida y calla —le gritó Melissa al tiempo que le daba un empujón y salía de la sala. Los demás la siguieron cabizbajos pensando en las consecuencias que les traerían sus actos. —Os aviso a todos —volvió a gritar Melissa —, aquí no ha pasado nada, jamás hemos estado aquí.

—¿Y cómo vamos a explicar a Adara dónde está Frank? —preguntó un chico de unos veinte años, pelirrojo y con la cara llena de pecas.

—No vamos a explicar nada por la sencilla razón de que no hemos visto a Frank desde ayer, ¿Comprendido?

Todos asintieron con la cabeza y caminaron tras ella maldiciendo el momento en que se dejaron llevar por las ideas de Frank.

Lejos de allí, en un increíble edificio de un blanco inmaculado con unas torres góticas afiladas y decoradas con enredaderas de color rojo sangre, Samuel había aterrizado junto con el resto de los ángeles en un lugar secreto al que era imposible acceder sin autorización, puesto que la luz lo protegía.

Miró a Malcom con tristeza, pues el hombre lloraba sujetando en sus brazos a Carmela, la mujer con la que había convivido los últimos veinticinco años haciéndose pasar por matrimonio y de la que se había enamorado como un loco.

Malcolm y Carmela no eran ángeles puros, pues su sangre estaba mezclada con sangre de humanos, de la época en la que los ángeles transitaban por la tierra libremente y les permitían amar a los humanos, cientos de años atrás, antes de la prohibición.

Antes de que los hombres se revolviesen contra los ángeles.

A pesar de todo, durante todo este tiempo, los ángeles han velado por ellos entre las sombras, evitando peligros.

Y eso es lo que hacían ellos, velar por el ser más importante nacido en la tierra, Sofía, ofreciéndole todo el amor que sus padres no pudieron darle.

Y ahora Carmela se hallaba gravemente herida por culpa de un joven vampiro rebelde que despreciaba las normas establecidas desde que el mundo era mundo.

Los ángeles rodeaban a Frank esperando el veredicto de Samuel mientras el chico los miraba desafiante enseñando los colmillos.

—No sabes lo que has hecho —intervino Fiona. —Acabas de romper todos los tratados firmados por las tres ramas: ángeles, vampiros y licántropos.

—Una mierda de normas escritas por los más débiles y viejos, que evitan los conflictos porque son unos cobardes —escupió el joven con rabia.

—Nuestra generación es la que debe regir ahora este mundo y lo haremos como nos dé la gana.

Morderé a quien quiera y me beberé su sangre sin darle explicaciones a nadie.

Por cierto, la sangre de esa mujer es totalmente insípida comparada con la de los humanos.

Malcom se levantó y se abalanzó sobre el vampiro, pero Gabriel se interpuso entre ellos y golpeó al chico con ganas.

—Gabriel —ordenó Samuel—, lleva a este ignorante ante Adara y que ella le dé su castigo.

—¿Cómo sabes que pertenezco al clan de Adara? —se atrevió a preguntar.

—Hueles a ella —respondió haciendo un gesto a Gabriel, que se acercó muy cabreado al chaval.

— Si por mi fuese, estarías muerto. Lo que acabas de hacer no tiene perdón. Esa mujer es un alma pura y jamás le hizo daño a nadie, sino todo lo contrario. —Y golpeándole nuevamente lo dejó KO, se lo echó sobre los hombros y salió volando para cumplir su misión.

Los miembros del consejo se encontraban totalmente consternados por lo sucedido. La acción llevada a cabo por los vampiros jóvenes que habían actuado con total inconsciencia era un hecho sin precedentes. Apenas se les había ocurrido planificar el ataque y todo había sido caótico.

—¿Cómo está Carmela? —se interesó Samuel acercándose a la mujer que permanecía inconsciente.

—No abre los ojos—respondió Malcom abatido. —Ese crío es muy rápido y además no nos lo esperábamos.

—Deja que la ayude —pidió Samuel poniendo una mano sobre el hombro de Malcom, que se apartó haciéndole un hueco.

El anciano se agachó junto a ella y puso sus manos en su corazón. Una brillante luz salió de su cuerpo entrando en el de ella, que momentos después abría los ojos lentamente.

—Bienvenida —saludó Samuel con una sonrisa que marcaba arrugas alrededor de sus ojos. —Ha faltado poco para que nos dejases.

Carmela se incorporó mirando a su alrededor y se percató de que se hallaban en el refugio.

—¿Qué ha pasado? ¿Quiénes eran esos chicos? ¿Por qué nos han atacado?

—Llegan nuevos tiempos —respondió Fiona.

—Tiempos de incertidumbre y violencia. Los seres hemos detectado el despertar de Sofía y todos esperamos algo de ella, aunque no todos lo hacen de manera altruista.

Durante veinticinco años habéis estado bajo nuestra protección, pero ahora no será suficiente.

—Convocaré a los vampiros y los licántropos y trataré de llegar a un acuerdo con ellos —indicó Samuel. —¡Jonás! —llamó al hombre negro que vestía de blanco.

—Dime qué quieres que haga —se ofreció muy serio.

—Ve a visitar a Adara en el Valle del Silencio.

Gabriel ya estará con ella y con el insensato que nos atacó.

Ella controla a los vampiros y si hay alguno que se esté rebelando tiene que saberlo.

El ataque al que acabamos de enfrentarnos es inusitado y hay que castigar a los responsables.

Siempre os habéis llevado bien y la tengo por una mujer razonable.

Averigua sus intenciones y trata de acercar posturas.

—Así será —accedió respetuoso.

—Miranda —llamó a una hermosa joven que tan solo aparentaba veinte años, con el cabello rubio y los ojos azul verdosos.

—¿A dónde quieres que vaya? —preguntó solícita.

—Ve al Lago Sagrado y busca a la manada de las Tres Lunas y habla con Laia. Si Gabriel tiene razón y el joven del hospital ayudó a Sofía, no provocarán problemas.

—De acuerdo.

—Valeria —señaló a una muchacha con un precioso pelo rojo fuego rizado y los ojos verdes esmeralda.

—Tú te dirigirás a la Laguna Negra y buscarás a la manada de la Luna Llena.

Trata de averiguar si Harper, su líder, envió al lobo que mordió a Sofía o si actuó por su cuenta.

Esperemos no encontrarnos con un grave conflicto.

—Ya tenéis cada uno vuestras instrucciones —indicó Fiona mirando a los embajadores. —Id rápidos y tratad de averiguar las posturas de cada uno de ellos.

Jonás, Miranda y Valeria desplegaron sus alas blancas y se alzaron al cielo cada uno en una dirección.

Samuel y Fiona se miraron preocupados. Apenas habían pasado unos días desde que Sofía despertó y todo se estaba acelerando.